Desde sus orígenes, la población de la Argentina se ha conformado por personas que han llegado desde distintos países y que se fueron adaptando con sus costumbres y su cultura a una población que, en principio, les resultaba ajena.

 

A nivel mundial, nuestro país ocupa el puesto 29 en cantidad de inmigrantes que viven en su territorio. Generalmente, la llegada al país se da por motivos laborales, según destaca un informe elaborado por el Congreso Internacional de Migraciones en septiembre de 2010.

Según datos del último Censo Nacional de 2010, la mayoría de los extranjeros que llegan al país están en edad de trabajar, rondan entre los 15 y los 64 años.

En cambio. el número de argentinos que residen en otros países no es tan significativo, alcanzando la cifra de 980.000. Mientras que España, Estados Unidos e Italia son los países que mayormente eligen nuestros compatriotas para emigrar.

Se estima que 232 millones de habitantes son migrantes en el mundo. Eso representa el 3,2 % de la población. La región que recibe más cantidad es Oceanía (20,7 %), seguida por América del Norte (14,9 %) y Europa (9,8 %).

Estados Unidos, a la cabeza

Estados Unidos recibió la mayor cantidad de inmigrantes en términos absolutos: casi 46 millones de personas. Le siguen Rusia con 11 millones, Alemania con 10 millones y Arabia Saudita con 9 millones.

En este contexto, sería propicio que la Argentina fortaleciera su camino de abrir los brazos ante estas corrientes foráneas. porque en la mayoría de los casos son personas que vienen a levantar al país. En estos casos, mejorando sus propias condiciones de vida, mejoran la de todos los demás.

Todos nos vemos beneficiados gracias al aporte que ellos hacen con su esfuerzo. Por ello, las ventajas de fomentar estos arribos están a la vista.

 

Abrir y no discriminar

Es momento de dejar atrás comentarios despectivos sobre los extranjeros recién llegados a nuestro país, que lamentablemente durante 2017 tuvieron eco a nivel político y jurídico, con la modificación Ley de Migraciones N° 25.871, por medio del Decreto 70 del mencionado año 

Este sentimiento crece si estamos frente a una crisis económica o a un supuesto aumento de la delincuencia. Siempre el culpable es el otro, el que recién llega, al que por ejemplo también se lo culpa de quitarles posibilidades de progreso a los argentinos.

Sin embargo, desde el propio Congreso Internacional de Migraciones se precisó que “la inserción laboral de los migrantes es complementaria y adicional a la de los nativos argentinos, no la sustituye ni desplaza”.

 

De cara al futuro, entonces, sería preciso hacer un análisis retrospectivo que nos permita reconocer la variedad de nuestras raíces para de esa forma admitir que lo dañino no pasa por los que recién llegan al país en busca de una mayor prosperidad.

En pleno siglo XXI, convivimos todos como ciudadanos argentinos, sin que nos sea posible distinguir claramente cuál es el origen de cada uno de nosotros. A esta altura, nuestra variedad de origen es un dato más en la pluricultural conformación del vasto y extenso territorio nacional.

Todos nos sentimos y somos argentinos. y esa identidad es la que debe prevalecer cuando necesitamos reencauzar nuestra política migratoria, buscando que escalemos en el listado de los países más elegidos para vivir y prosperar. . 

 

* Abogada especialista en Derecho Penal y Migratorio. Coautora del libro “Los inmigrantes y el progreso de la Argentina”, junto a Raúl Alberto Ricardes

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