La reforma laboral sigue siendo la herramienta que vislumbra el Gobierno para inyectar energía a la creación del empleo registrado. Secreto a voces en la Casa Rosada y sobre todo el ministerio de Trabajo de la Nación. La coyuntura obliga al oficialismo a retomar la senda y buscar consensos nada sencillos que incluyen seducir a la CGT. De allí que la llegada del ministro Jorge Triaca a Ginebra, donde delibera la OIT tendrá a carpeta abierta o encuentros discretos un tiempo considerable para charlas varias.

El paro que se vislumbra con energía disímil incluso en la comitiva sindical que llegó a Suiza, es freno concreto, resta saber de cuánta potencia. Según trascendió en los últimos días, alguna "edición" del capítulo reducción de indemnizaciones busca tentar a los representantes del movimiento obrero. Después continuarán otras herramientas de la contrarreforma como suelen puntualizar los abogados laboralistas del arco gremial, entre ellas el blanqueo, la garantía de continuidad y "respeto" al modelo sindical que tanto veneran en Azopardo. Para el sector encolumnado detrás de Camioneros, léase Hugo y Pablo Moyano, el Gobierno carece de credibilidad para ofrecer promesa alguna. Incluso la multisectorial del 21F considera que fueron los muchachos del transporte los que frenaron la reforma que saludó parte de la CGT.

"El mundo laboral cambió y eso no excluye a nuestro país, tarde o temprano, las modificaciones deberán llegar", repiten desde hace meses en Trabajo ante la consulta sobre la falta de evolución positiva del empleo privado. Incluso arriesgan que "parte de la CGT" ya estaba convencida, y señalan casi a dedo a las organizaciones más dialoguistas del movimiento obrero. A medida que transcurre el tiempo, Cambiemos sabe que la pasada excursión de Triaca con algunos sindicatos a Europa, no alcanzó el objetivo mínimo y confían que la paz de Suiza sea el escenario para hablar sin interferencias de "temas comunes". Si algo pondera Cambiemos más allá de sus eslogans devaluados, es que debe recomponer escenarios y una reforma "a piaccere" del sector empresario que pide ir "a fondo", envalentonadas por la situación en Brasil hoy suena a "demasiado mucho".

Respecto a datos duros, los empleadores que saludaron con vítores la llegada de Mauricio Macri a la presidencia, consideran que el capítulo "costos laborales" necesita tanto o más cuidado que la cotización del dólar, y el reloj, en este caso, le juega en contra al Ejecutivo.

La diáspora sindical incluso no ocultó señales de sindicatos varios que llegaron a Suiza respecto de la política económica en vigencia. Gerardo Martínez (UOCRA), representante internacional de la CGT remarcó en su oratoria de la víspera en Ginebra que "una vez más caemos en las garras del Fondo Monetario" como también que los trabajadores están padeciendo el presente como "víctimas de la inflación, la pérdida de reservas y la paralización de la economía". Su mensaje habla con elocuencia de la temperatura en sectores claves.

No alcanza la recuperación de puestos de trabajo en la construcción de los últimos meses para vislumbrar que los ajustes efectuados y los por venir seguirán erosionando el empleo.

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