Tres ministros y una decena de gobernadores presentes fueron necesarios para que las horas consumidas en el Plenario de Comisiones del Senado le permitieran al Gobierno empezar a plasmar en el Congreso los acuerdos que había cerrado en la Casa Rosada. La presencia de los mandatarios provinciales fue central en el empujón de la nueva normativa en la Cámara alta, donde los gobernadores tienen injerencia directa sobre sus representantes. La reunión transcurrió tan cuidadosamente montada que hubo tiempo para una escena que tuvo como partícipe al senador Miguel Pichetto, presidente de bloque del PJ-FpV (¿con qué segmento del nombre se quedará a partir del 29 cuando jure Cristina Fernández?) para cambiar la fórmula de actualización de los haberes previsionales que puede ser peor que el cambio original. Al ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, le gustó.

Sin embargo, el peronismo encontró un punto de escozor: la reforma laboral. Pasaron 17 años de aquella frase convertida en un ícono de la soberbia y la deshonestidad y atribuida al entonces ministro de Trabajo, Alberto Flamarique, “para los senadores, yo tengo la Banelco”. Se estaba negociado la reforma laboral del gobierno de Fernando de la Rúa y el sindicalismo rechazaba el proyecto flexibilizador. Hugo Moyano entonces contó la frase de Flamarique. Otro Moyano, su hijo Pablo, encabeza ahora la movida del sindicalismo contra la reforma macrista. Y esta vez los legisladores peronistas se apuraron en frenar (valga el oxímoron) el tratamiento de la norma. El fantasma de la Banelco sigue pesando.

Mientras tanto, otros fantasmas desafían la posición política de los representantes del pueblo. Otra muerte en el sur, inequívoca de violencia, en el marco del desalojo de un territorio en Río Negro por parte de fuerzas de seguridad nacionales. Un balazo por la espalda tiene poco de enfrentamiento y mucho de exceso. Fue el sábado, un sábado que finalizaría con una frase de la taquillera diputada nacional Elisa Carrió, ya no mofándose del progresismo estúpido o comparando las frías aguas del río donde murió Santiago Maldonado con Walt Disney. Esta vez, ante un marino que contaba el pedido de su hijo de morir sin sufrir, contrapuso que ella hubiera pedido “arroz con champiñones” para que se sirva en su velorio. Pero esa es otra B .