Cambiemos: el discurso del sacrificio
"Hay que sufrir. La frase, expresada por un vecino rosarino y difundida a través del Instagram del Presidente, no puede abordarse sin cierta extrañeza. Es que, más que una cuidadosa pieza de comunicación política, parece el reverso fallido del exhorto que hizo famosa a la Iglesia Universal del Reino de Dios: Pare de sufrir.
No obstante, si observamos con mayor detenimiento la retórica reciente del partido gobernante, advertiremos que la apelación al sufrimiento ha adquirido progresivamente un lugar central en su estrategia discursiva. A diferencia de lo que ocurría en la campaña del 2015, donde lo aspiracional jugaba un rol preponderante ("El cambio es lograr juntos cosas que nadie te va a poder quitar"), el mensaje actual de Cambiemos proyecta un desierto sin goce futuro. Aquella primera narrativa, que reversionaba el "te ganarás el pan con el sudor de tu frente" del Antiguo Testamento, fue sustituida por un evangelio que no incluye pan, ni tampoco trabajo. Sólo hay sudor sacrificial. Se trata de una suerte de cuaresma, un tiempo de arrepentimiento y penitencia, tras setenta años de carnaval.
Por supuesto, alguien podría objetar que ese tipo de discurso funciona únicamente para unos pocos convencidos que creen que la sociedad argentina debe expiar sus males por medio de una crisis tan destructiva como depuradora. Sin embargo, el mensaje de Cambiemos no puede excluir al grueso de la población que sufre laicamente los embates de la recesión económica. De hecho, las últimas publicaciones en redes sociales han sido protagonizadas de forma manifiesta por los "perdedores" del modelo, esto es, por ciudadanos que reconocen estar sufriendo y que aun así suscriben a las políticas del gobierno. Decía Hobbes, filósofo político del siglo XVII, que leer en los corazones de los seres humanos es más difícil que aprender una ciencia o un idioma, a causa de las confusiones y dobleces que los encubren. En este caso contamos, al menos, con una certeza negativa: no es una esperanza de progreso material lo que anima a los fieles macristas.
Una suerte de Cuaresma, de arrepentimiento y penitencia tras 70 años de carnaval
¿Qué es, entonces? En los tramos finales de la alocución del Presidente durante la apertura de sesiones legislativas podemos encontrar una de sus claves: "Todos nosotros somos la generación que está haciendo con valentía lo que nunca antes se había hecho". Sin dudas hay algo sugerente en la invitación a ingresar en un período extraordinario. El despertar colectivo de la nación y la interrupción del tiempo de fracasos reiterados no admiten mezquindades en materia de sacrificios. Macri imagina una comunidad peculiar de ciudadanos-militantes cuyas frentes destilen sudor como nunca antes y que, en virtud de ese esfuerzo descomunal y gratuito, se conviertan en merecedores de un milagro.
Sin sus notas de modernización, progreso y "vuelta al mundo", el relato meritocrático del gobierno se fue desdibujando hasta acabar en la aspereza de un sacrificio inevitable. "No queda más que sufrir", se resignan los fieles del evangelio menos pensado.
* Doctor en Filosofía e investigador del Conicet
