No les dijeron que se "vayan a lavar los platos" pero muchos perciben que ciertas señales enmascaran al mismo discurso que enunció el superministro Domingo Cavallo, promediando los años 90. Entre el 16 y el 17 de diciembre, científicos, docentes, estudiantes, autoridades de instituciones académicas y de investigación y representantes gremiales se congregaron en el II Encuentro Nacional de Ciencia y Universidad en la Universidad Nacional de Quilmes, declarándose en "estado de alerta y movilización por el proceso de desfinanciamiento que vive el sector", una situación que tiende a oficializarse con el presupuesto 2018 aprobado por el Congreso.

"La Ley de Presupuesto Nacional 2018 recorta la participación de Ciencia y Tecnología en un 9% respecto de 2017. Si a esto se suma el recorte del 12% que hubo el año pasado, podemos decir que se acumula una caída aproximada de un 20% en la participación de CyT en apenas dos años de gobierno", precisa Manuel de Paz, doctor en Biología, especialista en restauración de ambientes degradados, becario post doctoral de Conicet hasta el 31 de diciembre de 2017 y miembro activo de Cientificos y Universitarios Autoconvocados Bariloche.

"Por su parte, el Conicet ha sufrido desde el 2015 hasta la fecha una reducción del 50% de los ingresos de investigadores/as a planta permanente. Estas instituciones producen tecnología, conocimiento, planifican el desarrollo energético, satelital, agropecuario, entre muchas otras actividades", grafica.

Socióloga, investigadora y docente de la UBA, Inés Nercesian desglosa: "De cada $100 presupuestados sólo $1,2 se destinarán al sector científico y tecnológico y $14 a pagar deuda pública. Es decir que, para el sector científico le corresponderán 20 centavos menos y al pago de deuda $4 pesos más que el año pasado. No se trata sólo de recorte, sino una definición política de hacia dónde se destinan los recursos", apunta la especialista.

Para Hernán Palermo, antropólogo del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales dependiente del Conicet se presenta una "contradicción" entre lo que cuesta formar un científico especializado y la falta de perspectivas a la que se ve expuesto cuando concluye su formación. Aunque en el caso de la ciencias duras o exactas, la alternativa es más visible: "En el exterior, lo reciben con los brazos abiertos y así perdemos un capital humano que formamos con dinero del Estado", sintetiza.

Desde el Ministerio de Ciencia y Tecnología se replica que un país con un 30% de pobreza "no puede invertir tanto en ciencia, que las líneas de trabajo son poco aplicadas, o que las metas que se había puesto el país en CyT eran excesivas -discrepa de Paz-Pero para tener un país más justo, necesitamos agregarle más valor a los productos que vendemos hacia afuera o producir nuestras propias soluciones a nuestros problemas, y los científicos tenemos mucho para aportar e intercambiar con los distintos sectores de la sociedad para abordar estos aspectos".

En sintonía, Nercesian afirma que "el sistema científico es fundamental para el desarrollo de un país en todos sus aspectos. Desde cuestiones de salud, como la búsqueda de las vacunas contra el cáncer, medicinas preventivas, cura de enfermedades, hasta las ciencias sociales, muchas veces subvaluadas, cuyo impacto para la población es fenomenal: políticas públicas vinculadas a la cuestión social, la prevención de la violencia de género, la salud, la economía, el mundo del trabajo. En todo hay ciencia", manifiesta.

Con una experiencia probada en largo trabajo de campo en ciudades petroleras con muy bajo índice de desocupación, Palermo advierte que "con la creación de empleo, tampoco se solucionan todos los problemas, aparecen otros: la necesidad habitacional, adicciones, etc."

Entonces, también "precisamos ciencia para resolver los distintos problemas de la sociedad de hoy, pero también los del futuro, que no sabemos cuáles serán -argumenta de Paz- Lo mejor en tener especialistas en todas las áreas de la ciencia para ayudarnos a resolverlos y para eso hay que capacitarlos".

  • El juego sutil de las diferencias

“La diferencia con los ‘90 es que en esos tiempos se venía de una larga etapa de suave declive. En cambio, ahora venimos de una etapa de crecimiento de sector Cy T, con errores y falencias, seguro, pero que fue muy efectivo en reinsertar la importancia de la ciencia y tecnología en la sociedad, aunque hallan faltado muchos aspectos para mejorar”, acuerda de Paz.

“El desprecio por el quehacer científico, la subestimación de lo que hacemos y la desconfianza sobre el sector, es la misma. La frase hoy no sería que ‘vayan a lavar los platos’ pero la idea de ‘las mafias académicas’, es todavía más peligrosa”, advierte su colega Nercesian.

  • Una oportunidad perdida en el sector espacial

A la espera de un financiamiento privado que no llegó y contradice el espíritu del Plan Satelital Geoestacionario Argentino 2015- 2035, sancionado por ley en el Congreso de la Nación, la empresa estatal Arsat demoró sin fecha prevista no sólo la construcción del tercer satélite de la serie sino el programa integral que preveía el desarrollo de la industria del rubro.

“Lo más grave es la perdida de la posibilidad de que Argentina a traves de ARSAT e INVAP se consolide y gane mercados en la fabricación de satélites de comunicaciones -señala Guillermo Rus, co- autor de “Arsat en la encrucijada” -También la pérdida de oportunidades comerciales para expandir la operación de capacidad satelital en el país y la región”.

En su opinión, consecuencia “de una conducción que no cree en el crecimiento de su propia empresa. La cuestion pasa, a mi entender, por la concepción del gobierno de Cambiemos del rol del Estado, en donde hay un fraco retrroceso en multiplicidad de sectores y el espacial en particular”, interpreta el director de Latam, soluciones satelitales.