La escritora colombiana, que hace años se instaló en Argentina, Margarita García Robayo público "Tiempo Muerto "su nueva novela, sobre una pareja en crisis, aunque a partir de ahí son muchos otros temas los que se despliegan y diálogo con BAE Negocios.

-¿Cómo fue el camino para llegar a ser escritora ?
-Fue un camino azaroso, porque este tipo de caminos nunca está trazado o indicado. Pero cuando supe que me dedicaría a esto se trató de asumir un compromiso, lo mismo que en cualquier otro oficio que uno asume como propio. Para ser escritora, o para ser artista en general, se necesita convicción y seguridad, pero también una gran capacidad para tolerar la frustración.

-¿Estar en Argentina te ayudó?
-Me ayudó la distancia porque me hizo ganar perspectiva. Para mirar, a veces, la cercanía no ayuda sino que distorsiona. La distancia clarifica y permite ver con más nitidez los márgenes. A mi me interesan los márgenes.

-¿Por qué elegis escribir sobre la vida cotidiana?
-No sé si escribo sobre la vida cotidiana, escribo sobre temas contemporáneos que me tocan de cerca, algunos serán más y menos cotidianos que otros. Mis libros deben ser el resultado de fijaciones eventuales, en este caso quería hablar del paso del tiempo en los vínculos afectivios, de la maternidad y la paternidad, y las contradicciones ideológicas de cierta clase progresista latinoamericana. Tenía cosas pensadas y anotadas y necesitaba una vía para decirlas. Ahí fue cuando vino el argumento.

-¿Tus historias surgen de la observación o de la escucha ?
-De ambas. Surgen de la experiencia de transitar mi tiempo, y de los pensamientos e ideas que ciertas situaciones me disparan.

-¿Por qué Tiempo muerto?
- Se refiere a un momento de estancamiento en una relación afectiva o de otro tipo, en el que es imposible avanzar o rescatar algo del pasado, se está atollado en un presente brumoso y fatalista.

-¿Sentís que vivimos con mucho tiempo muerto?
-Sí. Puede ser un estado permanente. Puede pasarse una vida entera en ese estado semicatatónico y molesto, y hacerse tolerable en la medida que el cuerpo se acomoda al mismo.

-La historia de Lucía y Pablo podría ser la de muchos...
-La particularidad de esa historia es que, realmente, podría ser la historia de cualquiera. La idea era poner a los personajes en una circunatancia relativamente extrema, es decir, violenta pero desde lo sicológico y lo verbal, nunca desde lo físico, porque era también un modo de decir que no se necesitan golpes para destruir a otro, basta con conocerlo lo suficiente como para saber dónde se le puede propinar una herida de gravedad.

-El tema de la maternidad lo tomás corriéndola de los mitos. ¿Querías abordar ese tema?
-Así es. La maternidad es abordada desde distintas perspectivas. Lucía es una madre muy confundida. A mi modo de ver, siente por sus hijos un amor atravesado por cierta neurosis, pero creo que eso es algo que nos pasa a muchas madres: esa necesidad de controlar el perímetro que habitan los niños para protegerlos, para no perderlos de vista. Pero más allá de Lucía, están estos otros personajes que cumplen roles maternales, sin ser madres. Como Cindy, la niñera, y Lety, la tía de Pablo. Creo que el rol de ellas es de las maternidades sustitutas. Mujeres en general que suplen la ausencia de la madre desde un lugar no sólo pragmático sino afectivo. Las hay por todos lados, las vemos todos los días, y la clase de familia latinoamericana que encarnan Lucía y Pablo sería impensable sin esta figura: la niñera, o alguien que cumpla algún tipo de rol de servicio y contención hacia los más necesitados de la familia, en este caso los niños y el enfermo

-La patria es otro de los temas. ¿Cuál es tu mirada sobre ella ?
-La patria viene siendo el tema más recurrente de mis libros y, junto con ese concepto, el de la construcción problemática de la identidad y la pertenencia. Me parace un gran tema narrativo que surge un poco de mi experiencia personal. Haber experimentado el desarraigo desde muy joven y tratar de conciliar esa circunstancia con la pertenencia es un tema complejo y rico en términos narrativos. Suscribo los planteos de Lucía acerca del tema de la patria y, en principio, estaría en desacuerdo con Pablo, pero sé que es una postura engañosa; yo suelo decir que me siento más parte de un tiempo que de una geografía, y es cierto, pero también soy conciente de que no se puede no ser de ninguna parte y que mi origen me persigue y deja marcas en todo lo que hago.

-¿Qué buscabas con esta novela?
-Decir cosas que pienso acerca de temas que me convocan. Usar un argumento para canalizar esas ideas y para reproducir retazos de un mundo que no existe, pero que igual nos acecha. Poner ahí, en el eter, una historia más que pueda, eventualmente, acompañar a otro.