J untos escribieron canciones y también juntos escribieron un libro de cómo hicieron Lo niego todo. De casualidad ambos, y por distintos motivos, están en Buenos Aires. Joaquín Sabina cantando canciones y el escritor Benjamín Prado presentando su libro y haciendo lecturas de sus poemas. Y claro, Prado irá a ver a Sabina para las canciones que hicieron juntos en el mítico escenario del Luna Park.

“Las discusiones siempre en cada canción, en cada palabra, el trabajo que lleva. En el otro disco que hicimos juntos, Vinagre y flores yo escribí sobre esa experiencia, esta vez le dije: ‘Lo tienes que hacer tu también’. y hemos cumplido una hazaña, que Joaquín escriba en prosa”, dice a BAE Negocios en la barra de un bar el escritor español Benjamín Prado, quien también como Sabina tiene un aire a rockero.

“Joaquín le da tanto a la gente y recibe tanto de ella, que la gente tiene derecho de tener una copia de la llave de la casa, del laboratorio donde se hace todo. Para devolver un poco del cariño que le tienen a Joaquín, hicimos un libro. Este es un libro es muy familiar. Se entiende muy con las fotos de Jimena Coronado (que están en el libro), tres tipos en pantalones cortos con unas chanclas en el jardín de una casa tomando una cerveza con una libreta y un bolígrafo en la mano. Ese es el espíritu de este disco y en la historia del libro”, dice Prado, que habla rápido y entusiasmado.

Es, además, un libro con esté- tica muy cuidada. “La editorial quiso que como objeto tuviera un valor; es un objeto precioso y, a lo mejor, es uno de los caminos que hay en este mundo para que siga existiendo el libro. Hay fotos, manuscritos, para que se complete una canción, para pegar las entradas de los conciertos. Estamos en un mundo participativo y eso hay que llevarlo a los libros. No hay que sentarse a llorar e intentar que la literatura también forme parte de eso”, sostiene el escritor.

“Escribir es un juego muy serio, en el que uno después se expone al público; voy a hacer una lectura que espero le interese a quienes vayan, les afecte, les cambie la mirada. Para que eso lo pueda afrontar, hay que trabajar mucho. Si lo que aparece al final lo quieres llamar inspiración, se llega ahí después de mucho trabajo, de mucha corrección”, dice el escritor que también es poeta.

“Una canción tiene rima, estribillo. Una canción además de ir a la cabeza tiene que ir a pies, está hecha para ser coreada, tarareada, en la poesía tengo que apuntar al corazón”, sostiene Pardo, que vino a presentar su libro de poemas Ya no es tarde.

“Corrijo mucho los libros, tengo la suerte de tener lectores, en cada libro que sale aprovecho para corregir. Hace ocho años que no publicaba, no tenía a quién escribir, los libros tienen que tener un destinatario, alguien a quien escribir; cuando hubo una chica, lo escribí. Son poemas de amor, de convivencia, de cercanías, alejamientos, puentes, viajes. Ya va por la sexta edición en España; estoy muy contento”, afirma Prado, y aclara que además de lo “biográfico” le lleva entre cuatro o cinco años escribir un libro.

“La poesía tiene menos prestigio social. Hay muchos buenos poetas en España, que escriben maravillosamente bien, gente re joven que escribe de una manera que yo ya no podría, saber coger el mundo de Internet, los 140 caracteres. Se está haciendo una poesía muy interesante, hay un rejuvenecimiento del lector de poesía, de una manera inaudita”, cuenta el poeta quien agrega: “En la lecturas que hago va gente muy joven”.

“Para escribir se necesita tener algo que decir; parece una obviedad, pero a veces lees cosas que no parecen responder a una necesidad de decir algo, a un estudio de cómo decirlo, y de qué quieres que le haga a la gente que lo lea. El poema es un trabajo intelectual, emocional, reelaborado. El cementerio de los malos poemas está lleno de buenas intenciones, de romanticismo exacerbado y no es eso lo que suele servir para escribir buenos poemas. Sí sirve la meditación, el trabajo, el ajuste. El buen poema es aquel en donde las palabras se juntan por primera vez, esas palabras que se piensa que juntándolas no se hubieran llevado bien. Es reescribir el lenguaje”, dice Padro.

“Los poetas no estamos acostumbrados a que la gente nos coree, las canciones se las apropia. Es muy especial para mí, es un privilegio, es muy emocionate escucharlas cantadas por el público”, dice entusiasmado con la noche que le espera en el Luna Park.

“Escribo donde puedo, es un mundo portátil, en estaciones de tren, en bares. Si estás lejos mejor, porque no funciona el teléfeno. Si en un vuelo una azafata se me acerca con una tarjeta de Wifi le digo “aléjate de mí, Satanás”, se ríe, y cuenta que en el vuelo Madrid-Buenos Aires aprovechó para corregir. “Soy muy pesado con las correcciones, cada vez que se reedita uno de mis libros, le hago cambios. Y no le digo a nadie ni el título, soy muy supersticioso. Cuando termino se lo doy a algunos amigos para leer, entre ellos a Joaquín”.

“El poeta busca que el lector se vea reflejado, que las palabras puestas en un orden que ni se te hubiera ocurrido pero que explican lo que sientes, que después de leerlo no seas el mismo. A eso aspiramos todos, a que quien lo lea cambie su manera de ver la vida o de verse a sí mismo”, dice. Y no se equivoca.