"Nadie puede salir de su individualidad"
Arthur Schopenhauer

Es imprescindible conocer que cada persona responde en forma subjetiva ante cualquier situación, sea social, cultural o ambiental e incluso con diferentes reacciones ante enfermedades clínicas y psiquiátricas.

Una de las grandes diferenciaciones en el hombre es el estudio del genoma humano que nos identifica como entes únicos, que se va expresando con el tiempo a través de genes, que se encuentran en silencio y se exteriorizan como epigenética a través de síntesis de proteínas modificadas por contingencias y el tiempo transcurrido.

Así, incluso dos gemelos univitelinos, los cuales sería clones desde el punto de vista de su ADN, responden de manera diferente ante situaciones, problemas o enfermedades.

Cualquier instancia socio ambiental dispararía entonces diferentes genes que estando en silencio se expresan a los largo de la vida. Diferenciando estructuras y funciones cognitivas y emocionales, dándonos perfiles totalmente diferentes como seres humanos, lo que quizá sea la base de la subjetividad. Una deducción un tanto simplista, pero no por ello alejada de verdades científicas.

Incluso cuando las miles de millones de variables que conforman una personalidad se cruzan con otras tantas de otra persona, se genera una compleja intersubjetividad. Lo cual multiplica enormemente las posibilidades y resultados.

Esto produce un gran problema, que es cuál será el resultado final de esas múltiples relaciones. Mucho más cuando el cerebro urbano conforma los mayores conglomerados sociales y que más interaccionan. Pues cuanto más cerebro más urbe y cuanto más cogniciones interactúan, más variables se producen.

Así, el humano, el mayor ser biológico invasor y social, genera un espacio altamente complejo, con resultados muchas veces muy difíciles de predecir. Aún con encuestas o estudios sociológicos de gran jerarquía, estudios neurocientíficos o psicológicos de gran calidad.

Hace ya varios años el neurocientífico Rodolfo Llinás, de la Universidad de New york, que estudia, entre otras cuestiones, los fenómenos biológicos de la conciencia; describió en un estudio muy complejo (magnetografía que mide el magnetismo y la función neuronal) que existen una especie de unidades funcionales individuales del pensamiento de una palabra.

Esto difería con el pensamiento de la misma palabra pensada por otras personas, por lo cual no podría servir como lector de mentes. Sólo si la idea lingüística era de la misma persona se dibujaba la misma imagen abstracta en espacio, ubicándose en las mismas áreas corticales y con un dibujo abstracto similar

Desde la década del noventa se ha empezado a investigar un área cerebral que no se había estudiado en profundidad, que es el lóbulo parietal superior (precuneus y el surco intraparietal). Quizá debido a la situación interna de estos dentro del cerebro o porque se les adjudicó funciones complejas como áreas de asociación intelectual y además porque variaban fuertemente entre sujetos.

El precúneo es la zona de la corteza humana que más se diferencia y cambia de tamaño entre personas, ocupando aproximadamente el 25 por ciento de la misma. Es decir muy grande, esta variación es a expensas de los lóbulos temporal y el frontal, es decir que a más parietal superior, menos de los otros dos lóbulos; que de por si también cumplen muchas funciones cognitivas.

El cerebro humano triplica en tamaño al de los simios de similar tamaño corporal (chimpancé), también triplica al de nuestro primer antecesor en el linaje bípedo, el Australopithecus Afarensis. Se piensa que en este crecimiento el lóbulo parietal superior es uno de los sectores que más se ha desarrollado en el humano, especialmente el precúneo, lugar que nos diferenciaría en las funciones con los otros primates y además entre humanos. Sería un lugar de encrucijada y comunicación especial entre el tiempo y el espacio, que daría independencia al yo.

En el precúneo se unen la función del tacto fino, tan desarrollado en el ser humano, con la otra función evolucionada en el homo sapiens, la visión. Generando un espacio interior de unión de actividades claves, que hacen a nuestro yo. Esta zona parietal pareciera darle integración individual a esta identificación visoespacial; integrando el self al mundo y a nuestro interior.

Al mismo tiempo el parietal superior es una zona de alta irrigación sanguínea que se activa en el reposo conductual y emocional, momentos en los que no pensamos ni hacemos nada (divague). Llamada consecuentemente área en efault.

Estas cuestiones tan complejas han hecho investigar muy poco la parte superior del lóbulo parietal, zona evolucionada y a la vez idiosincrática de cada humano.

Otro de los proyectos que muestran la independencia de cada cerebro es el que se deriva del Proyecto Conectoma Humano. Que estudia las conexiones estáticas del cerebro y que ha permitido descubrir nuevos cableados de zonas cerebrales, antes inesperadas.

Estos estudios se realizan con resonancia magnética nuclear de cerebro (con tensor de difusión) que ha permitido descubrir casi todas las redes dentro del cerebro. A ese trabajo Emily Finn y su grupo de la Universidad de Yale le agregaron la posibilidad de observar esas conexiones mientras funcionan, es decir en forma dinámica y temporal.

Este grupo indicó a los pacientes que realicen funciones, como mover los dedos, reconocer caras o analizar actividades lingüísticas. Fueron observando así diferentes nodos y sus conexiones que dependen de cada función activada. Estudiaron especialmente conexiones de áreas visuales, de reconocimiento y motoras complejas.

Así descubrieron que cada persona tiene patrones independientes de funcionalidad y que la difieren del resto. Lo que llamaron impresión dactilar cerebral. Esto lo observaron especialmente en las cortezas cognitivas, que al ser las últimas en desarrollarse, son más modificables por factores externos; dado el mayor tiempo de exposición mientras maduran. Así obtienen patrones muy singulares, dependiendo fuertemente de su estímulo externo e interno, que variará en cada persona.

Entonces pudieron identificar después de dos días de realizado el estudio y a través de un patrón, a las mismas personas que habían realizado las pruebas; como una huella funcional individual del cerebro de cada sujeto.

Otra cuestión importante es que con el tiempo este patrón cambia, por lo cual no puede ser un código de identificación permanente como una real huella dactilar.

Finn a la vez observo que se podría predecir la inteligencia fluida (inteligencia lógica) a través de los patrones funcionales. Otorgados por las conexiones corticales funcionales, otro hecho también muy interesante.

Sea por el genoma humano específico de cada individuo, así como por las conexiones estáticas y la funcionalidad cerebral se puede encontrar un patrón de subjetividad; que hacen a cada persona diferente de otra. Otorgando características individuales y generando además una compleja red intersubjetiva en la sociedad.

*Neurólogo. Doctor en medicina
y doctor en Filosofía.
Investigador del Conicet

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