El nombre Marita Verón y la lucha de su madre, Susana Trimarco, sigue resonando en los medios como uno de los casos de desaparición y trata de personas más emblemáticos. En 2017, trece miembros del conocido como “Clan Alé”, vinculados con su secuestro, fueron condenados a prisión por el lavado de más de 40 millones de pesos y a pesar de que el dinero ilegal tuvo su origen en la explotación sexual, el daño social del delito se dejó de lado y la sentencia se basó en ese número: un cálculo frío y meticuloso de las cuentas que se podían sacar.

El mercado de la criminalidad económica fue estudiado siempre desde los flujos ilegales de dinero y sus maniobras para transformar lo ilícito en lícito. Sin embargo, al hilar fino y correr el velo en el escenario que propicia estos delitos, la división sexual de tareas aparece como la matriz generadora y sostenedora de un sistema que así como en lo formal, en lo informal también se monta sobre las desigualdades de género para funcionar.

En algunos delitos, como la trata de personas, la modalidad de las “mecheras” o el trabajo forzoso, por ejemplo, en talleres textiles clandestinos; la relación con la explotación de las mujeres y disidentes está clara, pero en otros, como la evasión impositiva o el blanqueo de capitales el vínculo es más complejo. Es que más allá de las consecuencias visibles, las mujeres y disidentes asumen roles de subordinación bajo los cuales toman parte de estos crímenes económicos y sufren el impacto más profundo.

Así lo plantea el equipo de Investigaciones Feministas sobre el Poder Económico del CIPCE que comenzó a estudiar estos fenómenos desde esta perspectiva. La socióloga e investigadora del equipo Antonella Comba explicó el mecanismo: “Sobre los sectores feminizados se montan los mercados criminales desde los que se obtienen ganancias ilícitas y ese capital suele quedar en manos de cuerpos masculinizados que lo insertan en el mercado formal por medio de estrategias de lavado de dinero”.

Por la ilegalidad y opacidad de los casos, las cifras que dan cuenta de estas relaciones son difíciles de rastrear. Algunas pueden ilustrar: de acuerdo a un informe de la OIT, el 99% del total de las víctimas de trata en 2016 eran mujeres y niñas a nivel mundial, un mercado que mueve más de 500 millones de dólares en América Latina. El negocio ilegal del aborto clandestino en  Argentina no sólo se lleva la vida de miles de mujeres, sino que maneja 15 mil millones de pesos anuales. El mercado de armas también. Según un informe preliminar de INECIP, publicado en diciembre de 2017, aproximadamente uno de cada cuatro femicidios se produce con armas de fuego.

Los cuerpos de las mujeres sirven como usufructo del delito y las maniobras de evasión y elusión impositiva y el lavado de activos vuelven a la criminalidad redituable y permiten su expansión. En estas investigaciones se asume que los actores de estas operaciones son los mismos que participan en flujo legal del capitalismo. “Las sociedades offshore y paraísos fiscales, por ejemplo, son instrumentos que no se utilizan propiamente para el delito sino que toda esa riqueza generada tiene sustento en un armado que es necesariamente patriarcal”, aseguró la abogada y también integrante del CIPCE Martina Cirimele.

Empresarios, productores agropecuarios, banqueros, funcionarios y el propio Estado: nadie se salva. El vínculo con crímenes como la corrupción es más complicado ya que se debe explicar partiendo de una abstracción. De igual manera, “genera un daño social que impacta con mayor fuerza en los sectores populares”, analizó la especialista “pero hay que tener cuidado porque no impactan de la misma manera en toda la mayoría. En las mujeres y la población LGTBIIQ el daño es más cruel”, afirmó.

El papel del Estado y su modo de gestión no es menor. El traspaso de actores del sector privado al público que eventualmente regresan al primero se conoce como “puerta giratoria”. El equipo de Investigaciones Feministas sobre el Poder Económico cita el caso del ex ministro de Finanzas Luis Caputo quien en 2016 autorizó el giro de 450 millones de pesos del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSES al fondo de inversión Axis, del cual había sido fundador y titular. O el mismo presidente Mauricio Macri quien intentó condonar la deuda que Correo Argentino S.A. mantiene con el Estado Argentino desde fines de los 90’. Empresa suya y sociedad familiar.

“Podemos ver como empresarios ahora devenidos en funcionarios de alto rango utilizan la estructura estatal para generar movimientos de entrada y salida de capitales, toma de deudas, realizan condonaciones impositivas, entre otros, en un marco de desregulación absoluta del sistema financiero y sin que el interés del Estado se pose sobre el origen y destino de dichos flujos”, indicaron. En esta línea, Antonella Comba criticó: “Donde hay un negocio ilícito es porque el Ejecutivo está regulando y desregulando fuerzas”.

La fuga de capitales y la toma de deuda de un Gobierno se replicarán en la población con el ajuste, modificando las condiciones de vida sobre todo, de los sectores más pobres. “Cuando el Estado pierde su capacidad de recaudación recorta en políticas públicas, y afecta de forma diferencial en las mujeres y sobre todo, porque las primeras en suprimirse son aquellas relacionadas a reducir la brecha de género”, afirmó Cirimele.

Así, los movimientos de activos y flujos legales e ilegales “tan difíciles de separar”, según las especialistas, que a simple vista parecieran no estar relacionados con la desigualdad entre hombres y mujeres, encuentran el panorama propicio para explotarla, profundizarla o reproducirla. Con sólo observar el mercado de trabajo argentino según los últimos datos del Indec, se materializa el sistema: el desempleo en los varones es del 9,2% pero el de las mujeres, de 11,2% y asciende a 23,1% en menores de 29 años, así como en la población masculina el número es 18,5%.

La división sexual del trabajo por la que que las mujeres sostienen las tareas reproductivas para que el sistema capitalista funcione “también reproduce las lógicas del patriarcado”, puntualizó Cirimele”; entonces “la criminalidad económica también replica su forma y sigue movilizando su capital”.