Marcelo Castillo (53) es arquitecto, pero eso no alcanzaría ni remotamente para definir su profesión. Desde hace más de 20 años aplica sus conocimientos para resolver crímenes de lesa humanidad a través de la identificación de centros clandestinos de detención (CCD) de la última dictadura. Actualmente Castillo es Coordinador del Área de la Unidad de Búsqueda del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Desde su oficina situada en la ex ESMA habló durante casi una hora sobre cómo se efectúa la tarea de recuperación de estos sitios y sobre la situación del organismo en el que trabaja.

¿Cómo es el proceso técnico de identificación del lugar donde funcionó un CCD?
—Lo principal en el trabajo de recuperación de CCD es la voz de los sobrevivientes. Si ellos hubiesen seguido el mandato de los represores de callarse y no hablar de lo que pasó adentro hubiese sido imposible ubicar los centros. Este es el puntapié inicial para poder llevar adelante un trabajo de recuperación de sitio. Hasta 2002 no se pudo ingresar a estos lugares. Ese año, con el gobierno de Aníbal Ibarra y la Dirección de Derechos Humanos de Gabriela Alegre, se generaron las condiciones para poder acceder después de más de 30 años a excavar el Club Atlético. Es la primera experiencia de recuperación de un sitio en la Ciudad de Buenos Aires y se da en paralelo con Mansión Seré, en y con El Pozo en Rosario. Esos son los tres primeros lugares que se empiezan a recuperar.

¿Es diferente el proceso de identificación según si es un lugar demolido o no?
—En el caso de los que fueron demolidos el tema es qué encontrás. En el caso de Campo de Mayo pudimos encontrar cimientos. El Campito fue demolido en 1979. En la primera etapa de excavación que llevamos adelante por orden judicial con el EAAF encontramos cimientos de instalaciones que permitieron documentar la dimensión física de esos planos testimoniales que había para poder hacer una reconstrucción de cómo era ese lugar. Eso no es un problema en lugares que aún siguen en pie con La Perla.

¿Siempre es un requisito la identificación de restos óseos para probar que haya funcionado ahí un CCD?
—No porque no todos los CCD fueron lugar de “destino final” como le decían ellos.

—¿Entonces para probar que hubo un CCD hay que dar algún otro paso si efectivamente no se identifican restos óseos?
—Son dos cosas que van separadas, o que en algunos casos van juntas. El Atlético, El Olimpo o El Pozo son construcciones edilicias donde no culmina la metodología de desaparición, sino que esta se daba por un vuelo o falso enfrentamiento. En Campo de Mayo o en La Perla trabajamos con un equipo mixto en el que todos sabemos que el testimonio es lo principal. Mixto en el sentido de que hay arquitectos, antropólogos, restauradores, arqueólogos, etc., todos trabajando conjuntamente.

—¿Hay algún caso en que se haya llegado a identificar CCD o restos humanos a través de documentos propios de las FFAA o de declaraciones de represores?
—En el caso de Campo de Mayo hay un testimonio de enero de 1984, una carta que le manda a [el escritor Ernesto] Sabato una persona que se identifica como Pepe que aporta información que se ha ido verificando. En otros casos en Tucumán llegó información sobre restos enterrados en una fosa común que habían sido retirados del lugar, cosa que verificamos que era cierta. O sea que sí llega información.

—Pero son casos excepcionales más bien.
—Son excepcionales, pero cuando llegan son muy precisos. Eso pasó en un momento histórico cercano de recuperación de los sitios, y aparece como una información que antes no aparecía. Es algo que el Estado debería haber hecho, o sea generar que los propios represores aporten información. Porque eso hubiera ayudado a resolver mucho más rápido muchas situaciones.

—¿Nunca se dio esta política del Estado de forzar a los represores a dar datos? ¿Ni siquiera durante la década pasada de recuperación de los espacios?
—No ha habido una política. Sí convocatorias a los conscriptos a los que les tocó hacer la colimba para aportar información. Hubo muchísima información muy valiosa que provino de ese lugar. Aún así el Estado podría generar políticas para convocar y eso no implicaría que los represores o sus cómplices dejen de tener responsabilidad. Pero no se llevó adelante en ningún momento. Por otra parte hubiera sido importante hacerla al principio del Estado de derecho, porque se pierde mucho tiempo. En todo se hizo un montón, sobre todo desde 2004, pero falta el doble en todo. Por ejemplo con Abuelas de Plaza de Mayo recuperamos 127 nietos, pero se calculan 500. En CCD nos falta más de la mitad por abrir e investigar.

—Hasta ahora se identificaron unos 300 CCD. ¿Cuántos creés que hay en total?
—Si se calcula en unidades físicas hay más de 600. Es decir, unidades militares o casas que fueron usadas como CCD o como casas de espionaje.

Al preguntársele cómo definiría su profesión, Castillo cita al filósofo francés Roland Barthes para afirmar que cuando se cruzan muchas disciplinas a la vez, como sucede en el EAAF, se está creando una disciplina nueva: “Creo que el éxito está en eso, en crear algo nuevo. Si una disciplina piensa que todo lo puede explicar desde un mismo lugar entonces se agota. En el EAAF eso no ha pasado, sino que pudimos enriquecernos en el entrecruzamiento de, por ejemplo, un arquitecto hablando con una genetista”.

—¿Lo que hace el EAAF es algo que no tiene antecedentes en otros países?
—En la forma y la dinámica que tiene no.

—¿Y en esta tarea más específica que decís de identificar el espacio físico para que un sobreviviente pueda identificar restos óseos cómo te formaste?
—Trabajando con los sobrevivientes. Yo aprendí con ellos a interpretar y a comprender. Tiene que ver con una sensibilidad que estará en uno de saber escuchar y generar la confianza en el otro. Yo siempre digo que es muy perverso el trabajo que yo hago porque para reconstruir información de lo que fue un CCD lo estás obligando al otro a que hable del peor momento de su vida. Así que uno tiene que generar un vínculo en corto plazo de confianza y respeto para llevar a delante ese trabajo. Imaginate que está una persona contándote cuando lo torturaron, lo violaron, le pegaron, mataron a su mejor amigo o mujer, y en el medio de eso vos estas trabajando y comprendiendo algo para poder documentar o construir un lugar de enterramiento en base a algo que dice.

Castillo se toma además un tiempo para hablar de cómo funciona el EAAF y de cómo ve la situación actual de esta ONG, en un contexto para los Derechos Humanos muy diferente al que había tres años atrás.

—¿El EAAF depende siempre de una orden judicial o de una institución o en algún caso también puede actuar de oficio?
—No, siempre somos peritos de la Justicia, entonces actuamos en el marco de alguna causa judicial. Siempre teniendo que cuenta que estamos del lado de los familiares. No queremos ser representantes de las Fuerzas Armadas. Pero nunca actuar solo en delitos de lesa humanidad. Te podés presentar y decir “me interesaría resolver tal cosa”, pero siempre debe ser en el marco de una causa judicial.

—El EAAF es una ONG sin fines de lucro. ¿Les interesaría obtener el reconocimiento del Estado?
—Trabajamos en vinculación al Estado y parte del presupuesto viene del Estado. La aspiración máxima es poder resolver los problemas, no tenemos una perspectiva de “hacer esto para que se nos reconozca”.

—Me refiero a funcionar más como un órgano oficial y no como una ONG.
—Nosotros siempre queremos tener una distancia crítica con el Estado. Por ejemplo pudimos hacer el trabajo de Malvinas [de identificación de restos de soldados desconocidos en el cementerio Darwin en las islas] con este Gobierno iniciado por el Gobierno anterior, y se trabajó respetuosamente como se trabajó con el Gobierno anterior. La idea es mantener autonomía y no ser absorbido ni quedar atrapado en una lógica de gobierno.

—¿Cuánto de la tarea del EAAF se ve afectada por quién ocupa la gestión del Estado?
—Bastante, porque hasta antes del gobierno kirchnerista no había presupuesto del Estado sino que el presupuesto venía solo por proyectos. Pero a partir de ese momento hay un fondo que viene del Estado. Pero, a su vez, no es solo una cuestión de presupuesto. Durante la gestión kirchnerista de pudo trabajar cuestiones que hasta ese momento no se había podido. Por ejemplo, una campaña para convocar familiares masivamente para dar muestras para la identificación. Cuando hay políticas de estado podés mejorar el trabajo. Eso por suerte no cambió, sino que toma otros matices. Tenés distintas dificultades con uno o con otro, por lo que lo importante es tener vínculo, porque es el Estado, pero no quedar atrapado en una gestión. Son casi 35 años. Si quedas atrapado dentro de una gestión no tenés continuidad. Lo que hay que hacer es articular.

Castillo dice que "con este Gobierno se puede dialogar". Pero rescata que también hay otras demandas que antes no aparecían, como "el trabajo en desapariciones actuales por casos de trata, que es una realidad nueva para nosotros". Y cita como ejemplo el caso de Marita Verón: "Por ahí ahora no estamos tan focalizados en Terrorismo de Estado, pero se pudo hacer lo de Malvinas, que venía de la gestión anterior pero se pudo concluir."

—¿Y en temas de terrorismo de Estado cómo es trabajar con una gestión que tiene un discurso en varios aspectos opuesto al de la gestión previa? Como por ejemplo en el tema de cuestionar el número de desaparecidos.
—Estamos trabajando en continuidad, no hay nada nuevo. No pasó nada nuevo como pasaba antes, cuando se generaban más herramientas. Capaz es cierto que antes se generaban nuevas herramientas porque antes no se habían generado. Una de las cosas principales que activa todo es la caída de las leyes de impunidad, porque la posibilidad de los juzgamientos encarrila todo para el lado que no se había recorrido antes durante los años de impunidad. Al estar liberado eso, las causas judiciales demandan investigación y nos demandan a nosotros trabajar con CCD y fosas comunes. Hoy se hace pero capaz es más difícil conseguir un presupuesto. Pero vos no te podés hacer el boludo con la Justicia. La Justicia dice “ordénese a tal llevar adelante y prestar servicio al EAAF en lo que solicite”. Y lo tenés que hacer.

—¿Cómo ves en lo macro la política hacia las Fuerzas Armadas del Gobierno?
—Creo que no tienen. Están trabajando para generar un Estado represivo.

—¿Y su discurso en Derechos Humanos?
—Me parece que el negacionismo no ayudó en ninguna parte del mundo. Como dicen los organismos de Derechos Humanos: cuando hay Justicia y se conoce la verdad podés hacer memoria. Pueden evitar que estos procesos se repitan. De hecho el negacionismo ha hecho que muchas de estas cosas se vuelvan a repetir. Hoy por suerte no estamos en una situación así, pero muchos otros países aún tienen este tipo de crímenes. Me parece que es sano poder seguir avanzando para construir una sociedad que no genere nuevamente un Estado represivo.