Bajo las urgencias de coyuntura bloques de la CGT decidieron, en sendas reuniones, respaldar al triunvirato rumbo a la consolidación de un solo secretario general, para el cual ni siquiera hay casting o candidatos con consenso ínfimo. La sede de los trabajadores del Gas con Oscar Mangone como anfitrión recibió en el mediodía de la víspera a un nutrido grupo de dirigentes sindicales. Por la tarde en la UOCRA de Gerardo Martínez con algunos asistentes al primer convite, y ausencias notables, otro grupo abordó los mismos temas de contenido gremial y el "momento económico del país".

Mangone es considerado uno de los dirigentes del movimiento obrero con mayor llegada y diálogo ante el Gobierno, además de ser amigo personal del papa Francisco. Sus pares bromean que él achica grietas que para otros son insalvables. A a su mesa se sentaron cegetistas como Héctor Daer, Carlos West Ocampo, Armando Cavalieri, el referente de las 62 Ramón Ayala y José Luis Lingeri. Pese a la ebullición interna del MASA, que no cesa y hace ruido, llegaron a esa reunión Sergio Sasia (Unión Ferroviaria), Guillermo Moser (Luz y Fuerza) y Omar Viviani (Taxistas). Fue "reunión secreta" de temas obvios y la conclusión pactada puso proa a "respaldar al triunvirato" al menos hasta marzo y sentar bases de un proyecto en común, lema del MASA desde hace tiempo pero que sumó simpatías en otrora detractores.

Mientras esto sucedía, la Corriente Federal (CFT) se pronunciaba una vez más en la voz del bancario Sergio Palazzo quien enarboló una vez más su diagnóstico. "La CGT ya está dividida", acuño sin usar potenciales, pasando facturas por el último paro "con decisión inadmisible de no movilizar" y referencias directas al subrayado de situación que hizo público la semana pasada Antonio Caló (UOM) a BAE Negocios.

Por la tarde en la sede del sindicato de la Construcción, llegaron Omar Maturano, Hugo Moyano, Luis Barrionuevo, Carlos Acuña, Andrés Rodríguez, entre otros, a compartir la merienda con el anfitrión. Ninguna sorpresa para el eje del análisis pero matices de análisis previsibles entre los interlocutores. A la vista del Gobierno la división de la división, como antes la "disfrutó" el gobierno de Cristina Fernández, resta energía a la central e incrementa las "necesidades" de convertirse en interlocutores ante la Casa Rosada.

Se insiste, recaer con fiereza en Carlos Acuña, Juan Schmid y Héctor Daer, el triunvirato que asumió en agosto de 2016 es desleal. Aún con la certeza de que el o los sillones máximos de Azopardo son aspiración para todo jefe gremial. Los fantasmas del movimiento obrero, los que "dicen detentar el poder real", la rosca y la agenda del Gobierno condicionaron a los triunviros aún en sus errores y mucho más en sus mejores intenciones.

Como suelen subtitular los capítulos de las mejores series de TV una palabra basta para no cerrar interrogantes y abrir otros. Ese vocablo es: continuará.