El último libro de José Natanson comienza con una cita de Hugo Moyano: “Macri entiende menos de política que yo de capar monos”. Al lado de la frase hay una foto del Presidente festejando alguno de sus triunfos electorales rodeado de globos amarillos con caritas felices. En ¿Por qué? La rápida agonía de la Argentina kirchnerista y la brutal eficacia de una nueva derecha, Natanson hace valer el peso de la foto a través de una receta simple, pero eficaz: el análisis por sobre la subestimación.

Hace meses que Natanson está condenado a que en cada nota que dé reaparezca la polémica que generó su definición de Cambiemos como una nueva derecha democrática. En esta entrevista con BAE Negocios, dice que algunas de las críticas que recibió lo hicieron pensar y profundizar su idea, pero que no cambia de opinión. Con las piernas arriba de un escritorio atestado de libros, papeles y diarios, el reconocido periodista también asegura que Cambiemos “tiene un proyecto de sucesión mucho más ordenado que el que tuvo el kirchnerismo” y hasta se mete en uno de los temas más importantes de la agenda parlamentaria, el debate sobre el aborto, que, considera, se da ahora “porque el Gobierno lo permite no porque el movimiento de mujeres hizo que fuera inevitable”.

–Una de las primeras definiciones de su último libro es que el macrismo es “producto de una serie de mutaciones que vienen ocurriendo hace décadas”, ¿cuáles son y cuándo comenzaron?
–Tienen que ver con procesos globales de la economía, de auge de las finanzas y de caída del empelo industrial que se desarrollan con más o menor intensidad en diferentes países del mundo. y con características más argentinas que tienen que ver con lo que pasó con el capitalismo en los últimos 30 ó 50 años. Hubo procesos de individuación de la sociedad, de avance del mercado, de achicamiento o de retracción del Estado en tareas que antes desempeñaba; de construcción de un imaginario cultural que gira en torno al éxito, a la acumulación y a la visibilidad de ese éxito, que empezaron con la dictadura, que continuaron con el menemismo y sobre las cuales se monta el macrismo.

–La característica del macrismo ¿lo hace un proyecto de largo plazo?
–Creo que en este momento el macrismo tiene todas las condiciones para establecer un ciclo político largo, como fue el alfonsinismo, el menemismo y el kirchnerismo. Después si se va a cumplir o no, hay que ver. Es cierto que es un proyecto de sucesión muy claro, porque reelige (Mauricio) Macri, reelige (María Eugenia) Vidal y reelige (Horacio) Rodríguez Larreta y para el 2023 tiene como alternativas a ellos dos y a (Marcos) Peña. Un proyecto de sucesión mucho más ordenado que el kirchnerismo.

–¿Macri tiene allanado el camino para la reelección?
–No lo sé. Lo que sí tiene un liderazgo, tiene candidatos, tiene el Estado, tiene crédito internacional para seguir tomando y tiene algo parecido a un programa. Cosas para mostrar tiene muy pocas. ¿Puede mostrar crecimiento? Más o menos; ¿puede mostrar mejoras sociales? Poquitas; ¿puede mostrar grandes transformaciones? Pocas, también. El sistema presidencialista siempre tiende a la reelección. Las condiciones están dadas y tiene enfrente a un peronismo astillado. No me animaría a decir sí tiene el camino allanado, diría que dadas las condiciones parecería que sí.

–¿Cómo impacta que los “hombres y mujeres comunes” que el Gobierno quiere mostrar que son tengan offshore o negocios con el Estado?
–El Gobierno logró instalar que un grupo político formado en su mayor parte por varones porteños de los sectores más altos de la sociedad, egresados muchos de ellos de universidades privadas, podía expresar y representar a la gente común. Hay una grieta en esa construcción de que son un gobierno de ricos para ricos. El descubrimiento de cuentas offshore ratifica esto. Pero mi impresión es que esto todavía no les quebró la legitimidad porque muchas veces para la sociedad y para la opinión pública, a partir de una construcción de los medios de comunicación, sobre todo en un contexto de protección al Gobierno, una offshore aparece como algo alejado y abstracto y un bolso repleto de dó- lares aparece como una realidad tangible y concreta.

–¿Por qué generó tanta controversia su definición del Gobierno como una nueva derecha democrática?
–Justamente yo digo que es nueva derecha porque es democrática, porque es posneoliberal y porque muestra una cara social. A los que son de derecha no les gusta que les digan que son de derecha y a los que son de izquierda no les gusta que les digan que es nueva. Todos los gobiernos tienen excesos autoritarios, (Raúl) Alfonsín, (Carlos) Menem y (Néstor y Cristina) Kirchner los tuvieron. Esto no quiere decir que todos los gobiernos sean iguales. Este gobierno tiene un lado muy oscuro que tiene que ver con la represión de la protesta social, el giro represivo de las fuerzas de seguridad y el uso arbitrario de la prisión preventiva, pero no podría decir que este gobierno rompió el régimen democrático.

–Tal vez la discusión pase por el concepto de democracia…
–Vos podés decir que la democracia es que todos coman, entonces no estamos en democracia; o que la democracia es que haya una sociedad igualitaria, solidaria y popular, tampoco lo estamos. Y no, para mí la democracia no es un programa de satisfacción universal ni es un determinado contenido ideoló- gico. Los liberales creen que el peor riesgo para la democracia es el populismo porque cancela las instituciones de la República y los progresistas decimos que el neoliberalismo es un riesgo para la democracia porque excluye a la gente, entonces genera necesidad de represión. Ahora, no está saldada esa discusión, entonces yo digo que la democracia es un conjunto de reglas que regula la forma de llegar al poder y el ejercicio de ese poder. Eso implica una serie de derechos a la libertad de prensa, de reunión, de asociación, de presentarse a elecciones sin proscripción… y yo creo que esos derechos están verificados.

–A la larga este Gobierno, al que usted mismo define como neoliberal, ¿representa un riesgo para la democracia?
–No, lo que trato es de poner los dos razonamientos en choque para demostrar que ninguno de los dos tiene la razón. Yo creo que el neoliberalismo hace que la democracia sea una peor democracia, lo que no necesariamente cancela la democracia.

–¿Cree que el macrismo ya está ganando la batalla cultural?
–Sí, pero en este sentido lo que hay que decir es que primero la perdió el kirchnerismo y fue cuando malentendió el resultado de 2011 y pensó que el 54 por ciento de los votos se iba a quedar para siempre. También perdió cuando pensó que la batalla cultural o la saturación retórica podían cubrir la dificultad para seguir mostrando avances concretos en materia económica y social. En algún momento dejó de entender que la hegemonía se construye con los otros, no con los que ya tenés. El macrismo vio eso, fue muy astuto.

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