Araceli González, ahora con melena corta y rubia, mira a la cámara de Intrusos y dice decidida: "Escuché que dijeron que soy feminista. No, yo no soy feminista, las respeto muchísimo, pero tengo un hijo varón precioso y un marido hermoso, y respeto mucho a los hombres también". En el estudio hay silencio, en las redes sociales no. En cuestión de minutos, la afirmación de Araceli se trasforma en tendencia en Twitter. Las activistas encienden su cibermilitancia: se enojan, se serenan, explican qué es el feminismo y por qué lucha. El grito es tan fuerte que las militantes saltan a los sillones de Intrusos. Los medios tradicionales descubren que hablar de violencia machista, acoso, abuso o aborto no espanta a la audiencia y estos temas se instalan con éxito en la agenda de los medios.

La militancia feminista existe en el territorio, en la academia y en pequeños espacios dentro de los medios de comunicación mucho antes que la irrupción de internet y de las redes sociales. Lo que consiguió el activismo 2.0 es transgredir la marginalidad del discurso y llegar a millones a través de campañas y estrategias de comunicación virtual. La escritora y referente feminista afroamericana Audre Lorde destacó hace unas cuantas décadas la importancia de que el colectivo transformara ese silencio, al que fue confinado históricamente, en lenguaje y acción. Las feministas de hoy encontraron en las redes sociales ese gran megáfono para que sus ideas sean núcleo y no periferia.

El 81% de las mujeres son usuarias de internet

"Las redes sociales son una herramienta de tracción fundamental, pero detrás de esos temas de la agenda feminista que se transforman en trending topic hay una estrategia, hay un marco teórico, hay un activismo que trasciende la virtualidad y que está en el territorio", explica la periodista y educadora María Florencia Alcaraz.

Para la politóloga y colaboradora de Economía Femini(s)ta María Florencia Freijo esta apertura de la agenda activismo a los programas de televisión, las radios y los diarios lo que hace es "romper con el cascarón endogámico del feminismo" y resalta que "lo interesante es que los medios digitales proponen llegada a un segmento de la población más joven, de hasta 35 años, que no es tan conservador, que tiene dudas, que se involucra”.

La docente de Filosofía y también integrante de Ecofemini(s) tas Danila Suárez Tomé considera que “el activismo territorial y el trabajo en los barrios no se puede reemplazar por ningún otro tipo de militancia”, pero reconoce que “la comunicación en las redes es fundamental porque ayuda a instalar temas”.

“El ciberactivismo es de nicho hasta que hacés una campaña como #MenstruAcción y a través de las redes lográs organizar una gran colecta y distribución de productos de gestión menstrual en distintos puntos del país, o conseguís que la demanda de un colectivo se transforme en una política de Estado, ahí te das cuenta de la potencia que tiene todo esto de las redes”, agrega Suárez Tomé.

Mujeres y redes, en números

Según reveló un estudio sobre consumos culturales digitales de los argentinos que dirigieron los expertos en comunicación Eugenia Mitchelstein y Pablo Boczkowski, el 81 por ciento de las mujeres son usuarias de internet comparado con el 71 por ciento de los hombres. Según el mismo informe, esta diferencia se amplía cuando se concentra en el uso de las redes sociales entre aquellos conectados a internet: casi el 77 por ciento de las mujeres dice haberlas usado en el último mes, versus algo más del 65 por ciento de los hombres.

“Una de las claves para entender por qué ciertos temas tienen amplia repercusión en las redes y no llegan a los medios más tradicionales es porque estos tienen pauta publicitaria, y eso es una limitación, en cambio a las redes las manejan los individuos, con sus inquietudes y sus demandas. Además, el consumo en las redes no es pasivo como en los otros medios”, explica Freijo.

Según Alcaraz, esta marcada presencia de la agenda feminista en las redes y espacios alternativos de comunicación refl eja que “en los medios faltan mujeres con perspectiva de género”. “El tema interesa: cada vez que hay una convocatoria desbordan las calles, pero falta que los medios se hagan eco de eso porque hay una audiencia cautiva, pero nadie le está hablando”, sentencia.

“Hoy son los hombres los que ocupan la mayoría de los espacios de poder en los grandes medios y es difícil que los releguen en pos de comunicadoras con mirada de género. Ahí también hay un refl ejo de la desigualdad”, opina Suárez Tomé, quien ejemplificó con un reciente informe de Economia Femini(s)ta que reveló que las mujeres firman solo el 15 por ciento de las notas de opinión en los medios argentinos.

Lo cierto es que las ciberactivistas lograron romper, a través de las redes sociales y de espacios alternativos de comunicación, este cerco de silencio al que históricamente estuvo confinada la mujer. Incómodas, intensas, apasionadas, efervescentes, así es esta generación de feministas que lleva adelante en las redes un acto político de transformación que hoy está en boca de todos.