“El germen está en otro libro ‘En mi nombre’, historias de identidad restituidas, cinco personas que nacieron en cautiverio o fueron robadas y apropiadas. Tomé testimonios, fue un trabajo hermoso, durísimo para mi. Escribía la historia a partir de sus testimonios y luego me volvía a reunir con ellos para corregir. Ellos se acordaban de más cosas, las incorporábamos, porque la memoria así funciona. Entregué ese libro, me quedé con la sensación que partir de ahí podía escribir la historia de todas las personas que habían recuperado, es más que era lo único que quería hacer. Pocos meses después empece a escribir esta novela”, dice a BAE Negocios la escritora Ángela Pradelli, quien tiene una voz dulce, suave, con la entonación en los lugares precisos, con gran humildad, todo lo que se ve reflejado en su novela.

-¿Este texto es ficción?
-Sí, en el sentido de que no tiene ningún testimonio. Ni de las abuelas que están ahí, ni de Emilia (la nena apropiada), ni de los apropiadores, pero sí me pasa que como todo esto pasó, es una de las partes más horribles de nuestra historia, ese borde de línea gruesa entre la ficción y lo que no lo es, se me iban corriendo”.

La escritora recuerda: “Me pasó algo muy raro. El hogar de niños Longchamps que aparece en la novela era ficción para mí, no sabía que existía. Chicos de una escuela hicieron un trabajo con algunos capítulos inéditos que les mande por mail porque aún no estaba terminado. Tuvieron una distinción con su trabajo y uno de los lugares que filmaron fue el hogar. La maestra me llamó para decirme que había logrado describirlo tal cual. El pasillo y la avioneta del jardín. Ese lugar yo inventé que había una avioneta, pero estaba ahí”.

-Los capítulos están divididos por lugares. ¿Por qué?
-Cuando hablé con mi editora me preguntó lo mismo y no tuve respuesta. Hace unos días me escribió un lector y me la dio. Puso: es muy acertado poner el nombre de los lugares, se hace un poco de justicia para esas historias donde secuestraban a los niños y no se sabían donde buscarlos y la novela señala de lugar en lugar. No encuentro una mejor explicación.

-¿Fue un desafío contar la historia desde la perspectiva de una nena de 5 años?
-Le pasaban más cosas de las que podía contar, su lenguaje era menor de lo que le estaba pasando. Cuando el lenguaje deja de hablar, habla el cuerpo; lo va expresar como pueda. El silencio que asume es una forma de resguardar ese pasado, si ella hablaba se iban a dar cuenta que algo había en ella, el día que hizo los dibujos se los sacaron. Ese silencio hizo que pudiera proteger esa historia. Hubo bebés separados al nacer, otros de meses y unos pocos robados a los cinco años, con una conciencia del pasado, por su puesto que la conciencia siempre esta como un sueño, el inconsciente guarda. Pero a los cinco años además del inconsciente está la conciencia, de los olores, las caricias, las canciones. Ese personaje tiene esa conciencia de si, pero no lo quise narrar en primera persona, además se me aniñaba, los climas eran muy duros para que los contara ella. Trabajé desde la perspectiva de ella, para acercarme a la niña lo más posible, a mirar a través de su mirada cada vez que se pudiera, escuchar a través de ella.

-Es una historia muy dura que no cae en los golpes bajos
-Era muy fácil caer. Escribir con coseguro porque es una historia estremecedora, pero elegí ir por otro lugar. No contando todo, dejando que el lector entre en ese espacio y lo complete, ese espacio para él . Es lo que yo creo que tiene que ser la literatura, algo que completa el lector y que el escritor tiene que confiar en ese lector. A mi también me gusta leer esos libros, no quiero me cuenten todo y terminar de escribirlo de alguna manera con la propia interpretación.

- Esta novela la están leyendo muchos adolescentes
-Creo que hay mucha gente que no tiene la menor idea de lo que pasó. Me encanta que lo lean los adolescentes, hay una generación de chicos que probablemente sepa poco de lo que pasó. Muchas de las cosas que pasan son porque tuvimos la dictara que tuvimos.

-¿Quién puso el título?
-Tenía otro, pero la editora me dijo que había pensando en tres posibilidades y una era La respiración violenta del mundo. Le digo que es divino el título y ella me respondió: ‘lo escribiste vos en uno de los últimos párrafos’.

-¿Cuando empezó a escribir?
-Cerca de los 30. Yo leía, y leo, todo desde literatura hasta el prospecto del medicamento. Encontraba en esos textos no literarios alguna historia que empezaba a narrar. Y así empecé a escribir donde y cuando podía, habían nacido mis hijos, cuando se dormían, cuando estaban tranquilos y eso con el tiempo fue la gloria, porque ahora puedo escribir en cualquier lugar, aunque esté en un bar con gente mirando partido el fútbol. La poesía la escribo a mano, el resto en la computadora, pero si no lo tengo cerca también escribo a mano. Una vez se me vino una idea y la escribí en el individual de papel del restaurante en el que estaba.

-¿Qué género le gusta más?
-Ninguno me parece más prestigioso que otro. No tengo una predilección, la poesía me parece que tiene un lugar superior, ni siquiera me parece que es un género literario. El contenido me lleva, pero a veces ni me lo planteo, escribo lo que quiero escribir, y después veo qué es, y tampoco me preocupa, soy muy libre en eso.

-¿Para qué sirve la literatura?
-Yo hablaría más de la escritura, incluso la periodística , la crónica , no es la literatura para mi un género superior a otro. Hay un prejuicio de pensar que la literatura está por encima, por eso siempre hablo de escritura. A mi me ayuda a comprender, hasta que no escribo algo no tomo la dimensión de lo que eso significa en el mundo.