Sin un proyecto político de oposición claro y con una dirigencia partidaria dividida y carente de un liderazgo definido, el peronismo atravesó durante el año que culmina una tormenta en aguas profundas que le dejó serias escoriaciones en su estructura. El balance general no fue bueno, en tanto que la perspectiva para los próximos doce meses se presenta plagada de misterio.

Las derrotas a manos de Cambiemos que sufrieran los gobernadores Domingo Peppo (Chaco), Gustavo Bordet (Entre Ríos), Sergio Casas (La Rioja), Juan Manuel Urtubey (Salta), Rosana Bertone (Tierra del Fuego) y Juan Schiaretti (Córdoba), profundizaron las alertas respecto a la crisis profunda por la que atraviesa el septuagenario partido, pero además, alejaron a varios de esos mandatarios provinciales del pelotón del que saldrá el candidato que en 2019 intentará arrebatarle la presidencia a Mauricio Macri, o a quien este disponga como su sucesor.

En el otro extremo se ubicaron los mandatarios provinciales Sergio Uñac (San Juan), Juan Manzur (Tucumán), Gildo Insfrán (Formosa) y Gerardo Zamora (Santiago del Estero), quienes ante las holgadas victorias, se terminaron posicionando como los hombres fuertes dentro del PJ nacional y quedaron habilitados para probarse el traje de jefe de Estado.

Tras el vuevo reordenamiento, varios de los caudillos decidieron romper lanzas con el liderazgo que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner supo ostentar.

"La construcción del nuevo peronismo debe ser sin Cristina Fernández. No me representa", dijo en su momento Urtubey, cuando aún soñaba con erigirse en presidenciable. La voz del salteño no era un grito en el desierto, por el contrario, representaba el sentir de muchos de sus compañeros de ruta, quienes sin embargo y ante un escenario polarizado, necesitaban áun de la figura de la "jefa" para no resignar en los comicios, poder territorial.

La derrota de Cristina ante Esteban Bullrich en la disputa por la senaduría de Buenos Aires arrojó una imagen suya algo descolorida, sin embargo, al momento de reconocer su traspié, se encargó ella misma de trazar el futuro: "Aquí no se acaba nada, hoy aquí empieza todo", dijo.

La convocatoria de Macri a los gobernadores por la reforma previsional pareció ser la excusa perfecta: convertidos en interlocutores directos del poder central, optaron por cortar los puentes con la otrora todopoderosa ex mandataria.

"La ex presidente es un círculo político que está concluido, está terminado. Hoy hay que pensar en propuestas nuevas y superadoras", dijo suelto de cuerpo el tucumano Manzur.

"El peronismo tiene que volver a las bases", aggiornar sus principios "a la actualidad" e ir en busca de "un dirigente que lo "represente", agregó Uñac.

A tono con la época, la nueva conducción del PJ bonaerense, encarnada en la figura del intendente de Merlo, Gustavo Menéndez, comenzó su mandato advirtiendo que "Cristina puede ayudar mucho o entorpecer mucho la reconstrucción del peronismo".

Enarbolando la bandera de la unidad, el merlense no duda en sumar a todos los peronistas que emigraron. En esa dirección, convocó para el 16 de febrero próximo a una reunión del Consejo partidario en Santa Teresita, donde aspira sentar a Florencio Randazzo y Sergio Massa.

Bajo su conducción, el PJ de la provincia deberá construir un candidato que le dispute la gobernación a María Eugenia Vidal, pero también apuntará a sumar un representante a la grilla de los presidenciables.

La falla de fondo que exponene ambos bandos -gobernadores e intendentes- es la ausencia de un borrador que explique cómo y de qué manera enfrentarán las políticas del gobierno nacional y cuales serán los instrumentos que en 2019, les permita recuperar la suma del poder perdido.