Muy pocos profesionales tienen un esquema y espacio de trabajo tan previsible y estructurado como los docentes.  Los momentos de mayor trabajo, así como los tiempos de receso y descanso; las celebraciones y las vivencias que dejan huella se comparten con gran parte de la sociedad en cada ciclo lectivo.   La escuela termina así organizando la vida familiar y social.

Hoy; nos encontramos ante un escenario cargado de incertidumbre. A las expectativas acerca del nuevo grupo de alumnos y alumnas con el que compartiremos este 2021, los nuevos colegas por conocer , la nueva escuela a la que toque asistir.  A la ansiedad propia de todo inicio, a la que nuestra profesión nos ha acostumbrado; se suma la incertidumbre acerca del escenario que nos toque habitar en un tiempo de pandemia que tiñe momentos de alegría, esperanzas y expectativas con los tonos del miedo, la preocupación y la inseguridad.

El aislamiento social preventivo y obligatorio del 2020 ha sometido a instituciones educativas y docentes a revisarse y repensarse; casi en lo cotidiano.

Es por ello; que son múltiples los aspectos que los docentes tendremos que valorar y priorizar en este inicio escolar tan particular. Entre otros:

Reflexionar profundamente sobre los aprendizajes que queremos generar para dar frente a las genuinas necesidades de nuestro alumnado.  Poner en debate las prioridades a la hora de planificar nuestras clases.  Poner el foco en los “¿Para qué?”; de cada actividad que se diseñe; de cada recurso a utilizar, de cada propuesta que estemos pensando acercar a nuestros estudiantes.

Revisar el tipo de vínculos que tendremos que fomentar y sostener en favor del mayor bienestar posible en cada entorno de aprendizaje.  Para re descubrir hábitos y lenguajes propios de la convivencia escolar.

Planificar estratégicamente un escenario que aún desconocemos, pero al cual tenemos la posibilidad de crear y diseñar, en una única oportunidad de aprendizaje. En este sentido; no temer a las múltiples posibilidades, a las alternativas.  Animarnos a lo disruptivo. Favorecer nuestra capacidad de resiliencia y adaptabilidad entrenando un nuevo observador de la realidad que nos toque habitar.

Diseñar nuevos y múltiples entornos de aprendizaje para dar respuestas flexiblemente a un amplio abanico de realidades posibles. Ser más protagonistas que nunca de lo que sin duda vislumbramos hoy como un nuevo horizonte para la educación.  Focalizar en cada escenario escolar; cada comunidad educativa, cada institución, con nuevas miradas. Nuevas habilidades para escuchar comprometidamente y comunicar colectivamente.

No podemos volver a la escuela que dejamos; y es en este sentido que no alcanza con revisar estructuras, organización; recursos materiales; disponibilidad de espacios y tiempos. Se necesitan revisiones más profundas que involucren el bienestar de equipos directivos, docentes, estudiantes, y familias.  Pensar en   enfoques pedagógicos y estilos de aprendizaje más adecuados a necesidades y particularidades del hoy.

Es tiempo de explorar nuestro enseñar y animarnos a diseñar nuevos horizontes para la educación; en una única oportunidad de aprendizaje colectivo.

 

*coach educativa y asesora pedagógica