Para muchas mujeres su primer dinero propio llegó tarde. Para otras, de a épocas entre maternidad y maternidad. Algunas sí accedieron a remuneraciones regulares, pero quizás nunca en un trabajo registrado. Por la época, porque no hacía falta o por "amor" a su familia, durante décadas se dedicaron a limpiar, cocinar y cuidar de sus hijos mientras quien traía el dinero a la casa era su marido o pareja. En el 2007, dos leyes habilitaron haberes previsionales para aquellas personas que no alcanzaban los 30 años de aportes a partir del pago de una moratoria y el sesgo de género fue tal que adoptó el nombre de "jubilación de amas de casa". El primer dinero propio de esas mujeres finalmente llegó y de la mano de un cambio de paradigma en el que el trabajo reproductivo comenzó a ser reconocido como tal: un trabajo.

Sin embargo, a partir del 23 de julio del corriente año muchas continuarán por fuera del sistema. El Gobierno de Cambiemos decidió no prorrogar la política y asegurarse la fecha de finalización en vigencia de la propia normativa. Así, las personas que cumplan más de 60 años después de ese día y que no cuenten con los años de aportes correspondientes no podrán iniciar los trámites para acceder a una jubilación por moratoria.

Con la aplicación de las leyes 24.476 (modificada en 2005) y Ley 26.970 (de 2014), el aluvión de inscripciones femeninas al sistema de Seguridad Social fue disruptivo ya que según datos del Centro de Economía Política Argentina ( CEPA), del 2003 al 2016, casi 1.800.000 mujeres se incorporaron a la pensión no contributiva, más del 80% del total de los y las que accedieron al beneficio previsional. En 2016 se eliminó la posibilidad para los hombres y se le dio continuidad para las mujeres.

Al cambiarse la actualización, la jubilación mínima perdió un 20%

De acuerdo a un informe del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (CEDLAS) antes de la implementación de esta política, en Argentina la cobertura de pensiones alcanzaba a sólo el 55% de las mujeres en edad jubilatoria (el 30% en el caso de mujeres casadas) debido, fundamentalmente, a su baja tasa de participación laboral (alrededor del 44% en la década del ‘80, según la OIT) y la alta tasa de informalidad.

El fin de la moratoria no hace más que agrandar brechas y recrudecer la vulnerabilidad de las mujeres ya que la relación con el mercado de trabajo es directa y en el caso local, como en muchos otros países de América Latina, el terreno es desigual porque la población femenina es la más precarizada. Según el Indec, el empleo no registrado (que no deriva aportes) asciende al 37% cuando se trata de las mujeres y el desempleo a más del 10%.

Eva Sacco, economista con perspectiva de género del CEPA, definió en diálogo con BAE Negocios dos momentos en los que las mujeres son más vulnerables: “El primero, antes de sus 29 años donde la tasa de desocupación sube a casi el 30% porque es más probable que tengan hijos chicos o que las empresas no quieran contratarlas por la posibilidad de quedar embarazadas. Y el segundo, en los años anteriores a la jubilación, entre los 50 y 60, cuando es muy difícil que se vuelvan a insertar en el mercado laboral”.

El fin de la moratoria no hace más que agrandar la brecha

Otro factor determinante que luego afectará la cantidad de años de aportes, es el total de horas disponibles para invertir en empleo asalariado. Aún en la actualidad si bien la división sexual de tareas es más repartida, la cantidad de horas de trabajo doméstico casi que se duplica en las mujeres con un promedio de 7,4 horas diarias contra las 3,4 horas que ocupan los hombres, de acuerdo a cifras oficiales.

Del caudal de mujeres nace el nombre como se la conoció popularmente a la moratoria ya que las “amas de casa” comenzaron a recibir un haber previsional por todos esos años de tareas reproductivas. La identificación con su denominación fue crucial, pero no sólo quedó en la etiqueta. “Darle una jubilación a una persona que toda su vida trabajó en la reproducción de la fuerza de trabajo es darle un reconocimiento como sociedad, porque para que alguien salga a trabajar tuvo que haber otro que lo alimentó y lo cuidó, y en general fue una mujer”, consideró Sacco.

En la misma línea, la precandidata a presidenta por el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), Celeste Fierro, puntualizó en que la valorización del trabajo doméstico es “parte de las peleas” que se dan en el contexto del avance del movimiento feminista. “El paro internacional de mujeres tuvo mucho que ver en visibilizar el trabajo doméstico y entender que son esas tareas las que ayudan a que la rueda del sistema siga funcionando”, agrgó.

Además del reconocimiento, la moratoria jubilatoria contribuyó a la reducción de la pobreza. Según datos del CEDLAS, el porcentaje de mujeres mayores de 60 años sin ningún ingreso personal “se redujo notablemente” por esta política , pasando en zonas urbanas del 35% al 10%.

Sin esa posibilidad, la única opción que provee el Estado es la incorporación a la Pensión Universal para Adultos Mayores (PUAM), que nació como la alternativa oficial para absober a aquellos que percibían la pensión por vejez pero que, además de representar sólo el 70% de una jubilación mínima y obligar a los adultos mayores a cumplir con condiciones restrictivas, alarga cinco años más la espera. De enero de 2017 a septiembre del mismo año (últimos datos disponibles en la ANSES) el 74% de los nuevos pensionados que accedieron a la PUAM son varones. Alcanzan 38.678 casos sobre 52.268 pensionados en total. Esto se debe a la aún en vigencia jubilación por moratoria para las mujeres y se espera que la relación cambie a partir de su vencimiento.

Tras la reforma previsional que provocó en 2017 una feroz protesta que terminó con represión y detenidos frente al Congreso, la eliminación de la “jubilación para amas de casa” pareciera ser un capítulo más en el ajuste del gasto social que comienza por los adultos mayores. “Ya con el cambio del coeficiente de actualización, la jubilación mínima perdió un 20%”, advirtió Sacco.

Fierro, por su parte, afirmó: “Se da un marco global en el que se recortan derechos en una crisis que golpea doblemente a las mujeres y a familias enteras que trabajan para acceder a este beneficio. Así, se sigue feminizando la pobreza”. Por otro lado, destacó que una posible presión social en el contexto de un año electoral agitado y polarizado pueden derivar en una “marcha atrás” del Gobierno “en función de llegar más tranquilos a las elecciones”.

A pesar de que las redes sociales explotaron de repercusiones negativas al conocerse la noticia, la respuesta de los miembros del Gabinete y más aún de la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, fue el silencio. Lo cierto es que agitado el avispero, tres agujeros quedaron al descubierto: las mujeres son aún las más precarizadas del mercado de trabajo; la repartición de las tareas domésticas es desigual y como dijo Sacco a este diario: “Sin jubilación por moratoria las mujeres también estamos condenadas a la pobreza en la vejez”.

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