Unos cuarenta años atrás, el genial Ingmar Bergman presentaba el film "El huevo de la serpiente", una obra maestra que muestra los males y temores que engendraron al nazismo. Una pintura de la Alemania de los años 20, con una economía destrozada por la derrota en la Primera Guerra Mundial, el antisemitismo, el miedo al futuro, el odio hacia los extranjeros y la aparición de un líder mesiánico. En Suecia, la tierra natal de Bergman, uno de los países europeos con mayor respeto a la diversidad y de brazos abiertos al extranjero, se ha consagrado días atrás el avance la extrema derecha xenófoba y antiglobalizadora en el viejo continente.

Con el 18 por ciento de los votos, los ultraderechistas Demócratas Suecos (DS) cosecharon el mejor resultado electoral de su historia, frente a una amarga victoria del partido socialdemócrata, en el poder desde hace décadas. La recesión económica que pone en crisis el Estado de Bienestar, el racismo creciente frente a las olas migratorias, la globalización con su pérdida de empleos, el desencanto, hasta el ejemplo de Donald Trump que llega del otro lado del Atlántico, hacen que la extrema derecha gane terreno en Europa, incluso atrayendo a jóvenes que temen por su futuro. Y la pregunta es si estamos presenciando "el huevo de la serpiente", si es posible el regreso de los regímenes totalitarios de la década del 30.

¿La madre de todos los problemas?

Horst Seehofer, el conservador ministro del Interior alemán, aseguró que "la inmigración es la madre de todos los problemas", que vive su país. Lo hizo después de las manifestaciones xenófobas de la ultraderecha en la ciudad de Chemnitz, donde dos inmigrantes un iraquí y un sirio-, fueran detenidos como sospechosos del asesinato de un hombre de 35 años. Este suceso disparó la violenta "caza de inmigrantes" llevada adelante por grupos de extrema derecha que agredieron a varios extranjeros. "Esto no convierte a la gente enojada en nazis", añadió Seehofer,

Claro que el ministro tiene otros temores. En octubre su partido conservador podría perder la mayoría en las elecciones regionales en Baviera, donde crece la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Por eso los conservadores, aliados de Angela Merkel, llevan meses endureciendo su discurso en cuestiones migratorias.

Pero las manifestaciones de la extrema derecha en Chemnitz fueron más allá de repudiar la llegada de inmigrantes islámicos: un grupo atacó con piedras el restaurante judío Schalom. Los hechos ocurrieron la noche del 27 de agosto. "Me tiraron diversos objetos y alguien me gritó:¡Cerdo judío, fuera de Alemania!", contó a la agencia AFP el propietario del local, el restaurante, Uwe Dziuballa.

La agenda antiinmigrante, que está en la base del crecimiento de los partidos de extrema derecha, tiene una fuerte aceptación entre grupos que están fuera del mercado de trabajo o en una situación laboral insegura. Y que rechazan las políticas inmigratorias del ala socialdemócrata de la Unión Europea.

El susurro

"Europa tiene que reaccionar. La ultraderecha está ganando cada vez más terreno", advirtió en su editorial del 27 de julio, El País de Madrid. Lo tituló "El susurro". En él describe este momento de caída de credibilidad de las democracias europeas:

"La globalización, sobre todo después la crisis económica que estalló en 2008, ha dejado tiritando a la intemperie a millones de personas en distintos lugares del mundo. Tienen miedo. Han perdido su trabajo, no encuentran muchas salidas en lontananza. Y por eso les resulta muy convincente ese susurro hipnotizador que los consuela como víctimas y les promete recuperar la gloria perdida. Luego vendrán, poco a poco, las movilizaciones, las banderas y los rituales, y después, las urnas. La ultraderecha está ganando cada vez más terreno. Europa tiene que encontrar la manera de desarmar ese susurro".

El alemán Götz Kubitschek, está considerado como uno de los ideólogos y activistas de la nueva derecha europea. El mismo se definió como "el generador de ese susurro que está detrás de cada partido", al que hace referencia el editorial de El País.

"Asistimos a un renacimiento conservador en el mundo. Hemos caminado tanto en la dirección errónea, que el péndulo ha empezado regresar y no sabemos cómo de lejos va a llegar", señala Kubitschek, para quien se ha terminado un ciclo político europeo que comenzó con la revolución de izquierda de 1968. "A ojos de los progresistas es una verdadera revuelta conservadora agrega-, pero es que no se puede gobernar durante años al margen de la realidad. Lo de ahora es una ducha de agua fría de realidad y es tan sanadora como la literatura. Es la realidad frente a las mentiras de la izquierda".

Kubitschek rechaza a los refugiados, "querer cerrar la frontera no es querer construir un campo de concentración. Y quien no da la bienvenida a todos los inmigrantes no quiere decir que tenga algo en contra de los judíos", señala. E insiste: "Hay un exceso de población en África y en el mundo árabe pero en Europa no podemos reequilibrar, no es la solución aceptar a dos millones de personas".

Obvio, apunta a los inmigrantes por un supuesto las cifras oficiales lo desmienten- aumento de la criminalidad en Alemania: "Los inmigrantes están sobrerrepresentados en algunos delitos graves, pero si dices esto te llaman nazi. Eso es algo que la gente normal no puede entender, el 80% de la gente está de acuerdo de que hay que acabar con esta situación", dijo en declaraciones periodísticas.

En América, Trump ¿y Bolsonaro?

Götz Kubitschek no oculta sus similitudes con el presidente norteamericano Donald Trump. Como él, habla a los perdedores de la globalización. "La gente se siente insegura cuando ve las fábricas que cierran de la noche a la mañana para irse a producir a un país más barato y mucha gente pierde su trabajo", señala.

En efecto, la extrema derecha europea ve el triunfo de Trump y su "antipolítica" como un ejemplo, un espejo en el cual mirarse electoralmente. El actual presidente de Estados Unidos llegó al poder con la promesa de un muro que termine con los inmigrantes ilegales que llegan desde México y de hacer retornar a las empresas norteamericanas que mudaron su producción a países asiáticos. Incluso ven un paralelismo entre los europeos afectados por la falta de trabajo y el sector denominado despectivamente "white trash" basura blanca-, marginales de Estados Unidos que forman parte de la base electoral de Trump.

En el sur del continente, y mucho más cerca de la Argentina, muchos analistas ven en el candidato a la presidencia brasileña, Jair Bolsonaro, un perfil parecido a Trump y a la francesa Marine Le Pen. Este diputado de ultraderecha y ex militar, no duda en hacer declaraciones en defensa de la dictadura, a favor de la pena de muerte y en contra de las mujeres, los gays, los negros y los inmigrantes. Incluso pone en duda el funcionamiento del Mercosur atención Argentina-, de la misma manera que sus colegas del viejo continente cuestionan a la Unión Europea.


Efecto contagio

El ascenso de los Demócratas de Suecia (DS) de Jimmie Akesson, confirma la tendencia europea del corrimiento hacia fuerzas electorales de ultraderecha como en Austria, Hungría y Noruega donde gobiernan partidos similares con o sin aliados conservadores. Poco a poco, los argumentos de los ultranacionalistas han calado en una parte de la sociedad, también entre los votantes de otros partidos que quizá no los apoyen hoy electoralmente, pero sí reconocen que los partidos tradicionales no han sabido gestionar los problemas económicos derivados de la globalización ni integrar adecuadamente la elevada cifra de inmigrantes que han ido llegando al país en estos últimos años.

Es que además de su rechazo a la inmigración, estos partidos proponen distintos programas económicos basados en subsidios a familias y pequeños empresarios, así como la nacionalización de sectores privados de la producción.

Por eso hay un peligroso efecto contagio en otros sectores de la arena política europea. Lo que se ve es que fuerzas conservadoras tradicionales se ven arrastradas a posiciones más extremas para tratar de parar el ascenso de sus competidores ultras y su discurso antieuropeísta.

Por otro lado, los partidos extremistas también se están "aggiornando" para crecer electoralmente en esa parte de la sociedad que aún rechaza la simbología xenófoba y los desfiles marciales que utilizaban estos grupos en sus nacimientos.

Volviendo al caso sueco, Jimmie Akesson, líder del DS, abjuró de los más extremistas de su partido y se separó de la rama juvenil del partido, que formó Alternativa para Suecia, el 5 de marzo de este año. Su presidente Gustav Kasselstrand cree que su ex compañero es un moderado. Akesson bajó los decibeles en sus declaraciones públicas y hasta criticó al nazismo para ganar una porción más moderada del electorado. Pero nadie olvida que el DS nació de un embrión neonazi llamado Mantén sueca a Suecia.

Algunos aún confían en que los extremistas se moderarán una vez estén al poder, pero eso no ha ocurrido en Hungría y Polonia. La tensión no es menor y ha llevado al presidente de Francia, Emmanuel Macron, en hablar de una "guerra" contra el nacionalismo.

Reagan en Budapest

Hungría es quizás el país europeo donde más se nota el crecimiento de estos partidos de ultraderecha. De hecho están en el poder. Y las declaraciones de su primer ministro, Viktor Orban, han llevado al titular de Derechos Humanos de la ONU, Zeid Raad Al Hussein, a hacer pública su preocupación. Es que no solo el gobierno húngaro rechaza totalmente los pedidos de asilo en este país, sino que Orban aseguró que los inmigrantes buscan invadir Europa para destruir la "cultura europea".

Una muestra del predomino de una ideología de derecha y de un fuertísimo anticomunismo en Hungría se puede encontrar en la plaza Szabadság, apenas a tres cuadras del hermoso Parlamento húngaro, a orillas del Danubio. Allí se ha instalado desde 2011 una estatua del ex presidente norteamericano Ronald Reagan de más de dos metros de altura. El motivo del tal homenaje: su gran cruzada contra las ideologías de izquierda en el mundo.

Cerca de allí, en Italia, el nuevo gobierno está considerado como el más derechista desde la caída del régimen fascista de Benito Mussolini. El flamante primer ministro adjunto y ministro del Interior, Matteo Salvani, está basando su gobierno en la deportación ya superó la expulsión de medio millón de refugiados- y en reforzar la policía, como se ha acordado en el pacto del gobierno de coalición entre la Liga y el Movimiento Cinco Estrellas. Además, ha cerrado los puertos del sur del país a la llegada de inmigrantes africanos, con lo que han aumentado los muertos en esas aguas (ver aparte).

Signo de estos tiempos

En la sede de la Unión Europea en Bruselas, se lo acepta como un signo de estos tiempos en los que la ultraderecha es ya parte del paisaje político europeo. Ocurre que desde julio último Austria asumió la presidencia de la UE, con una coalición de conservadores con ultraderechistas, y un programa centrado en la lucha contra la inmigración y la seguridad.

Liderado por el joven canciller conservador, Sebastian Kurz, de solo 31 años, esta presidencia austríaca de la UE es semestral- tiene como lema "Una Europa que protege".

¿Hasta dónde llegará este crecimiento de la ultraderecha? Es una pregunta que gana fuerza en Europa. Los signos no son alentadores. Con su obra, Ingmar Bergman mostró en 1977 el horror a través del huevo de una serpiente. ¿Se estará a tiempo de no repetir la historia?

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