La prestigiosa periodista Maru Ludueña decidió dar un paso hacia la ficción y habló con BAE Negocios.

—¿Qué te impulsó a escribir cuentos?
—Aunque demoré mucho mi salida del clóset en ficción, escribo desde muy chica. Escribí, como buena parte de la humanidad, poesía (amo, pero no me atrevo), también guiones. Con el tiempo, el género cuento se abrió camino de manera metódica. En el taller de Liliana Heker aprendí muchas herramientas, fue un eslabón crucial. Haber tenido cerca a esta “sabia de la tribu” —como suelo llamarla— fue crucial en la producción de mi primer libro de cuentos.

—¿Los fuiste escribiendo de a poco?
—Los cuentos de “El mundo no necesita más canciones” fueron escritos básicamente en un período de unos tres años. Algunos, cuando estaba embarazada y otros cuando mi hijo era muy chico, cuando como madre primeriza en la ciudad, pasaba mucho tiempo sola con él y aprovechaba cada minuto de su siesta. El resto fue corregir y corregir, la base de la escritura. En medio surgió la idea de hacer el libro de Laura. Cuando entrevisté a Estela de Carlotto para La Nación (que fue cuando empecé a pensar en ese proyecto) ya tenía un cuento, La canasta mágica, con un personaje que se llama Laura. La había nombrado pensando en ella, siempre me había conmovido mucho su historia. Pero entonces los cuentos quedaron ahí. Lo bueno es que cuando volví a agarrarlos había pasado tanto tiempo que me parecían ajenos. Un gran estado de ánimo para corregir, como dice Zadie Smith, leerte como si fueras otra persona

—Los vínculos familiares, las parejas, la violencia de género, los derechos humanos, son temas que también abordas como periodista, por qué los elegiste para los cuentos?
—Sí, son los temas que me interesan desde chica, si bien antes no lo tenía tan claro y los que abordé desde el periodismo. Empecé en revistas femeninas. Hacía muchas, muchas entrevistas a mujeres, a casi todas les preguntaba si eran feministas. El género es un tema sobre el que me sigo preguntando, en periodismo y en ficción. Muchas de las notas que escribí tienen que ver con las luchas de las mujeres: desde Abuelas de Plaza de Mayo hasta las Warmi, una organización de mujeres kollas en la puna. El tema de derechos humanos intuyo está arraigado a mi infancia en dictadura.

—¿De donde surgió el título?
—Es una frase de Bob Dylan, parte de una entrevista donde habla de escritura y creatividad, de Madonna y de Shakespeare. Dylan dice “El mundo no necesita más canciones”, si nadie escribiera más canciones, a nadie le importa. Salvo que alguien venga con el corazón puro y podría cambiarlo todo. Le encuentro diversas resonancias a esa afirmación, incluso con los personajes del libro. Muchas personas —dice Dylan— escriben canciones sobre cómo la sociedad los ha rechazado, todos guardamos una gran canción. Apenas leí la frase, quise que el libro se llamara así. Le propuse a Mauricio Koch, el editor, que ya había leído los cuentos, y de entrada estuvo de acuerdo. El otro día estaba leyendo Maestros de la escritura (de Liliana Villanueva, Godot) y Abelardo Castillo dice que se escribe porque la felicidad no existe. También: “todos contenemos un gran libro, de alguna manera. Lo que casi nadie tiene es la sinceridad y la forma que haría falta para escribirlo”.

—Lo que relatas son cosas que te pasaron, te contaron o son ficción?
—Son ficción, nada de lo que se cuenta ahí sucedió así, de ese modo, más que en la imaginación. En toda escritura supongo hay una subjetividad de las ideas y de la experiencia interior. Las historias de los personajes salen de algún lugar, no sé si del patio trasero de mi mente, donde se acumula una cantidad de información residual de toda índole. A veces la memoria rescata algo que escuché o leí o incluso una sensación que experimenté, situaciones, personas que conocí. Pero la imaginación hace el trabajo poderoso. Y esa me parece justamente la parte más divertida: la posibilidad de otras resoluciones, otras vidas, de poner y sacar de aquí y allá hasta inventar un mundo. Algunos cuentos empezaron con cosas que me contaron, pero luego tomaron otro curso, el del relato y su propia lógica. Me resulta un misterio alucinante el modo en que se tejen memoria e imaginación.

—Sos una periodista de gran trayectoria este pase a la literatura, ¿es temporal o tenes más libros en mente?
—Me he dedicado al periodismo como oficio, pero quizás me siento ante todo una persona con una enorme necesidad de expresarse. En mis 20 intenté pintar–la tapa del libro es de Ariel Mlynarzewicz, un artista que admiro y con quien estudié. También estudié mucho teatro (hice, entre otras cosas, una obra en Buenos Aires no duerme allá por los 90). Y siempre escribí, siempre estoy escribiendo. La escritura es mi compañía, un modo de intentar descifrar el mundo. Ahora estoy con un par de proyectos de escritura, no me atrevo a llamarlos libros aún.

—¿Cómo te sentiste desde el lugar de escritora con las libertades de la literatura?
—Más relajada y más libre, pero también más expuesta, con menos certezas.

—¿Cuál es el rol el periodismo y cuál el de la literatura?
—Creo que la literatura es sobre el significado y el periodismo, sobre los hechos. La literatura, como dice Cynthia Ozick, es el reconocimiento de lo particular, un modo de iluminar lo singular y lo diverso. La ficción te permite acceder a otro plano, podés ser lo que quieras, tener otro género, habitar un ser vivo o no vivo. Llegás hasta donde llegue tu imaginación, tu talento y tu disciplina. El periodismo funciona con otro pacto: contar hechos reales. Pero también la literatura debe contener cierta verdad para que me conmueva.

—¿Tuviste una rutina diferente a la hora de escribir?
—La rutina de no tener un deadline detrás del cual correr. Y es algo que disfruto, aunque también, en determinadas etapas me cuesta porque el deadline en mi vida le gana a casi todo lo demás.

—¿Te generó algún miedo?
—Sí, mucho. Porque la literatura es más confesional, en el sentido que te permite asomarte a las películas que alguien filma y monta en su cabeza. Es una clase de desnudez. Estos personajes hacen cosas que yo no haría, pero estoy detrás de ellos.

Título: El mundo no necesita más canciones
Autora: María Eugenia Ludueña
Editorial: Ediciones La Parte Maldita
Precio: $240

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