Mientras revolvían distraídos la arena con el pie bajo el atardecer chic de José Ignacio, financistas y empresarios debatían ayer si Mauricio Macri no se había excedido un poco al desautorizar de modo tan lapidario al hasta hace poco todopoderoso presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger. La devaluación del Día de los Inocentes no agarró desprotegido a ninguno de los que se tomaron libre la semana de mayor vértigo financiero del año: antes de Nochebuena, además de meter en la valija para Punta un buen filtro solar, todos dolarizaron sus carteras al 100%. Tal como se consignó en esta columna el viernes pasado, el que jugó al límite para sacarle hasta la última gota de jugo a la supertasa en pesos fue Marcelo Mindlin, quien ordenó a todos sus directorios el salto a la moneda dura a pocas horas del brindis. Como decía la publicidad de cerveza: el que sabe, sabe.

La orden de mostrar coordinación entre la política monetaria y la fiscal, un reclamo del establishment que empezó el año con sordina y terminó a los gritos, la impartió Macri desde el mismo club de golf a orillas del Nahuel Huapi donde también descansan Mindlin y su hermano de la vida, Nicky Caputo. Pero lo que Marcos Peña quiso vestir como un gesto de autoridad se convirtió en un búmeran cuando, a las pocas horas, la divisa se disparó por encima de los $19. A la hora del atardecer esteño, después del nuevo récord de $19,46 y con los noticieros hablando de los desgraciados tomadores de los créditos UVA, ya estaba claro que la interminable conferencia de prensa no había sido una buena idea.

Combinada con razones estacionales, la memoria histórica de los paquetazos empujó la corrida. Si a ningún argentino lo tranquiliza ver hablar por TV a un ministro de Economía ¿qué podía esperarse de una conferencia donde hablaron cuatro distintos? Bien temprano, apenas Peña sentó a Sturzenegger con Nicolás Dujovne y Luis Caputo en la Casa Rosada, el humorista Rolo Villar los fulminó desde los amables micrófonos de Radio Mitre al compararlos con "los cuatro jinetes del Apocalipsis". El diputado y expresidente de la UIA José de Mendiguren, archienemigo de las tasas altas de Sturzenegger, apuntó al origen común de Dujovne, Caputo y Sturzenegger: la banca. "¿Por qué no dan directamente la conferencia desde Wall Street?", tuiteó.

De Mendiguren también destacó la ausencia de los ministros de Producción, de Agroindustria y de Trabajo en el "recalibrado" del plan económico que hizo Peña con el trío de exfinancistas. Más llamativa, sin embargo, resultó la ausencia del ministro de Energía, Juan José Aranguren. ¿No influyó acaso en que la inflación durante la gestión Cambiemos haya sido 23 puntos porcentuales superior a lo que se propusieron las autoridades?

El jefe de la cartera productiva, Francisco Cabrera, no podría haber sido de la partida ni aunque lo hubieran convocado. Es uno de los que voló a Punta días atrás, esta vez con cuidado de evitar los flashes de las revistas del corazón. Desde allá anunció ayer por correo electrónico la extensión del plan Ahora 12, que mantuvo el nombre pese a que ahora solo ofrece 3 o 6 cuotas sin interés. Un intento de sostener el consumo pese a la pérdida de poder adquisitivo que infligirá el reformismo permanente a jubilados y empleados estatales durante 2018.

La Mansa

Políticamente, el saldo para la interna oficial fue clarísimo. Sturzennegger salió muy debilitado y Caputo muy fortalecido después de ayer. El jefe de Finanzas impuso su idea de financiar el déficit tomando pesos directamente de prestamistas locales en vez de seguir tomando deuda en el exterior en dólares para luego cambiarlos por pesos que el Central se ve obligado a aspirar ofreciendo Lebacs. Durante el año que viene, ahora, además de una mayor inflación por la relajación de las metas, habrá tasas de interés algo más bajas y un dólar algo más caro. Razón suficiente para que el dueño de la hilandera TN Platex, Teddy Karagozian, otro que aterrizó ayer en las playas de Maldonado, vuelva a brindar el domingo por el éxito de Cambiemos.

Junto con Karagozian tomará aire todo un sector manufacturero castigado en simultáneo por el atraso cambiario, la apertura importadora y el altísimo costo de financiar capital de trabajo. ¿Alcanzará la devaluación para revertir la destrucción de empleos en la industria? Difícilmente. Incluso con la disparada de ayer, el dólar recién llegó a empatarle a la inflación del año. Ahora falta ver cuánto se traslada a precios en enero. Si no hay traspaso, quizá el subsecretario de Programación Macroeconómica, Luciano Cohan, pueda volver a cancherear como lo hizo el 12 de septiembre pasado en Twitter. La consultora Elypsis, que dirigía antes de asumir, no le augura lo mejor: midió un inquietante 2,6% de inflación para este diciembre.

El banquero Jorge Brito, ya instalado en su chacra esteña Mamá Ganso aunque prácticamente recluido y lejos de los VIPs que solía frecuentar con otros del elenco estable como Gustavo Weiss (Cámara de la Construcción), Juan Nápoli (Banco de Valores) o Cristiano Rattazzi (Fiat), es otro que celebró en voz baja el anuncio de ayer. No porque incida en la causa Ciccone, donde lo complicó el monotributista Alejandro Vandembroele, sino porque el cambio de política anticipa que los bancos locales volverán a ser los jugadores principales de un negocio que conocen al dedillo y que siempre les resultó muy rentable: prestarle al Estado. Lo probó el subidón de las acciones bancarias de ayer, que terminó prácticamente de borrar la sangría de u$s 2.000 millones que había sufrido desde octubre el valor bursátil del Macro por la indagatoria de su fundador.

Es un nuevo hito en la argentinización de la economía. Hasta ahora, la crema del negocio de financiar el déficit les había tocado exclusivamente a bancos de inversión extranjeros como el Deutsche y el JP Morgan, las dos entidades donde Caputo forjó su fama de infalible. ¿Acaso ahora perderán? Nada de eso. El ministro de Finanzas se encargó de aclarar que en 2018 hará falta tomar otros 30.000 millones de dólares de deuda para cerrar las cuentas. Hay lugar para todos.

La Brava

Los perdedores por la relajación de la meta anunciada ayer, ante todo, son los trabajadores de gremios que ya aceptaron aumentos por debajo del 11% para 2018, como los estatales cordobeses. O los que vayan a aceptar menos del 15%, el nuevo piso para el año. También quienes tenían pre-aprobados o ya recibieron créditos en UVA, con cuotas ajustadas por inflación. En el primer caso, porque los pesos que les prestan ya no les alcanzan para la vivienda que habían elegido. En el segundo, porque a fin del año que viene pagarán más de lo que preveían y porque el sueño de la inflación de un dígito (y por ende de la estabilización de esas cuotas) se les alejó un año, como la utopía a Eduardo Galeano.

Sturzenegger, quien siempre dijo que el peor impuesto es el inflacionario, se ocupó de aclarar anoche a sus amigos de la City que él no dio el brazo a torcer. "Que me torcieran el brazo habría sido que levanten el teléfono y bajen la tasa, como hacían antes. Acá lo que dijimos nosotros fue que teníamos una tasa acorde a la vieja meta, y que si querían una tasa más baja, tenían que bajar la meta ellos", les transmitió. El "ellos", huelga aclarar, se refiere a los tres funcionarios con los que compartió la conferencia de la Rosada.

"La meta siempre la fijó el Ejecutivo. La anterior la fijó (Alfonso) Prat-Gay", aclaró también Sturzenegger en su descargo privado ante los íntimos, después de encabezar una reunión de directorio donde le costó disimular la cara de fastidio. A los más cercanos, el banquero central incluso les reenvió un link del 12 de enero de 2016, donde su entonces adversario interno (hoy retirado) aclaraba que las metas no eran suyas "sino del presidente Macri". Todo un gesto de rebeldía frente al jefe que descansa en La Angostura. Sobre todo porque aquella meta de Prat-Gay era del 25% y la inflación de 2016 terminó en 41%.