Una joven pasajera, Antonella Pozzi, viajaba el mes pasado en un colectivo de la línea 60 cuando notó que un hombre la miraba y, mientras lo hacía, se masturbaba exhibiendo su pene. Ante la violenta situación, ella tomó coraje y lo filmó, lo escrachó en redes sociales y enseguida le avisó de la situación, nerviosa y llorando, al chofer quien la contuvo y se acercó a la policía para que pudiera detener al acosador.

El desagradable hecho no es poco habitual pero sí la reacción solidaria del chofer y de los pasajeros. Siete de cada 10 mujeres experimentaron alguna situación de acoso en el transporte público (TP) en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) -que compone a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y 40 municipios de la provincia de Buenos Aires-, según Ella Se Mueve Segura (ESMS), un informe realizado por la Federación Internacional del Automóvil (FIA) y el Banco de Desarrollo de América Latina (CAF).

Allí se volcaron los datos de un estudio que analizó la seguridad personal de hombres y mujeres en el TP de Buenos Aires, Quito y Santiago de Chile: incidencia, reacciones y sensaciones de las víctimas y testigos y los cambios de comportamientos.

El 60% no hizo ninguna clase de denuncia y sólo el 55% de las víctimas se lo contó a alguien

En sus páginas, el reporte definió al acoso como “la atención (sexual) no deseada o molesta”.

Se da en el colectivo, subte o tren cuando una persona es destinataria de palabras obscenas de carácter sexual por parte de un pasajero, de manoseo y/o apoyo sobre su cuerpo; también si su figura es fotografiada sin su consentimiento, el haber sido perseguida o si otro pasajero le mostró sus genitales.

Ciudad de pobres corazones

En AMBA, el estudio ESMS buscó indagar en las prácticas de movilidad cotidiana y visibilizar la inseguridad en función de cómo afecta la circulación de las personas; también, “incidir en la incorporación de la perspectiva de género en la planificación y gestión del transporte y de las ciudades” para “colaborar en la articulación entre sectores y áreas” y apoyar la elaboración de soluciones integrales.

La encuesta se realizó en paradas de colectivos, estaciones de subte y de trenes, a hombres y a mujeres de entre 18 y 65 años.

Las preguntas se dividieron en información socioeconómica, hábitos de transporte diarios y percepción de la seguridad al viajar en el TP. También se trabajó con entrevistas a grupos focales.

“La mayoría de las mujeres que entrevistamos y que participaron de las discusiones estuvieron bien predispuestas a hablar de sus experiencias”, aseguró a BAE Negocios la experta en TP urbano y principal escritora del informe ESMS, Heather Allen.

Entre las conclusiones, se destaca que en AMBA el TP es el más usado (49%), al igual que en el resto de la región. Según el Ministerio de Transporte de la Nación, en base a datos de 2009-10, el 51,4 % de las personas que se movilizan en él son mujeres y el 46,5 %, hombres.

En cuanto a cómo viven la experiencia cotidiana, los entrevistados tuvieron expresiones ligadas a que viajan en subte, colectivo o tren por necesidad, que les genera estrés y que rige la ley de la selva. El 64 %, de hecho, reconoció sentirse inseguro en el TP; una percepción que es mayor en mujeres (72 %) que en hombres (58 %).

Además, los consultados señalaron que lo que les hace sentir mayor inseguridad es viajar de noche (18 %), que haya mucha gente dentro del colectivo/vagón (17 %) y el momento de viajar hasta o desde la parada del colectivo, tren o subte. De todos modos, lo más grave es que el 89 % de las mujeres, admitió haber sido acosada dos o más veces en el TP. También lo manifestó un 11 % de los varones.

Por otra parte, “fue claro en AMBA cómo aumentaron significativamente los viajes de las mujeres cuando éstas tuvieron hijos. El mayor uso de colectivos y los acosos que ocurrieron en ellos, también fueron ligeramente más altos que en otras ciudades”, reconoció Allen.

Mirar para otro lado

En cuanto a las reacciones ante el acoso, la mayoría de las víctimas manifestó haberse cambiado de vagón o de asiento o haberse bajado del transporte; mientras que la minoría, como el caso de la joven Pozzi, le contó la situación al chofer o a otros pasajeros. Abundan las actitudes indiferentes, pasivas, egoístas y miedosas frente al acoso, así como tensión y agresión.

De hecho, el 60 % de los encuestados no hizo ninguna clase de denuncia y, entre las mujeres que sufrieron acoso, sólo el 55 % se lo contó a alguien.

Es importante tener en cuenta, sin embargo, que es delito penal y, por lo tanto, se puede denunciar a la policía el acecho, la exhibición y la masturbación, así como un ataque físico y, obviamente, la violación.

En ESMS también señalan que las mujeres de la región implementan tácticas como evitar movilizarse en el TP, cambiar de medio, modificar trayectos, viajar acompañadas o ubicarse en sitios estratégicos tanto en el TP como en las paradas. También procuran no subirse de noche y estar más alertas.

Finalmente, el informe elaborado por la FIA y la CAF detectó un fuerte obstáculo:; la desconfianza por parte de los pasajeros en el apoyo de la comunidad, en la actitud y capacidad de las autoridades, en la protección jurídica o pública y en la justicia.

Desafíos públicos

Es clave “crear un círculo virtuoso de libertad, igualdad y equidad” porque cuando las sociedades son dinámicas y sostenibles se logra salud, riqueza y bienestar, aseguran en el informe Ella Se Mueve Segura. En este sentido, se proponen tres áreas de acción en las cuales enfocarse:

  • Operación: tecnología para vivir la ciudad (para conocer horarios e indicador de paradas, por ejemplo), dispositivos de seguridad (botones de pánico y cámaras), mayor presencia de personal de seguridad (incluir guardias mujeres), más frecuencia y número de unidades.
  • Comunicación: informar sobre precedentes y sobre cómo denunciar, trabajar en la sensibilización de los funcionarios y ciudadanos y en innovar.
  • Empoderamiento: fomentar la empatía y la sanción social al poner en evidencia al acosador y realizar auditorías de seguridad en comunas.

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