Más allá del crudo diagnóstico acerca del desprestigio de la clase dirigente frente a la crisis social por la que atraviesa la Argentina, el obispo de San Isidro y titular de la Conferencia Episcopal Argentina ( CEA), Oscar Ojea, recibió a sus pares de todo el país con una homilía que contenía un fuerte mensaje interno: la Iglesia se asume “perpleja” ante los acontecimientos de los últimos meses.

Por ejemplo, al repasar el debate sobre el aborto Ojea no centró su prédica en la defensa de la vida desde la concepción, postura inconmovible de la Iglesia. Al contrario, eligió destacar “la repercusión en muchos de nuestros jóvenes, incluso de nuestros colegios y comunidades a quienes hemos visto tomando partido con su pañuelo verde”.

En el debate del aborto, la Iglesia se sintió interpelada por muchos de los adolescentes que concurren a colegios confesionales desde el nivel inicial. Una realidad que, según las lúcidas palabras del pastor, “esconde un mensaje que tenemos que descubrir”. En la misma línea, puso sobre el altar de la casa de retiros La Montonera, en Pilar, “el fenómeno de las apostasías que apareció posteriormente” al del aborto.

Al hacer referencia a los ataques al papa Francisco, incluso, los reconoció “desde dentro y desde fuera de la Iglesia”.

“Parecería que decir algo bueno sobre la Iglesia no es políticamente correcto”, afirmó Ojea. Ser católico, en otras palabras, pasó a ser algo pasado de moda, aun para una buena parte de los propios católicos.

Lo más trascendente de su mensaje pasa por cuál debe ser la respuesta eclesial ante esta realidad “contracultural” de su prédica. En principio, rechazó la victimización: “En muchas de estas situaciones hemos tenido nuestra parte de responsabilidad”.

Frente a una realidad adversa, el mensaje apunta a “renunciar al reconocimiento y a concentrarnos en nuestra tarea evangelizadora esencial, que es trabajar para que todos tengan un lugar en la mesa del Reino”.

La pregunta a sus pares fue concreta: “¿Dónde buscamos el reconocimiento?, ¿en los ojos de quiénes? Como discípulos de Jesús tenemos que esperar este reconocimiento sólo de Él, sirviendo a aquellos con quienes Él se ha identificado”.

“Tenemos que aprender a desprendernos de un reconocimiento social que los Obispos teníamos en otro tiempo y que vamos dejando de tener. Cuando se vive un tiempo de intensa purificación y muy alejado de una Iglesia triunfalista, es hora de renunciar a los primeros puestos en el banquete, sirviendo con humildad a los hermanos más pobres. Y vivirlo como una oportunidad de crecer en el amor a Jesús y a los hermano. Esta Iglesia humilde, es un modo muy concreto y providencial de ser ' Iglesia pobre para los pobres', como nos pide el Papa”, resumió.

Hasta la invocación final combinó el tono de esperanza frente al escenario derrotistas, al implorar al Padre Bueno “que nos muestre sus caminos en esta hora difícil de la Iglesia y de la Patria”.