Pese a encontrase cercada por una andanada de causas judiciales y con la casi certeza de que el bloque peronista que en la Cámara alta encabeza Miguel Pichetto no dará quórum a un posible pedido de desafuero, la senadora Cristina Fernández comenzó a dar los primeros indicios del tipo de oposición con la que desde su bloque pretende enfrentar las políticas del gobierno durante el proximo año: Apretando los dientes y de una manera intransigente.

Poseedora de un caudal electoral importante y de una oratoria envidiable, la ex jefa de Estado es consciente que con esos dos elementos no le alcanza a Unidad Ciudadana para superar en 2019 a Cambiemos.

Pese a no dar indicios de si dentro de dos años será o no candidata, en los últimos días se encargó de advertir que hará todo lo que esté a su alcance para "lograr que el 10 de diciembre de 2019 otro argentino esté en la Casa Rosada para conducir los destinos del pueblo. No importa quién. No me importa quien".

Con un peronismo unido, el triunfo opositor estaría casi asegurado, pero quienes conocen a la senadora, entienden que la ortodoxia comenzó a ganar terreno hacia el interior del justicialismo, y ella no está dispuesta a comulgar con esas ideas.

Las políticas de ajuste del gobierno de Mauricio Macri, la crisis económica y el accionar represivo, además de las posturas "negociadoras" de buena parte de la oposición, son circunstancias que le pueden aportar volumen a la figura de Cristina. El presentarse y ganar las elecciones, tiene otro precio.