Zama, la novela de Antonio Di Benedetto, es considerada uno de los libros fundamentales en lengua castellana del siglo XX. Pero son sólo palabras: adaptarla al cine requiere una inteligencia y un grado de compromiso con la propia lectura de la obra sumamente difícil, no, claro, para alguien tan fi el a su mirada como Lucrecia Martel. La espera de ese oscuro funcionario colonial en el noreste argentino del siglo XVII, ese tipo que quiere irse y no puede, que pierde toda huella del mundo, es el motivo para que la realizadora vea la pura materialidad de las cosas, el sonido, la sensualidad -en este caso fatal- de un territorio que expulsa y retiene al mismo tiempo. No es un fi lme fácil aunque su enorme belleza visual conquista y sumerge al espectador en ese tiempo sin tiempo, la pura duración -y la aventura- que implica la espera de Diego de Zama. Un fi lme único en sus luces y sus sombras.

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