La última semana fue pródiga en malas noticias para el Gobierno de Mauricio Macri, pero todas pueden englobarse en un eje: los otros dos poderes republicanos le avisaron con barullo que si pensaba en seguir disfrutando del hiperpresidencialismo, va a pagar un alto costo.

La Justicia ya le había pasado facturas la semana anterior cuando había volteado la conformación voluntarista del Tribunal que iba a juzgar las causas contra Cristina Fernández. Ahora, toda la arquitectura que había puesto en marcha y el show estético de la seguidilla de funcionarios y allegados kirchneristas enchalecados y encasquetados rodeados de fuerzas de seguridad, está por caerse.

La salida de prisión de Carlos Zannini y Luis D´Elía sucedió a la que disfrutó el ex vicepresidente Amado Boudou. Y la pregunta ahora es si los próximos en traspasar las puertas de prisión serán el ex ministro de Planificación Julio De Vido y el empresario Lázaro Báez. Lo de Baéz tiene un ingrediente más: el 5 de abril se cumplirán dos años desde que tiene prisión preventiva sin que la Justicia haya avanzado demasiado para justificar su permanencia tras las rejas.

El frente judicial que se abre para el macrismo es múltiple. Ya no se trata solamente del presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, pidiendo que desde las usinas de Cambiemos no "alimenten" a la diputada Elisa Carrió con expedientes y datos surgidos de las entrañas del poder para atacarlo. Tras el fallo de la dupla de camaristas Ballestero-Farah se resquebrajó la pátina de sumisión que había ganado a varios despachos federales. La excepción fueron los y las fiscales. Basta recordar solamente el dictamen de la fiscal Gabriela Boquin que descubrió una trama de perjuicio económico millonario para el Estado si se aceptaba un acuerdo propuesto por el Correo, casualmente, un pleito que tiene como una de las partes protagonistas a la familia Macri. Suena conocido.

Con unas semanas de demora, el Congreso empezó también a jugar su propia pulseada. Está claro que por ahora, al oficialismo le preocupa más el poder de obstrucción que puede tener el peronismo kirchnerista y sus aliados eventuales o permanentes para frenar leyes que la reunión peronista que proclamó que "Hay 2019". Cambiemos está convencido de que el 2019 que "hay" seguirá siendo color amarillo.

La decisión del bloque oficialista de mantener el megadecreto a pesar de que ya se está avanzando en la sanción parlamentaria de las normas que lo reemplazan fue el último episodio de pérdida de la inocencia. Las destempladas palabras del jefe del bloque del Frente para la Victoria, Agustín Rossi, - son una "porquería de oficialismo", les dijo- o la más templada reacción de la referente del Frente Renovador, Graciela Camaño, pronostican más fricciones.