El encuentro es en un rincón de la librería que alguna vez fue teatro sobre la calle Santa Fe. Allí, en una pequeña mesa con el ruido de fondo es el escenario para la charla con el escritor Carlos Zanón, que llegó desde Barcelona a presentar su nueva novela Taxi y entre nota y nota no quería perderse la oportunidad de pasear por Grand Splendid. Con algunos libros ya comprados, realiza la entrevista con BAE Negocios.

—Su último libro no va por el mismo camino de sus anteriores publicaciones.
—No es novela negra, aunque en Valencia la nominaron a un premio del género; si bien la violencia es una subtrama nocturna, la novela no se estructura en la violencia. Salió con tapa negra y de ahí un poco la confusión —explica el escritor, que habla rápido pero en tono suave.

“En la novela negra los personajes caen en la ambigüedad extrema, caen en la tentación siempre, toman la decisión equivocada, no hay final feliz, si hay una opción buena y una mala, eligen la mala; hay violencia, no quiere decir que haya muerte. Y después cosas más técnicas como el ritmo, la trama urbana, es mucho más que un policial. Puede ser novela negra sin muertos, sin procedimientos”, relata.

—¿Por qué quiso salir de ahí en esta novela?
—Por probar cosas distintas, con otros estilos. Creo que escribir es jugar con otras cosas, uno no sabe qué pueden llegar a hacer hasta que no lo pruebas, no te arriesgas; intento que la gente no sepa lo que voy a hacer. Mejor que diga que cambié de estilo y no que siempre hago lo mismo.

—Está es una historia muy psicológica...
—Es un tipo que está a la deriva, yo busqué el personaje de taxista porque me servía: estaba a la deriva por dentro y por fuera. Quería hacer como si cualquiera de nosotros se viera obligado a ser taxista. Mi personaje Sandino no tiene claro dónde está su casa, se va de ella intuyendo que su esposa se quiere separar, hay diferentes historias en la ciudad. Busca algo lo suficientemente fuerte para decir ‘me quedo con esto’, él no quiere elegir nada. Así no pierdes, pero tampoco ganas. En ese sentido es una novela psicológica. Es un drama sin muertos. Es un drama de alguien que está medio bien y medio mal. Es como si tú estás en una relación sentimental en la que estás bien hasta que encuentras a alguien que te rompe la cabeza; estar bien no es estar enamorado. El eje de la novela es alguien que quiere volver a casa pero no sabe dónde está su casa. Es un personaje complejo, no es malo ni bueno, un poco como somos todos. No es que él esté mal ni que ella esté loca, las historias se le paran, no ha madurado lo suficiente para poder elegir. Es un personaje que va a la deriva porque no sabe, no quiere o no puede decidir.

—Se ve una Barcelona más allá de la cuidad turística...
—Está mirada desde los barrios, desde la gente de adentro. Desde los barrios hacia adentro. Mi abuela, cuando iba al centro, decía que iba a Barcelona, como si fuera otro sitio. La de los barrios es la que he vivido y es la que me interesa. Sigo viviendo en el mismo barrio que nací. Yo crecí en un barrio que no era conflictivo, de gente normal, de clase media, media baja. A mí me gusta ese tipo de barrio, con los chicos jugando en la calle, donde los dejan los coches. Mi barrio era bien chulo. La idea fue buscar otros sitios desde dónde mirar a Barcelona.

Y la trama está contada desde un taxista. “Son intercambiables, hay como una manera de ser taxista que es internacional. Mi padre era taxista, no tenía radiotaxi, iba con su guía. Yo sé lo que era el trabajo, porque lo he mamado. Cuando mi papá volvía de trabajar olía a máquina, porque olía a gasoil. Cuando te cuentan cosas mientras te llevan es para que no lo veas como parte de una máquina; si no las has vivido, no te das cuenta”, dice el autor, que aclara que el personaje no es su padre pero que sí ha tomado algunas anécdotas. “ Mi padre iba a buscar a unas niñas al colegio, esta historia sale en la novela, le llevaba los cómics de mi hermana y míos, las odiaba a esas niñas porque él llevaba nuestros cómics”, cuenta.

—Usted es poeta, guionista, novelista, ¿se adapta fácil a los cambios?
—A la poesía no puedes forzarla, te lo pide el cuerpo y hay un momento que te abandona. Me siento cómodo cambiando de registro. Me gusta no hacer siempre lo mismo.

—Esta novela tiene un ritmo acelerado...
—Quería que se vieran las imágenes, la música; el protagonista tiene insomnio, y quería lograr la sensación de que no se sepa si es de día o de noche, es algo buscado, que vaya rápido. Me gusta mucho el cine, cuando ves una película hay diálogo, fotografía, música, yo quería que con los libros fuera un poco igual, expresarlo de tal manera que te imagines qué suena, qué color tiene. La musicalidad, la novela tiene que sonar bien, si el autor no pone las palabras es su sitio, no chuta, no funciona. Un libro no tendría que ser una persona que redacta bien, hacer literatura es algo más, es crear magia con eso, evocar, sugerir, transmitir algo.

—¿Para qué sirve la literatura?
—Para mucha gente para nada, y no pasa nada. Para los que leemos y escribimos nos ordena. Al escribir convertimos lo que no funciona en nuestra vida en un objeto atractivo, lo que no tiene sentido le ponemos sentido. Cuando lees, te sientes que no estás tan solo, que estas conectado, tienes la sensación de que alguien te ha mirado, te ha entendido. La literatura sirve para ordenarte, explicarte y no sentirte tan solo. Un libro te enseña a creer que no sos el ombligo del mundo. También sirve para quitarte prejuicios. Cuando escribo pienso en lo que necesito escribir, hacerlo lo mejor posible, el hecho literario es una relación del escritor y su libro. Es mucho trabajo, escribir es trabajo: leer, equivocarte; es verdad que tu cabeza te dice cosas que no reconoces la lógica, cuando estás escribiendo aparecen, eso es la inspiración, el talento. Escribiendo aparecen frases o situaciones que en tu cabeza hacen un cortocircuito, que te aparece algo especial, a eso lo llamo inspiración. No siempre se lo tiene, no lo tienen todos los libros, hay que trabajar mucho, pero la cabeza a veces te hace algo raro.

—¿Tiene un orden para escribir?
—Prefiero por la mañana. Creo que está bien la rutina para escribir una novela, yo soy muy estricto en ese sentido.

—¿Es verdad que va hacer una novela policial con el personaje de Pepe Carvalho, de Manuel Vázquez Montalbán?
—Me lo propusieron la familia y la editorial. Hacer una novela con el personaje. Con mi manera de escribir, un policial de Pepe no imitando al estilo de Vázquez Montalbán. Soy muy intuitivo, me dejo guiar mucho por si me apetece; si me parece divertido, ya está elegido. Mi idea es no tergiversar el personaje, pero sí hacerlo actual.

Taxi, de Carlos Zanón; editado por Salamandra. Precio: $485

Ver más productos

Diego Armando Maradona y el último mundial

Diego Armando Maradona y el último mundial

Cuentos de buenas noches

Cuentos de buenas noches

Astrología: claves para conocer tu futuro

Astrología: claves para conocer tu futuro

Lo que querés saber sobreNéstor Kirchner

Lo que querés saber sobreNéstor Kirchner

ATR: el boom del placer

ATR: el boom del placer

Atención emprendedores: cómo vender más a pesar de la crisis

Atención emprendedores: cómo vender más a pesar de la crisis

Para aprender con los chicos

Para aprender con los chicos

¡Más crianza menos terapia!

¡Más crianza menos terapia!

Descubrí tu destino con Mia Astral

Descubrí tu destino con Mia Astral

Un Atlas para fanáticos del fútbol

Un Atlas para fanáticos del fútbol

Ver más productos