Al grito de "Santiago Maldonado presente, ahora y siempre", un centenar de personas despidió ayer en la ciudad de 25 de Mayo los restos mortales del joven tatuador. Y ese grito desgarrador, el cual vino a cortar el aire de un silencio que aturdía, buscó dejar en evidencia la impotencia ante la acción de un Estado que no duda en utilizar la violencia como un sello de disciplinamiento social.

Paradojas del destino, mientras el cuerpo del artesano era velado por sus padres, hermanos y amigos en su pueblo natal, la noticia del asesinato de un integrante de la comunidad mapuche ocurrido en la localidad de Villa Mascardi, provincia de Río Negro en el marco de un nuevo operativo represivo realizado por efectivos de Prefectura, vino a confirmar el hecho de que el caso de Santiago no era el producto de un incidente fortuito, sino el resultado de una política de Estado.

La desaparición ocurrida el 1 de agosto pasado, mantuvo en vilo a una buena parte de la sociedad, la que en reiteradas ocasiones no dudó en marchar a la Plaza de Mayo, dispuesta a reclamar por su aparición con vida. Setenta y ocho días más tarde, el hallazgo del cuerpo a orillas del río Chubut dejó paso al accionar errático de una justicia que aún no ha logrado develar los verdaderos motivos del deceso de Maldonado y las responsabilidades políticas que le caben tanto a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, su jefe de gabinete, Pablo Noceti y al propio presidente Mauricio Macri, así como también a los integrantes de la Gendarmería que tomaron parte del fatídico operativo realizado en Cushamen, provincia de Chubut.

Ayer, a las 11.35 y tras la llegada a la casa velatoria del micro que traía a un puñado de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, entre ellas Taty Almeida y Laura Conte, el cajón con los restos de Santiago era subido a una carroza fúnebre, mientras que en las inmediaciones del lugar y confundidos entre los asistentes, se podía divisar a los nietos restituidos Horacio Pietragalla, Victoria Montenegro y Carlos Pisoni, a Juan Grabois, dirigente del Movimiento de Trabajadores Excluidos, a Rubén López, hijo del desaparecido Jorge Julio López y a los sacerdotes Francisco "Paco" Oliveira y Daniel Echeverría.

Un rato más tarde, el cortejo emprendió la marcha rumbo al cementerio Parque Paraíso ubicado en inmediaciones de la ciudad, a la vera de la ruta provincial 51, mientras decenas de vecinos, agolpados en las veredas, acompañaban con su silencio el último viaje de Santiago rumbo a su morada final.