Las elecciones de medio término en los Estados Unidos usualmente representan un "termómetro" sobre el rumbo de la gestión presidencial, y las posibilidades de reelección en los casos de un primer período, como es el actual de Donald Trump. Y fue también un virtual plebiscito sobre el rumbo del país bajo el comando del empresario inmobiliario que llegó como un "outsider" a la arena política estadounidense, y amparado en esa condición avanzó con numerosas medidas que han puesto en primer plano las divisiones de la sociedad estadounidense.

La cuestión migratoria es la primera de ellas. La retórica inflamada del presidente, su idea de construir un "muro fronterizo" para evitar el ingreso de inmigrantes ilegales desde México, la política de separar a las familias en la propia frontera para proceder a su deportación, han galvanizado al núcleo duro de los votantes republicanos en muchos estados que ven a los inmigrantes como potenciales "ladrones" de los puestos de trabajo de los ciudadanos estadounidenses nativos. 

La "guerra comercial" en varios frentes que encaró la administración Trump también se inscribe en esa lógica. Para "Hacer América Grande de Nuevo" el slogan que impuso en la campaña presidencial de 2016, Trump encaró una agresiva política arancelaria no sólo con su principal "enemigo" como China, sino también con sus mayores e históricos socios comerciales, como México y Canadá, que han debido renegociar los términos de su acuerdo de Libre Comercio bajo la amenaza de cierre del mercado estadounidense. También la Unión Europea debió transigir para evitar la aplicación de nuevas sanciones. Pero la aplicación de punitivos por parte de EE.UU. está llevando a varios países a unirse para comerciar sin recurrir al dólar, lo que amenaza con disminuir la influencia estadounidense en varias regiones, ya que países como China, Rusia, Japón, Turquía, Irán y la India están discutiendo el abandono de la moneda estadounidense para sus tratativas comerciales.

No obstante, el fuerte crecimiento económico que llegó de la mano de la reforma impositiva encarada por Trump actúa como combustible para la ilusión del mandatario de acceder a un nuevo mandato en 2019. Aunque aquí también hay zonas grises: el impacto de la rebaja impositiva se atenuaría a partir del año próximo, sobre todo en las familias de menores recursos, si bien seguiría beneficiando de forma importante a los contribuyentes de más altos ingresos. Y se incrementaría el déficit fiscal, una pesada carga que no obstante no parece pesar demasiado en ningún presidente estadounidense, ya que a la larga ¿Quién se anima a ir a cobrarle una factura a la Casa Blanca?