Winery, la principal cadena de vinotecas de la Argentina, perteneciente a la familia Chmea pidió finalmente ayer su concurso preventivo de acreedores. El mismo día que mandó un comunicando asegurando que mantiene las sucursales y las fuentes de trabajo, despidió a nueve trabajadores más, que se suman a los 45 de enero.

El primer conflicto se hizo publico en enero, cuando 130 empleados contratados en diciembre no cobraron sus salarios y realizaron protestas en diversas sucursales y en el depósito. Se sumó el despido de 45 trabajadores y más recientemente, el cierre de dos de sus 24 locales: en Santa Fe y Agüero, y en Figueroa Alcorta y Tagle. Hoy quedan 22 abiertos, aunque podrían seguir los cierres, ya que, por ejemplo, en la calle Reconquista tienen dos tiendas a menos de 80 metros de distancia.

Según el sector bodeguero, las deudas que acumula la familia Chmea rondan los $400 millones. Así lo confirmó en una reunión de la Corporación Vitivinícola Argentina, Walter Bressia, presidente de Bodegas Argentinas. Sostuvo que "Winery perjudicó a la industria del vino en $400 millones, además de deberle a los bancos $300 millones. Afectó a muchos proveedores, incluso a algunas pymes que ven muy afectada la economía de su empresa".

La propuesta que había realizado Jaime Chmea a las bodegas fue el pago del 50% de la deuda en cinco años, a partir de enero de 2019. Son muchos y variados los nombres de las bodegas afectadas: a Trapiche le deben $60 millones, a Norton $30 millones y a Trivento unos $40 millones. Ahora se conocerá cual será el plan de pagos que estará dentro del concurso.

Los Chmea al ver que se avecinaba el conflicto renunciaron en masa, desde Amelia Chmea, su vicepresidente; Jaime Chmea, su director suplente y Moises Chmea, su presidente. Los nuevos directivos de Winery, elegidos por la familia propietaria, son Sergio Adrián Scalabrini como presidente y Roberto Angel Martín, como director suplente.

.