La mano en el mentón, sosteniendo el peso del momento, o la boca abierta en un bostezo sin fin. Los dedos que repiquetean sobre la mesa, la mente que revolotea sin rumbo ni punto de atracción. El aburrimiento es conocido por todos alguna vez.

Preocupa a los padres con chicos de vacaciones, desespera a los oficinistas atrapados en la rutina, sobrevuela las salas de espera de consultorios y aeropuertos. Si tiene un costado poco amable que genera impaciencia, también es reivindicado como un espacio de creación que las nuevas tecnologías se empeñan por clausurar.

Desde la psicología y otras disciplinas emparentadas se brindan definiciones, se dividen las aguas diferenciando por ejemplo entre el malestar pasajero y la situación crónica, se brindan consejos y también terapias como las recreacionales, que apuntan a planificar el tiempo de ocio.

El doctor John Eastwood, psicólogo de la Universidad de York, en Toronto (Canadá), es especialista en el tema y coautor del libro “The unengaged mind”. En una definición, publicada por el diario El País, señala: “El aburrimiento es la experiencia desagradable de querer involucrarse (sin conseguirlo) en una actividad que resulte satisfactoria”. Para Eastwood, aburrirse siempre implica un fallo de la atención.

En diálogo con BAE Negocios, el Dr. Enrique Novelli, psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), comentó: “No es mucha la gente que viene a la consulta con el síntoma tan claramente expresado. En general, vienen angustiados o por algún sufrimiento y después puede aparecer el aburrimiento. Se manifiesta, a veces, como estar en la vida como si fuera en piloto automático, llevados por lo que se debe hacer y no lo que desean”.

En ese sentido, el profesional establece una diferencia entre deseo e interés. El deseo como la búsqueda de obtención de placer y el interés algo con lo cuál el sujeto puede obtener placer (es más del órden de lo consciente). “Es no saber cuál es el deseo que se quiere alcanzar y no encontrar dónde poner el propio interés”, dice y explica que se trabaja en que la persona trate de identificar su deseo y dónde está puesto. “En los chicos se ve mucho esto, que se aburren hasta que encuentran una actividad o un amiguito”, agrega.

Al igual que la doctora Sandi Mann, profesora asociada de Psicología de The University of Central Lancashire del Reino Unido y experta en el tema, quien respondió a BAE Negocios unas preguntas (ver aparte), Novelli también diferencia entre la situación puntual y el caso crónico. “Una cosa es que se esté en un estado prolongado de aburrimiento, ahí es patológico, pero si pasa en un momento puede ser positivo porque la persona empieza a hacer introspección en la búsqueda de algo que puede estar deseando, y entonces se genera la creatividad”, señala y define el aburrimiento como un estado afectivo.

Las claves del tiempo

El ocio y el tiempo libre son una hoja en blanco que puede generar angustia vinculada al aburrimiento. El Psicólogo Lucas Spano brinda Terapia Recreacional en INECO (Instituto de Neurología Cognitiva). Muchos de los pacientes que se acercan tienen un diagnóstico de apatía. “Es el trastorno en el cual la persona no tiene interés por nada, cuando no hay motivación”, indica. El aburrimiento, según el especialista, es “cuando no hay actividad que genera diversión”. De todas formas, puntualiza que “muchas veces el aburrimiento continuo y que se repite es quizás porque hay un cuadro de apatía”.

El trabajo que se realiza desde esa área de la institución es definir en primer lugar los perfiles recreativos de cada persona, qué actividades le gusta realizar. De acuerdo a esos intereses, se aborda el cuadro de apatía o aburrimiento continuo. “Hay personas que manifiestan que no están haciendo nada en el tiempo libre y, en algunos casos, llegan por un cuadro más psiquiátrico de base”, agrega Spano.

Una vez definido el perfil, según explica el especialista, se encaran estrategias. Se marcan en la agenda los días libres, el momento de ocio y recreación, y se adjudican posibles actividades que se quisieran realizar. “Se organiza el tiempo libre de la semana. Muchas veces decimos que no tenemos tiempo para hacer lo que queremos pero porque no lo organizamos y, otras veces, la persona no tiene motivación o presenta dificultad para sostener una actividad. Se le brinda apoyo”, agrega.

El terapeuta participa en la búsqueda del lugar adecuado para la actividad que se quiere hacer y realiza incluso el acompañamiento in situ: van juntos, por ejemplo si es un curso, a una clase de prueba. Se hace después una evaluación. “La propuesta también es generar hábitos saludables en el tiempo libre. Un poco más de vínculo con lo real, con el entorno, con la naturaleza. Salir a caminar con un amigo por ejemplo. Que no todo sean redes sociales, aprender a balancear el tiempo libre”, agrega.

Me aburro

Varios estudiosos del tema han trazado variantes, distinciones y teorías, engrosando la literatura en torno al aburrimiento. Para Peter Toohey, profesro de la Universidad de Calgary en Canadá y autor de “Boredom: A lively history”, se trata de un mecanismo evolutivo, una “emoción adaptativa diseñada para prosperar, es la antesala de la creatividad”. En tanto, el psicólogo alemán Martin Doehlemann, según cita el diario El País, hace distinciones entre lo que él llama “aburrimiento situacional” y “aburrimiento existencial”. Se supone que este último no sería fruto de una circunstancia, sería algo más cercano a un modo de vida. Algunas investigaciones plantean incluso cierta “propensión metabólica al aburrimiento crónico” que estaría relacionada con desequilibrios en algunos neurotransmisores y un riesgo más alto de sufrir cuadros como depresión y ansiedad.

La infancia está mencionada en varios de los estudios. El aburrimiento suele ser una queja habitual en los niños que, con sus pataletas reclaman una solución a esos tiempos que se estiran como chicle. En épocas de internet y dispositivos tecnológicos, este tema adquiere una nueva dimensión para los padres.

El especialista de INECO comenta que desde el área de terapia recreacional también se hace el acompañamiento de padres que llegan a la consulta por sus hijos. Se trabaja en poner un límite a lo tecnológico para buscar que no sea siempre la respuesta frente al aburrimiento.

“Muchos padres buscan todo el tiempo cosas para que hagan los chicos y eso es nocivo en la medida en que les quita la posibilidad de fantasear y construir algo creativo”, indica el Dr. Novelli. Respecto a las redes sociales y la web destaca: “ La idea de estar permanentemente conectado genera la ilusión de no estar aburrido. Pero sucede que la persona no puede tolerar la desconexión porque se aburre. Entonces se ve que el aburrimiento es previo y se encubre con las redes”.

El consejo brinda es siempre la mesura. “No estar con ese estímulo-reacción permanente porque se genera poca capacidad de ir fantaseando introspectivamente que es lo que permite conocerse más a uno mismo”, agrega.

Todo un territorio por descubrir en la aparente llanura deshabitada del aburrimiento.