"El lenguaje es el bien más precioso y a la vez el más peligroso que se ha dado al hombre"
Friedrich Hölderlin

El lenguaje es un instrumento generado para comunicar ideas, relacionarse y tomar decisiones. En el caso del lenguaje del humano podría atribuírsele características muy complejas e intersubjetivas.

Existen otros modos de lenguaje al convencional, como el gestual o el musical. Es decir que le asignamos a nuestro pensamiento otros tipos de idiomas. Además se le asigna musicalidad (prosodia) al significante -palabra, por ejemplo interrogaciones, exclamaciones o acentos. De ahí a que Saussure llame "imagen acústica" a las palabras, haciendo un singular juego entre palabras y musicalidad.

Esta complejidad es dada por la construcción gramatical del mismo, su heterogeneidad, significados que conllevan carga de ideas e historicidad personal. Dado que el humano puede hablar de cuestiones sucedidas, incluso de hace cientos o miles de años. Esta carga intelectual lleva a pensar en la exclusividad lingüística del homo sapiens. Así, el lenguaje humano es una premisa central de la intersubjetividad y de la posibilidad de intercambiar información aprendida, para luego transmitirla a generaciones sucesivas. Agrandando su contenido y variabilidad. Este modo acumulativo de aprendizaje de información, a través de su "impulso cultural" ha servido para el desarrollo de la cognición del homo sapiens.

El estudio del lenguaje en la instancia de la política puede realizarse para convencer. Pero también para agigantar diferencias (una grieta) o para relacionarse y establecer una idea en común que acerque a la tolerancia y el acuerdo. Genera asociaciones colaborativas que han sido claves en el desarrollo instinto gregario, y de los paradigmas culturales y morales de las sociedades primitivas.

Esto se repite en sociedades desarrolladas que respetan los derechos de sus congéneres a partir de valores construidos con el acuerdo social, lo cual requiere de aprendizaje, innovación, transmisión y entendimiento, de ahí la importancia del lenguaje preciso.

La construcción funcional del lenguaje se produce en forma diacrónica y en forma inconsciente

El filósofo y lingüista escocés Lord Monboddo hizo, anticipando a Charles Darwin y a su teoría de la selección natural, un análisis histórico comparado de diferentes idiomas y propuso por primera vez pensar al lenguaje como una herramienta de supervivencia desarrollada por la especie humana con el fin de facilitar la vida comunitaria en los albores de la civilización. Ferdinand de Saussure, el suizo fundador de la semiología, definió en cambio al lenguaje como un sistema intersubjetivo de signos compuestos por el binomio indisoluble de significante y significado. Otros filósofos, entre ellos el notable alemán Ludwig Wittgenstein, prefirieron vincularlo con la realidad implicada en los procesos comunes del pensamiento, postulándolo como la manifestación directa del pensar. El problema fundamental es entonces entender de qué hablamos cuando hablamos de lenguaje. Como las teorías de las que disponemos difícilmente puedan alcanzar un carácter absoluto, tal vez en todas estas definiciones podamos encontrar cierto grado de verdad. Es posible pensar al lenguaje tanto como un instrumento que expresa nuestras ideas así como un proceso mental previo o desligado de ellas.

Numerosos estudios de resonancias magnéticas funcionales presentan actividad localizada en las zonas cerebrales del lenguaje (área de Broca) al momento en que el sujeto analizado habla; pero esto cambia enormemente cuando a la persona intenta comprender y se pone a pensar lo que se le hace decir. Es entonces cuando se encienden más áreas de la corteza, de comprensión y cognitivas, siendo todas ellas parte de un mismo proceso. De esto se deduce que una cosa es expresar y comprender palabras y otra diferente son los procesos previos que las producen. Este acontecimiento cerebral es una de las premisas claves para comprender la capacidad intelectual del ser humano en comparación a la de otros animales, incluso frente a nuestro pariente vivo más cercano: el chimpancé, que comparte con nosotros el 99% de los genes. Sin embargo, esta "capacidad superior" no es tal desde el momento en que nacemos: estudios realizados en 1967 por Allen y Beatrix Gardner en la Universidad de Nevada muestran que, comparativamente, los chimpancés al año y medio pueden llegar a saber más palabras (a través de un idioma de señas) que cualquier ser humano de ese mismo tiempo de vida. Durante este estudio ocurrió además que por primera vez un ser vivo no humano logró aprender un lenguaje de señas: fue la chimpancé Washoe.

Luego de los veintiocho meses de vida, el humano desarrolla de forma intempestiva y repentina cientos de ideas semánticas que antes no poseía, probablemente como expresión de genes del lenguaje que se mantienen silenciosos hasta ese momento. Se entiende por eso que el humano nace mucho más "inmaduro" que el chimpancé, incluso en otras funciones como la motora, dado que pueden deambular mucho más temprano que nosotros. Es interesante destacar que, así como Kant sostenía que los conceptos de espacio, tiempo y causalidad nos son innatos, algunos filósofos de la mente sostienen que nacemos con pocas ideas semánticas y en el comienzo tendríamos sólo dos pares antagónicos fundamentales: lo lindo/feo y lo bueno/malo, que luego se transformarían en lo ético y en lo estético a través de la formación cultural y social del humano.

La información que vamos adquiriendo del medio social, como las palabras y sus significados, se acumula en proteínas que se van expresando en nuestras neuronas, cual disco rígido personal, conformando así nuestra subjetividad. Esto provoca a lo largo de la vida que, a partir de la toda la información adquirida, seamos una persona con una idiosincrasia única e irrepetible. De esto a la importancia de que nuestras neuronas no mueran y se reproduzcan: si ellas cambiaran a diario como las células de la piel, todos los días seríamos una persona diferente y con un lenguaje distinto.

El lenguaje presenta un origen primitivo, se observan idiomas primitivos en chimpancés, delfines y papagayos, con aprendizajes del mismo. Existiría en el humano una mayor complejidad poligenética impactando en la aparición de la capacidad lingüística del humano. Por ejemplo, existe un gen llamado FOXP2 que cuando falta produce problemas en la planificación del mismo. Además presentamos modificación en la laringe y un gran crecimiento de zonas corticales cerebrales relacionadas con lo idiomático.

La especialista en psicología comparada Heidi Lyn de la Universidad Emory ha estudiado chimpancés bonobos, también 99 por ciento genéticamente parecidos al humano y que no presentan macho alfa, siendo el más democrático de los primates. Observó cómo estos monos aprenden el lenguaje de señas de los humanos. Esto no sucedería si no toman contacto con nuestra especie. Es decir, tienen una gran capacidad de aprender nuevas conductas, condicionadas por el lenguaje gestual.

La palabra es esencial a la hora de explicar una idea, partiendo de una premisa semántica clara se necesitará un conjunto de atributos articulatorios, mnésicos y procedurales que permitan comunicar correctamente la idea que pensamos.

La construcción funcional del lenguaje según Saussure se produce en forma diacrónica a través del tiempo y probablemente en forma inconsciente. Sin embargo, aunque esto es cierto, la inclusión de propuestas de ideas, como sucede en el caso de identidad de género, plantea una fenómeno inverso: que desde el lenguaje consciente se impacte en la conciencia y también en el inconsciente colectivo. Esto produciría modificaciones en el conocimiento de la gente, generando probablemente modificaciones lingüísticas inconscientes por un camino inverso, pudiendo modificar la toma de decisión social.

El manejo del lenguaje es sustancial a la hora de comunicar la información e impactar en un grupo humano. Un lenguaje, simple, claro, seguro y no repetitivo será el mejor entendido. Acompañado de la gesticulación, el tiempo y la musicalidad adecuada, ayudará activamente a la idea que se quiera que transmitir.

El lenguaje es un instrumento y como toda herramienta debería utilizarse para el bien común. Pero su manejo también lo conoce y desarrolla los que no lo desean, como ya ha sucedido. Entender al mismo será sustancial a la hora de enfrentar a quien lo utilice para mentir o sólo para su beneficio personal.

*Neurólogo cognitivo y doctor en Filosofía.