Leonardo M. D’Espósito es editor, periodista y crítico de cine. Es decir, le gusta escribir. Y ha escrito varios libros. El último que está en las librerías es sobre Steven Spielberg. Y sobre él dialogó con BAE Negocios.

–¿Por qué lo elegiste?
–Originalmente iba a escribir un libro sobre Alfred Hitchcock, pero me di cuenta de que ya todo está dicho al respecto. Que lo único que podía crear era una guía para escrituras de otros, que son mucho mejores que yo. Con Spielberg sucede que hay muy poco y es un realizador importantísimo por miles de razones, así que era una buena oportunidad. Además, considero la crítica de cine como una forma menor de la escritura creativa, así que había muchas posibilidades de crear, de exprimir ideas, de conversar con el lector. Si lo logré o no, es aparte: sé que pude pensar más libre con este director que con un maestro ya analizado.

–¿Qué cambió en el cine con él?
–Para el negocio, Spielberg creó el concepto del “summer blockbuster”, la película que rompe cines en verano, hoy el negocio más importante de Hollywood. Pero hay algo más: es el primero en pensar y desarrollar una poética para un tiempo en el que la tecnología te permite crear cualquier imagen que se te ocurra. Ese cambio es cartesiano, porque ahora el problema no es qué poner en pantalla sino qué no poner, cómo narrar cuando podés contar cualquier cosa. Spielberg, a su modo, es un maestro de esa síntesis.

–¿Es un libro para todos o sólo para los que saben de cine?
–Es para todo el mundo, justamente. Grandes, chicos, de cualquier edad, con o sin conocimiento previo sobre el cine. No me interesa hablarle exclusivamente al cinéfilo recalcitrante o al académico, porque la única forma de que un arte sobreviva consiste en que mantenga su atractivo -digamos- popular. Y el cine sigue siendo el gran arte popular, aquel al que va cualquiera en el fin de semana para pasarla bien. Dado que Spielberg, además, es de los pocos que entendió esa dimensión popular sin ser trivial ni condescendiente, era un puente ideal para conversar sobre cine incluso con quienes van una vez al año, o sólo ven películas en casa.

–¿Qué trabajo hiciste para escribir este libro?
–El mejor trabajo del mundo. Ver todas las películas de Spielberg, leer mucho de lo que sí hay escrito, sobre todo en inglés y algo en francés, y charlar mucho con amigos sobre las películas. Porque -esta es una de las cosas más hermosas de esta obra- todos vieron por lo menos Tiburón, o E.T., o Jurassic Park, o La lista de Schindler, o Indiana Jones. Todos tienen un cachito de Spielberg en la memoria. Entonces podés juntarte con tus amigos de la primaria -abogados, empleados, docentes para los que el cine es la diversión del fin de semana- y conversar de esas pelí- culas. Al rato están todos haciendo teoría cinematográfica sin darse cuenta. Así que lo peor que pasó fue que tuve que terminar el trabajo y entregar el libro: si no, todavía estaría charlando de esas películas.

–¿Vas a escribir de otros directores?
–No sé. Mi sueño es poder escribir sobre tres realizadores despreciados u olvidados: Disney, Chuck Jones y Tex Avery, los más grandes creadores del dibujo animado clá- sico, los papás de Mickey o Bugs Bunny. Empezaría por Disney, claro. Pero depende de muchos factores. Sí es seguro que voy a hacer un libro sobre los estudios Pixar para los 20 años de Toy Story, en 2020. Y quiero escribir libros sobre John Carpenter, Brian De Palma o James Cameron. Sobre todo Carpenter, que es la otra cara de la moneda Spielberg.

–Vos sos director de una publicación de libros sobre cine, ¿cómo es la relación entre libros y cine?
–Es rara esa relación. Cuando me convertí en cinéfilo, en los ’80, no era posible acceder a la mayoría de las películas, porque no se conseguían, se habían prohibido, etcé- tera. Entonces tenías libros, textos, críticas que te decían “ojo que un tal David Lynch hizo una película increíble llamada Eraserhead, que hay que ver”, y vos te matabas hasta que encontrabas a alguien que conseguía un video pirata traído de Kuala Lumpur. Los libros eran fundamentales para aprender. Pero el cine tiene un truco: no necesitás saber nada sobre él para entenderlo y dejarte llevar; a diferencia de lo que suele pasar con la pintura, cierto teatro o la alta literatura. Ahora bien, hoy pasa lo inverso. Como todo está disponible, es difícil encontrar un camino en esa selva de películas. Entonces, otra vez, los libros tienen un gran sentido, una misión: guiar al que lo desee por esa selva. Si el cine te entra inmediatamente por el ojo, el libro sobre cine debe ser el amigo con el que te encontrás a charlar de lo que viste o de lo que podés ver.

–¿Cuál es el lugar del cine en la vida?
–En mi caso, es casi central. “Casi”, porque entre ver la única función de -inventemos- la película inédita de Orson Welles sobre la vida de Shakespeare y una salida en familia a comer algo rico (o, cuando estaba soltero, una cita romántica), la película se olvida. El cine, como cualquier otro arte, no tiene una misión “biológica”, podemos “vivir” sin él. Pero las imágenes del cine nos han permitido acercarnos a experiencias que jamás podríamos tener, a iluminar parte de nuestra mente con ideas de otros, a reflexionar sobre la forma de lo que vemos. Esa “gimnasia” mental es el verdadero motivo por el que respiramos, comemos, dormimos: eso es lo que nos hace humanos. Así que el arte en general, y la ciencia, que es su hermana, son esenciales para vivir; si así no fuera, seríamos plantas o burócratas y nada más.

–¿Qué es lo importante a la hora de valorar una película?
–Lo importante es su -perdón la palabra- pertinencia. Es decir, si lo que nos muestra es pertinente, si se relaciona con la trama y la historia, si la forma de cada imagen nos provee una idea. O, en realidad, lo más importante es qué ideas nos ofrece, sobre el mundo y sobre el cine. Si no te ofrece nada, o si una película pretende enseñarte que pienses de una manera determinada y nada más, no tiene demasiado valor.

–¿Es este libro una biografía?
–Sí y no. Es un análisis de la obra de Spielberg, pero porque Spielberg toda su vida la pasó dentro de un cine. Así que al hablar de sus películas, también hablás, quieras o no, de su propia vida. Por eso el título es Una vida en el cine, ni más ni menos.

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