En rigor, puede decirse que en sus 55 años de profesión, el periodista, escritor e investigador Carlos Ulanovsky publicó 25 libros. Veinticinco, sin contar las reediciones. Sin embargo, una de sus obras jamás llegó a las librerías: su libro debut, una biografía no autorizada de Ramón "Palito" Ortega, de 1969. ¿Qué pasó? El popular cantante recibió un ejemplar y parece que no quedó contento con parte de la información publicada y decidió hacerle un juicio a la editorial Galerna por 10 millones de pesos de la época. Lejos de poder afrontar semejante demanda, la editorial se allanó al juicio y toda la edición fue quemada en un acto público en un Juzgado de San Isidro. Amarillenta y algo deteriorada, la biografía que jamás llegó a las bateas ocupa un rinconcito en la biblioteca personal de Ulanovsky, y la historia del libro fallido, una página más de su anecdotario.

El referente del periodismo acumula decenas de anécdotas de este tipo. Sin embargo, su repertorio no es un tango. Su presente también da mucho que hablar. Hiperproductivo, este año ya publicó tres libros: Siete personajes en busca de un Toc Toc, sobre la taquillera obra de origen francés; Mi congreso de la lengua, que reúne "las palabras argentinas del siglo XXI"; su segunda novela, Nada mas aburrido que ver filmar; y en los próximos meses también llegará a las librerías la cuarta edición de Seamos felices mientras estemos aquí, el libro en el que recorre los años de forzado exilio al que lo obligó la Triple A y la última dictadura militar de 1974 a 1983. Eso no es todo, también tiene su programa de radio, Reunión cumbre, por AM 750.

Como si siempre estuviese pergeñando un nuevo libro, Ulanovsky habla del periodismo en forma conclusiva. Dice, por ejemplo, que "este es un momento de muy baja creatividad" y que "cortar y pegar se ha convertido en un deporte entre los periodistas". Pero lejos de dar un mensaje apocalíptico sobre el futuro de la profesión, quien es uno de los cerebros detrás de la carrera de Ciencias de la Comunicación de la UBA y también miembro fundador de la escuela de periodismo TEA, advierte sobre las "enormes potencialidades de la tecnología" en el periodismo y reconoce que en el terreno digital hay "sin duda" una mayor pluralidad de voces que en otros formatos como la gráfica o la televisión.

—¿La tecnología mejoró al periodismo?
—Creo que en parte sí, porque la potencia de la tecnología es enorme. Hoy tenés un buen teléfono y eso es como un camión de exteriores. La tecnología nos facilitó muchas cosas. Pero, ojo, las palabras no son inocentes: en España a la computadora se le dice ordenador, y yo creo que la tecnología generó un periodismo mucho más ordenado, pero mucho menos loco. Hoy el cortar y pegar se ha convertido en una suerte de deporte.

—¿En qué va a terminar esta transición entre lo analógico y lo digital?
—Todavía, la mayoría no le ha encontrado la vuelta a la convergencia. Se están haciendo pruebas en todo el mundo y están viendo cómo monetizar los contenidos digitales, pero es muy difícil después de 15 años de dar un producto gratis, empezar a cobrarlo. Lo cierto es que después de que el Gobierno, de manera salvaje, cortó la publicidad oficial, muchos medios también están probando con la suscripción. Ahí puede haber una salida.

—¿Le gustaría ampliar sus investigaciones sobre medios con el aporte que hizo la tecnología en el periodismo durante los últimos años?
—Justamente estoy haciendo un libro de entrevistas con jóvenes periodistas de 25 a 40 años, con la hipótesis de que este es un momento de muy baja creatividad en el periodismo por numerosas razones: por el debate entre lo analógico y lo digital, por el final todavía incierto de ese debate, y porque lo analógico cruje por todos lados, pero es lo único que da un poco de guita. Sin embargo, creo que el gran tema del libro termina siendo siempre la precarización. Creo que si los jóvenes no defienden los trapos del mejor periodismo, esto va a ser mucho peor.

—Si tuviese que presentarse, ¿con qué título lo haría?
—Mi tarjeta personal dice "hincha de Racing y periodista", en ese orden. Yo no niego ser un referente teórico del periodismo, pero me considero un periodista. Mis libros sobre periodismo no tienen teoría. A mí me gusta llamarlos manuales.

—Después de 55 años de profesión, ¿le quedó algo pendiente por hacer en el periodismo?
—Me hubiera gustado viajar más: la verdad es que ligué pocos viajes. En los '90, cuando se viajaba mucho, yo estaba en Página/12, pero era todo muy austero. En radio creo que me di todos los gustos, o casi... porque me gustaría hacer un programa eminentemente musical. Igual, como digo siempre, no tengo deudas: ni económicas, ni simbólicas, ni materiales, ni profesionales, y eso es extraordinario.

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