La nueva novela de Betina González esta atravesada por lo científico como energía narrativa. “Esta historia surgió de muchos lados. Primero siempre me interesó la ciencia, me parece que las científicas y las escritoras compartimos una misma curiosidad frente al mundo, aunque luego los experimentos que realizamos sean diferentes. Y otra cosa que me siempre interesó fue el tema de los niños salvajes; es decir, esos niños que supuestamente fueron abandonados en la naturaleza y criados por fieras. La mayoría de esas historias es un mito, pero lo que me interesaba ahí era esta idea de dónde comienza lo humano y dónde lo animal, una línea que es irreal porque siempre seguiremos siendo animales. La idea de Olimpia me la regaló un amigo que se dedica a las neurociencias. En una fiesta le hablé de los niños ferales y él me contó el caso que fue el centro radiante de la novela: un científico que, igual que yo, estaba obsesionado con entender por qué esos niños no podían ser incorporados a la cultura, alguien que en los años ’30 trató de probar que lo que llamamos “humano” no es innato sino aprendido, y para esto hizo el experimento inverso: criar a un animal como si fuese humano”, relató la autora a BAE Negocios.

-¿Está atravesada por lo científico, ¿por qué decidiste darle este enfoque?

-No es una decisión, las historias te capturan, ¿no? A mí las ideas científicas me producen una especie de aceleración, de alegría, de ganas de contar. Creo que las escritoras de ficción compartimos con quienes hacen ciencia varias actitudes: curiosidad por los caminos posibles y los que se descartaron, el juego de ensayo y error, la experimentación y, sobre todo, esa ola en la mente -una combinación de emoción y pensamiento- que marca la chispa de la invención. La ciencia está llena de historias. Un experimento que a alguien le parece algo rutinario, quizás tiene un potencial narrativo explosivo si es visto por una escritora. Y también creo que hacen falta más ficciones, más literatura que se ocupe de contar la ciencia, que muestre cómo la ciencia dialoga con la filosofía, con el arte y con otras formas de entender lo humano.

Las grandes preguntas de la ciencia también son las de la literatura. Las escritoras tenemos que tener eso muy presente, más allá de las modas y del mercado

-¿Un experimento científico es el puntapié para una buena historia?

-Siempre. Si leés a Maeterlinck o a Mary Shelley esa pregunta se contesta sola. Maeterlinck cuenta la vida de las abejas y parece una novela. Darwin, en sus últimos años, se dedicó a estudiar plantas carnívoras y Galton investigó estadísticamente si las plegarias en verdad son o no atendidas por Dios. Ahí hay historias fascinantes. Me parecen mucho más interesantes que las historias meramente miméticas de nuestras vidas cotidianas. Las grandes preguntas de la ciencia también son las de la literatura. Las escritoras tenemos que tener eso muy presente, más allá de las modas y del mercado. Esas preguntas atraviesan a todas las épocas y es importante que las pensemos. Sobre todo ahora que más y más necesitamos cuestionar nuestro lugar en el planeta y lo que hicimos con él. La narración es una forma de cognición. Entonces, en este 2021 en el que vemos un terrible desequilibrio entre “lo humano” y el resto del planeta, para mí es urgente preguntarse qué estamos haciendo, hacia dónde vamos. Preguntar eso combinando ciencia y literatura, aunque la novela pase en los años ’30, es lo que me sucedió y por eso empezó siendo una novela sobre ciencia y termino siendo una posible historia del “anima mundi”

-El miedo es un bisagra en casi todos los personajes, ¿era un punto en que querías profundizar?

-No, es un tema que investigaba el científico en el que me basé, pero es verdad que fue permeando toda la novela. El miedo tiene que ver con la supervivencia, al menos, en el “estado de naturaleza”, pero también estamos atravesados por gradaciones del miedo, como la ansiedad, las fobias que tienen que ver con nuestra “nueva naturaleza”, de la que parece imposible escapar. La vida hiperconectada, la incertidumbre, la pandemia, son nuestro nuevo entorno y el miedo se hizo más claro desde 2020 para todos. Es un tema interesante para cualquier escritora, más allá del género “terror”, que solo trabaja con una de las variantes, bastante estereotipada, por cierto, de esa emoción.

-La pareja es la protagonista, pero los personajes secundarios tienen un gran lugar...

-La historia necesitaba esos personajes, que pensaran otras cosas, que miraran de otro modo, que balancearan la mirada científica.

-¿Por qué crees que escribís?

-Para ser otra.

-¿Cómo te das cuenta que una historia es interesante?

-Cuando me genera una serie imparable de preguntas que no puedo contestar. Ahí empieza la fiebre de escribir, que es también la de leer y la de investigar.

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