La escritora marplantense Gabriela Exilart acaba de publicar su nueva novela en la que dos historias se entrelazan: en la Buenos Aires de 1922 la de Carola, una joven que al poco tiempo de casarse descubre el oscuro pasado de su marido; y dos años después, en la reducción de Napalpí, provincia del Chaco, justo cuando se produce una de las masacres indígenas más trágicas y menos conocidas, la historia de Eva, que intenta recomenzar su vida. "Creo que el momento me eligió a mí. Hacía rato que quería escribir una historia situada en el norte de nuestro país y cuando hallé esa noticia sentí que tenía que contar lo que había pasado en la reducción de Napalpí. Era muy fuerte, muy cruel, y no quería que quedara en el olvido", dice a BAE Negocios la escritora de novelas históricas y románticas.

—¿Le parece que centrar la novela en un masacre no muy conocida sirve para visibilizar lo que sucedió?
—Totalmente, es otra de las tantas historias que no nos contaron, y yo no podía dejar que permaneciera en la sombra. Y, casualmente, a los pocos días de salir la novela, apareció otra sobreviviente de esa masacre, con lo cual me di cuenta de que esa historia todavía sigue vigente, buscando su justicia.

—¿Es complicado escribir dos historias que se entrelazan?
—Muy, muy complicado cuando se quiere mantener la intriga. Traté de ir sembrando algunas dudas respecto de ciertos personajes y de mantener también una suerte de paralelismo entre las dos mujeres y sus infortunios, para que luego, sobre el final, llegara la sorpresa.

—¿Con qué personaje se encariñó más?
—¡Uy, qué difícil! Creo que el cariño mayor se lo llevan los chicos, los muchos niños que protagonizan la novela. Pero si tengo que elegir entre los adultos, yo soy Eva.

—¿Cuánto tiempo de investigación le llevó?
—Alrededor de un año. Soy de las que escriben e investigan al mismo tiempo, y más o menos tardé un año en terminar esta novela.

—¿El título lo elegió usted?
—Fue modificado del original que yo había elegido, y creo que finalmente el que consensuamos con las editoras quedó perfecto. Napalpí nos ubica en tiempo y espacio, y Atrapada en el viento, porque el viento tiene un rol fundamental ya desde el inicio. Ese viento que lleva, que trae, que arrastra y envuelve. El viento es mensajero y testigo.

—¿Cómo elige luego los temas para las historias de amor?
—Esa es la gran pregunta porque cuando una ya escribió varias historias, es difícil no repetirse. En este caso quise apuntar a las segundas oportunidades, a dejar atrás los miedos y los fracasos y poder confiar nuevamente.

—¿Por qué le parece que este es un género tan buscado por los lectores?
—Porque tiene todos los condimentos para que la lectura sea llevadera y atrapante: aventura, drama, pasión, acción, amor, amistad, misterio y, de paso, un contexto histórico que siempre nos deja una enseñanza sobre la época o sucesos que no conocíamos.

—¿El amor es sólo cuestión de mujeres?
—Para nada, siempre hay un hombre del otro lado, el amor es de a dos. Lo que pasa es que los hombres se acercan con cierto prejuicio a la novela catalogada como romántica, pero una vez que la leen, y ven que hay mucho más, se convierten en fieles lectores.

—¿Las historias siempre tienen que tener un final feliz?
—Como lectora, siempre que leo una novela que está catalogada como romántica, quiero leer un final feliz. Entonces, como escribo para que me guste primero a mí, mis novelas tienen todas final feliz, más allá de que antes, los protagonistas sufran un montón.

—¿El amor cambia según el contexto histórico?
—Sí, por eso me gustó escribir en distintos escenarios, porque condiciona a la hora de escribir, por ejemplo, una escena romántica. Así, uno de los desafíos que me propuse como escritora fue generar el amor en un escenario donde no había nada, donde los personajes tenían hambre y estaban sucios, no tenían casa ni agua. Y así escribí Renacer de los escombros, sobre el terremoto de San Juan de 1944. Y en ese contexto tan adverso, a los protagonistas los salvó el amor.

—¿Le parece que este género permite al lector soñar?
—Sí, soñemos con que el amor existe, que es perfecto y nos salva. Además, nos hace viajar en tiempo y en espacio y si la descripción es buena hasta podemos sentir que estamos allí, en la escena, junto al protagonista.

—¿Qué significa escribir para usted?
—Todo, es como un fuego que arde dentro de mí, es mi premio, el recreo esperado del día o de la semana, cuando encuentro el momento de sentarme a escribir. Es una necesidad, mi cable a tierra, mi refugio.

Título: Napalpí. Atrapada en el viento
Autora: Gabriela Exilart
Precio: $649
Editorial: Plaza & Janes
Páginas: 480