Lorenzo Marone nació en Nápoles en 1974. Después de trabajar como abogado durante casi diez años, mientras escribía relatos que no dejaba leer a nadie, decidió dedicarse a tiempo completo a su verdadera pasión. La tentación de ser felices es su tercer libro. La obra gira en torno de Cesare Annunziata, que tiene 77 años, es viudo desde hace cinco y padre de dos hijos. Los pocos balances que hace de su vida están marcados por una feroz ironía, quizás por miedo a no poder seguir haciéndolos. Su existencia podría seguir su rumbo previsible, pero un día llega a su edifi cio la joven y enigmática Emma, casada con un individuo siniestro con el que no parece tener nada en común. Los secretos que Cesare descubre sobre su vecina, pero fundamentalmente sobre sí mismo, conformarán la trama de esta novela. Desde Italia, vía mail y traductor mediante, respondió a BAE Negocios.

–¿Cuándo y por qué dejó la abogacía para dedicarse a la literatura?
–Dejé la profesión en 2008 y empecé a escribir en 2011, así que las dos cosas no están relacionadas. Es cierto, aquella “sabia” elección me ayudó a volver a la escritura, también por una cuestión de tiempo libre.

–¿Cuánto de su manera de ver la vida hay en la novela?
–Tutto. No tengo la edad de Cesare, pero tengo mis arrepentimientos también, mis decisiones no tomadas. Por otro lado, los primeros balances se hacen alrededor de los 40. A veces, a mí también me da miedo, como a Cesare, cambiar de rumbo; aunque ya lo haya hecho y, por suerte, me haya ido bien.

–¿Por qué el título?
–Porque todos deberíamos tender a la felicidad, a reconciliarnos con nosotros mismos, con nuestros deseos más profundos. Más que la felicidad, lo que es importante es la continua búsqueda de uno mismo.

–¿Nunca es tarde para las segundas oportunidades?
–Nunca. La historia de Cesare lo demuestra. –¿Cesare está inspirado en alguien real? –No, es un personaje imaginario, aunque muchos se identifiquen con él, empezando por mi padre que, en cambio, es muy diferente a Cesare.

–¿Buscar la felicidad es una presión social?
–Si he entendido bien la pregunta, podría ser. La sociedad también puede llegar a imponernos ser felices; la búsqueda obsesiva de la felicidad puede volverse precisamente nuestra principal causa de infelicidad. Parecerá trivial, pero hay que aprender a vislumbrar la belleza en las pequeñas cosas que tenemos, la belleza que nos rodea cada día y que, con frecuencia, no vemos porque estamos pendientes de vaya a saber qué búsqueda, qué otro tipo de felicidad.

–¿Qué le gustaría que este personaje le deje a los lectores?
–Me gustaría que ayudase a los lectores a no malgastar su vida, a elegir, a encontrar el valor para cambiar.

–¿Es difícil escribir una novela como ésta sin caer en los lugares comunes?
–No creo, no. Es más difícil hablar de Nápoles evitando estereotipos y lugares comunes.

–¿Cuál es la clave para ser feliz?
–Lo he dicho antes: ser uno mismo, despojarse de máscaras y vivir la vida que realmente se desea. Ser egoístas, en el buen sentido de la palabra; cuidarse.

–¿ Le costó dejar a Cesare?
–Aún no lo he dejado y no creo que lo haga nunca.

–¿Cuál es para usted la importancia de la literatura en la vida del lector?
–Es fundamental. La lectura nos transporta a otros mundos; nos ayuda a refugiarnos en vidas, a veces, más reconfortantes; nos permite conocer lugares y personas distintas a nosotros mismos. Las palabras pueden ayudarnos a cambiar nuestra vida, nos hacen reaccionar, nos abren los ojos. Un libro, en el momento adecuado, puede tener un poder infi nito en nuestras vidas, un poder terapéutico.

La novela de Marone ya desde el título interpela al lector, esa frase hace que la tentación de tomar el libro sea inevitable y leerlo se convierta en un placer refl exivo, y salir a buscar ese deseo propio. La tentación de ser felices tal vez sea la posibilidad de abrir puertas.