El City Football Group es la compañía que controla al club británico Manchester City. Sus fundadores árabes y sus socios minoritarios de origen chino saben que la globalización es la base del crecimiento.

"El reto de los clubes de fútbol es cómo transformamos la pasión y el amor en dinero. Nosotros tuvimos una idea original y sencilla: ser local y global", explicó Ferrán Soriano, CEO del grupo, durante la conferencia "La pelota no entra por azar ", brindada el último lunes en la Usina del Arte de la Boca y organizada por TNT Sports.

Con ese objetivo de ser global, hace unos años iniciaron un raid de compras que incluyó el Melbourne City (Australia), Yokohama Marinos (Japón) y el Girona (España) además de la creación de un nuevo club en Estados Unidos: el New York City.

Pero lo más llamativo fue, sin dudas, la adquisición hace menos de un año del club Torque de Uruguay, una pequeña institución que hace pocos mes ya logró su ascenso a Primera División. El mercado del país vecino fue apetecibles por tres motivos para el grupo británico: las condiciones impositivas más flexibles, la gran cantidad de talentos que se pueden captar para la exportación y la posibilidad de crear Sociedades Anónimas Deportivas.

Justamente, en este último punto se centró Soriano a la hora de explicar porque el mercado local no es opción, al menos por ahora. "No estamos en la Argentina porque la legislación no permite que empresas privadas sean dueñas de un club", aseguró el ejecutivo que también fue parte del club Barcelona.

Más allá de los dichos del ejecutivo catalán, no es un secreto que el presidente Mauricio Macri no ve con malos ojos modificar la ley para permitir el ingreso de capitales privados en los clubes argentinos, lo que abriría una puerta. De hecho, cuando era presidente de Boca, en 2001, presentó una propuesta en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) para introducir las sociedades anónimas deportivas en los clubes. La votación la perdió por goleada: 38 a 1.

Realidad

Lo cierto es que aunque no está implícitamente permitido hay una zona gris en el fútbol argentino, en donde hay clubes que son sociedades sin fines de lucro pero están gerenciados por privados. Por caso, no es secreto que el grupo mexicano Pachuca, del que hasta hace poco fue socio el magnate Carlos Slim, invierte en Talleres de Córdoba. Es tan fuerte la relación comercial entre ambos que Andrés Fassi es presidente de la institución argentina y vicepresidente del club azteca Pachuca.

En el ascenso también hay algunos casos. El último es el de Real Pilar Fútbol Club, una entidad que fue creada recientemente por el consultor en comunicación César Mansilla que, a su vez, ya había sido gerenciador por años de Fénix, una institución de la Primera B Metropolitana.

Deportivo Riestra también es gerenciado por el abogado Víctor Stinfale, quien a su vez controla el negocio de la bebida energizante Speed.

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