La firma de lujo británica Burberry destruyó en el último año todos los productos que no logró vender. Y no lo hizo de cualquier forma: optó por quemarlos.

Ropa, accesorios y perfumes fueron destruidos con el fin de proteger la marca, según se desprende de su informe anual. El objetivo de la compañía fue el de impedir que sus diseños fuesen robados o vendidos a un precio inferior al que corresponde en el mercado negro. Según los datos de la firma, todos estos artículos estaban valorados en unos 32 millones de euros.

Según señala la empresa, la energía que se genera de esta quema es almacenada, por lo que el proceso no contamina. Burberry, además, ha reconocido que el pasado año el volumen de productos destruidos fue superior a lo habitual, dado que tuvieron que deshacerse de una gran cantidad de perfumes tras haber firmado un nuevo acuerdo con la marca estadounidense Coty.

Por este motivo, la firma británica se vio obligada a eliminar creaciones, en su mayoría fragancias, que tenían un valor total de 11,19 millones de euros.

Y es que, en los últimos años, recalcan desde la compañía, la marca aumentó sus esfuerzos por posicionarse como una de las principales insignias del mercado del lujo mundial, tratando de recuperar su exclusividad.