El peor momento del modelo económico de Cambiemos, o el más reciente, transcurre paralelo a una división sustantiva del movimiento obrero cuya gama histórica de grietas es amplia. Para la materia política, inseparable en la relación gremios/estado, las organizaciones de trabajadores consideran que restan meses decisivos hacia las elecciones. Y así los sindicatos juegan sus fichas en la interna peronista, algunos entusiasmados con Roberto Lavagna, otros a la espera y con respaldo para Cristina Fernández y una minoría, como las 62 que supo lidear Gerónimo "Momo" Venegas, continúa aferrada a Cambiemos, incluso en la audaz etiqueta de ser "la pata peronista" de esa alianza mientras las tormentas económicas y financieras no tienen intervalo. Corresponde destacar que el "dividir para reinar" que alentó el oficialismo desde 2015 entre los sindicatos todavía tiene mayor rinde que sus pautas inflacionarias, segundos semestres o germinación de brotes verdes. Se infiere que tampoco hay que aplicar demasiado esfuerzo para dividir aguas y multiplicar grietas sindicales. Es la dinámica de su historia, según lo admiten varios de los secretarios generales históricos en Azopardo u otras centrales.

La CGT liderada por Héctor Daer y Carlos Acuña tuvo al adjunto Andrés Rodríguez (UPCN) como ariete decisivo en las últimas horas para denostar el paro del martes 30 que comandan Hugo y Pablo Moyano desde el Frente Sindical, la Corriente Federal (CFT), las tres CTA más las organizaciones sociales.

La CGT alza su bandera en cuanto a que las soluciones a la crisis “pasan por lo político”

Rodríguez definió que esa huelga es alentada por una "agrupación" y ese léxico no oculta que el dirigente de los estatales separó lo orgánico de la CGT contra la suma de voluntades de los sindicatos más enfrentados con la Casa Rosada. Un realce no menor, bajo la premisa de "datos, no opinión" es que los adversarios del bloque combativo consideran a Rodríguez como "el referente clave" de Azopardo. Epílogo: Por haber sobrevivido a otros "planes primavera", ninguno de ellos con final feliz, la dirigencia que prioriza el diálogo se preservó tanto en la época disciplinadora de Jorge Triaca como ministro de Trabajo o en esta de agonías, para imputados como partícipes necesarios de cualquier intento de desestabilización del Gobierno. Otros y como Hugo Yasky recogieron el guante para resumir: "dejo pasar cualquier etiqueta, prefiero la conciencia libre de cualquier reproche por no haber hecho lo necesario por mis compañeros en momentos justos, que incluyen los escenarios de crisis".