El 23 de septiembre de 1939 murió Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, quien marcó un antes y un después en la historia del siglo XX. BAE Negocios dialogó con Mariano Plotkin, autor de Estimado Doctor Freud.

—¿Cuál es el impacto del psicoanálisis en la tierra de Freud?
—La experiencia del nazismo provocó por años (incluso después de su derrota) una declinación en el interés por el psicoanálisis en Alemania y Austria. No sólo se produjo un éxodo de psicoanalistas importantes (Freud entre ellos) sino que la complicidad de algunos de los que se quedaron con el régimen nazi complicó el restablecimiento de instituciones psicoanalíticas luego de la guerra. O sea, en las décadas en las que el psicoanálisis se expandía e institucionalizaba en otras partes del mundo (por ejemplo, en América latina), en Alemania y Austria entraba en una profunda crisis. Sin embargo, en años recientes ha habido un renacimiento del interés por el psicoanálisis en esas regiones habiéndose establecido incluso universidades especializadas en enseñarlo.

—¿Qué sucede en América latina?
—Habría que definir qué entendemos por América latina. Yo diría que el psicoanálisis está muy vigente en algunas ciudades de algunos países de América latina (definitivamente más en Buenos Aires y Río de Janeiro que en la ciudad de México, por poner un ejemplo). Y acotaría un poco más: el psicoanálisis está muy vigente entre los sectores medios urbanos de algunas ciudades de América latina, y tal vez menos de lo que creemos. Una encuesta reciente en el área metropolitana de Buenos Aires mostró que solamente el 14% de los encuestados respondió que comenzarían terapia psicológica (de cualquier tipo) en caso de sentir problemas psicológicos o espirituales (un 11% respondió que jamás recurría a ninguna forma de psicoterapia). Creo que es un tema del cual se habla mucho y se sabe realmente poco y requiere más investigación. Estamos en eso con un nuevo proyecto.

—Puntualmente en Argentina, ¿sigue siendo la terapia más elegida?
—El psicoanálisis tradicional, de cuatro veces por semana durante muchos años, tal como existía durante las décadas de 1960 y 1970 entre los sectores pudientes, es muy raro hoy en día. Existe un número importante de terapias que reconocen orientaciones más o menos psicoanalíticas y que coexisten (a veces armoniosamente, a veces no) con otras formas de gestionar el malestar que van desde las prácticas asociadas a la Nueva Era (yoga, reiki, el Arte de Vivir, etcétera), hasta otras más vinculadas con la magia y a distintas formas de religiosidad. Estudios recientes están mostrando que la supuesta "psicologización" de la sociedad porteña es menos profunda de lo que se pensaba. De todas formas, hay que reconocer que el psicoanálisis sigue estando en el sustrato de la mayoría de las psicoterapias practicadas en Buenos Aires, aun en el de aquellas que se definen en su oposición, como serían en muchos casos las de orientación conductista. Esto se debe a la enorme difusión que tuvo el psicoanálisis a partir los años 60 y 70, lo que generó una suerte de "inercia cultural". Otro motivo se debe al hecho de que la mayoría de los programas universitarios más importantes (el de la UBA, por ejemplo) de psicología limita su enseñanza casi con exclusividad al psicoanálisis. Esto provoca que los egresados de esas carreras tengan una formación fuertemente sesgada hacia el psicoanálisis. En algunas provincias esto no es así, y las carreras de psicología tienen una orientación totalmente diferente. Hay un error y es confundir Buenos Aires con el país y a la clase media de Buenos Aires con toda la sociedad.

–¿Por qué le parece que hay tantos términos psicoanalísticos atravesados en nuestra vida cotidiana?
—Por una variedad de motivos culturales, políticos y sociales. Durante las décadas del 60 y del 70 en particular, el psicoanálisis tuvo una enorme difusión como práctica terapéutica y como objeto cultural. Hoy en día su presencia como práctica terapéutica está en declinación frente a otros competidores, pero se mantiene su presencia como artefacto cultural, presencia que se manifiesta en el lenguaje popular. Creo que el psicoanálisis popularizado provee un lenguaje sintético que permite condensar sentidos, o, dicho más sencillamente, que permite decir de manera simple cosas complicadas. Esto lo hace atractivo. En Argentina, esto se nota con claridad porque este lenguaje ya estaba disponible desde décadas anteriores y su utilización continúa. Sin embargo, alcanza con visitar cualquier librería porteña para notar que el lugar prominente que los textos de psicoanálisis y psicología en general ocupaban hasta hace unos pocos años atrás ha sido desplazado por otros que remiten a otras formas de gestionar el malestar: autoayuda, neurociencias popularizadas, prácticas esotéricas.

—¿Qué piensa usted de Freud?
—Creo que fue una de las mentes más poderosas del siglo XX. Pensemos lo siguiente: el psicoanálisis fue creado por un médico relativamente marginal, que vivía en la capital de un imperio decadente, como una práctica terapéutica y como un método de investigación cuyo objeto (el inconsciente) sólo puede ser observado a partir de ese mismo método. No parece un comienzo demasiado promisorio. Sin embargo, en menos de dos décadas, el psicoanálisis era conocido y discutido en buena parte del mundo occidental.

—¿Los aportes de Freud siguen vigentes y cree que tendrán más valor en el futuro?
—Algunas de sus ideas sin duda perduran, aunque modificadas y adaptadas al tiempo presente. Recordemos que Freud estaba muy aferrado a un evolucionismo de tipo lamarckiano que permeaba todas sus teorías y que hoy resulta totalmente anacrónico. Considero que Freud, al igual que Marx, son dos de los pensadores que definieron buena parte de la concepción del mundo occidental del siglo XX.

—¿Por qué pensaron en escribir este libro?
—Porque el psicoanálisis, para bien o para mal, fue uno de los sistemas de creencias y pensamiento más importantes del siglo XX. Su historia es una historia transnacional de la que América latina ha sido excluida a pesar de que en países como Brasil, Perú y Argentina el conocimiento y la discusión de las ideas de Freud ocurrieron aun antes que en muchos países europeos.