El presidente Donald Trump acusó recibo del revés electoral que determinó que la cámara de Representantes quede en manos del Partido Demócrata y respondió con un abierto desafío a la oposición: advirtió que paralizará el Gobierno si los demócratas buscan investigarlo y contragolpeará desde el Senado, donde conserva la supremacía.

"Los republicanos superaron todas las expectativas, no hubo una ola azul demócrata. Ayer fue un gran día, un día increíble", aseguró Trump en una rueda de prensa en la Casa Blanca, en la que pivoteó entre momentos como éste, de alegría plena, y otros de evidente irritación.

Según el análisis electoral del presidente, los resultados fueron tan buenos como los que obtuvo el oficialismo demócrata dirigido por John F. Kennedy en 1962, cuando perdió algunas bancas, pero mantuvo el control de las dos cámaras del Congreso. Con la misma sonrisa, el mandatario también contó que llamó a la demócrata Nancy Pelosi y que ambos se comprometieron a trabajar juntos, especialmente en las área de infraestructura, los precios de medicamentos y el comercio exterior.

Sin embargo, acto seguido, lanzó una advertencia a los nuevos legisladores que ya adelantaron que podrían utilizar su poder para iniciar nuevas investigaciones contra Trump: "Si eso ocurre, vamos a hacer lo mismo (contra los demócratas desde el Senado), y el gobierno se paralizará. Creo que sería extremadamente bueno para mí políticamente, porque creo que soy mejor en ese juego que ellos".

Pelosi, de 78 años, no recogió el guante. En una rueda de prensa en Washington, Pelosi, la líder demócrata, que nadie duda recuperará el cargo de líder de la mayoría en la cámara baja cuando asuma el próximo congreso en enero del año que viene, se comprometió a "defender sus posiciones" frente al gobierno de Trump, aunque adelantó que buscará un compromiso con el presidente.

El líder de la mayoría en el Senado, el republicano Mitch McConnell, había afirmado, unas horas antes, que "los temas de acuerdo legislativo serán más limitados".

Durante la campaña, tanto el presidente Trump como muchos de los candidatos republicanos al Congreso habían identificado como sus prioridades legislativas a una reforma migratoria que extienda el muro fronterizo con México y persiga más a la inmigración ilegal, y una derogación definitiva del sistema de salud aprobado en el gobierno anterior, más conocido como el Obamacare. Este último, sin dudas, será uno de los puntos de mayor confrontación entre la futura cámara baja, controlada por los demócratas, y el Senado, dominado por los republicanos.