La economía argentina enfrenta la segunda corrida cambiaria en menos de seis meses. La primera comenzó en diciembre del año que se fue, impulsada por los "amigos" del Gobierno que estaban en el secreto de que se imponía el "ala productivista" representada por la jefatura de Gabinete sobre sobre la financiera, representada desde el Banco Central. El cambio de la meta de inflación apuntaba a un esquema económico con menores tasas de interés y un tipo de cambio más elevado, que se suponía más favorable a la producción.

Una minúscula baja en las tasa de las Lebac de 28,75% a 27,24% en enero al 26,75% de febrero, bastó para que el dólar saltara un 15% y se estacione cerca de los $20,20 luego que el central quemara los libros liberales y vendiera más de u$s1.000 millones de sus reservas para frenar la corrida.

La devaluación mostró un fuerte traslado a precios reflejado en una inflación mensual que pasó de un promedio de 1,6% entre septiembre y octubre, a 2,4% promedio desde diciembre hasta febrero.

El miedo a un desmadre de la inflación, teniendo en cuenta los tarifazos programados para marzo y abril, llevó al Gobierno a optar por terminar con la suba del dólar y estabilizarlo cerca del nuevo valor. Pero la estabilidad fue precaria, y mayo trajo una nueva corrida. La venta de su posición en pesos por un fondo golondrina que voló hacia la calidad, impulsó una nueva oleada de compra de dólares que costó al Central la pérdida de casi el 10% de sus reservas internacionales y una suba de la tasa de referencia del 27,25% al 40%. La corrida cobró una tensa calma con el dólar alrededor de los $22,30, cuando Federico Sturzenegger copió los métodos populistas de Juan Carlos Fábrega y obligó a los bancos a reducir su posición en dólares.

¿Qué desató la nueva corrida? Desde el Gobierno apuntan a la suba de las tasas internacionales y la imposición a la renta de las Lebac en manos de tenedores extranjeros que atribuyen a Massa. Pero ambas excusas quedan chicas ante la dimensión de la corrida. La suba de tasas internacionales se circunscribe a los bonos norteamericanos a 10 años, ya que la FED mantuvo su tasa de referencia. Pero aún para ese bono, tuvo un incremento muy leve, arrancó en 2,83% el 17 de abril, pasando por un pico de 3,03% el 25 de ese mes, para bajar hasta 2,95% a comienzos de mayo, un valor que ya había alcanzado el 21 de febrero de este año (ver gráfica).

Mientras, la aplicación del impuesto a la renta financiera sólo significaba reducir en 1.35p.p. la tasa de rendimiento que tenían las Lebac y habría bastado con una suba semejante de las tasas para neutralizarla.

El origen

Pero entonces, ¿que desató la corrida? La causa puntual es una anécdota. Pero la causa estructural es de suma importancia y se encuentra en el frágil esquema financiero montado por la actual administración. La total desregulación del mercado cambiario junto a haber eliminado la obligación de permanecer un período mínimo a los capitales, prepararon la cancha para el ingreso de fondos especulativos internacionales cebados por los elevados rendimientos financieros de la plaza local que subsidia el banco central a través de las Lebac. La bicicleta financiera o carry trade llegó a brindar los mayores rendimientos de corto plazo del mundo y estimularon el ingreso de unos u$s14.000 millones (sin contar el blanqueo), tal como se desprende de la cuenta de portafolio del balance de cambiario.

Esa masa de capitales especulativos se sumó a la extensión del uso de las Lebac en tenedores locales, que crecía al ritmo de sus propios elevados rendimientos y la financiación del abultado déficit público. Esa masa de Lebac a corto plazo, por un valor similar a las reservas internacionales y en manos de especuladores internacionales y tenedores locales sofisticados, genera una fragilidad financiera estructural que puede llevarse puesta toda la macroeconomía argentina, tal como advertimos en el informe de marzo del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz titulado "Un esquema financiero-cambiario muy inestable".

Medidas correctivas

Las medidas tomadas por el equipo económico para tratar de frenar la actual corrida en nada corrigen el problema estructural. El alza de tasas, además de volver inviable muchas actividades productivas, incrementa la tasa de crecimiento del stock de Lebac al aumentar la tasa a que se valorizan.

La declarada reducción del déficit, no sólo descansa en el "error" estadístico de mantener inmune el PBI a la devaluación y suba de tasas, sino a "olvidarse" de considerar los pagos de intereses entre la partida de los gastos al hablar de déficit primario en lugar de financiero. La suba de tasas incrementa los gastos financieros del gobierno y Banco Central generando que el déficit público tienda a incrementarse, en lugar de reducirse.

De ahí que la inyección de liquidez que genera el financiamiento del déficit y que deberá absorber el banco central colocando Lebac continuará su acelerada marcha. Por su parte, la reducción de la posición general de cambios de los bancos es una bala de plata que ya no estará disponible para enfrentar una nueva corrida.

Frente a esa creciente masa de Lebac que en cualquier momento puede volcarse al dólar, la perspectiva de las reservas internacionales no es halagadora. El déficit cuenta corriente ya supera el 5% del PBI de la mano de un grave déficit comercial y de turismo, y una creciente cuenta de intereses por deudas.

Por el lado de las cuentas financiera, la cuenta de portafolio cambia de signo de la mano de la reciente huida de capitales golondrina. La principal fuente de ingresos hasta el momento ha sido la colocación de deuda en el exterior, que mermará si es cierto el anuncio del ministro de Finanzas, Luis Caputo, de que no emitirá más deuda externa en 2018. El cierre de esa fuente de divisas sólo muy parcialmente puede ser reemplazado por inversiones directas atraídas por las licitaciones PPP, no sólo por su magnitud esperada (que alcanzaría el 17% de las necesidades de deuda si todo sale según el relato oficial), sino porque parte de ella se financiará con recursos financieros del mercado local.

La reticencia a nuevas emisiones de deuda extrena intenta evitar poner al descubierto el alza del costo del financiamiento para Argentina, que podría ser una nueva señal de debilidad que desate nuevas corridas. Sin embargo, en el camino existen numerosas excusas para iniciar nuevas corridas: no aprobación de la ley de mercado de capitales, no ascenso a categoría de emergentes... Motivos puntuales que descansan sobre el problema estructural de haber puesto toda la estabilidad macroeconómica a merced de un esquema financiero hiper-especulativo. Siembra timba y cosecharás corridas...

*Director del CESO