Existen varias definiciones de inteligencia artificial (IA). En general se considera una función que trata de imitar la inteligencia humana generando memorización, aprendizaje, resolución de problemas y toma de decisiones.

Incluso trata de superar la inteligencia del homo sapiens. De hecho habría nacido como expresión de un cerebro electrónico en el año 1946 con la creación del proyecto ENEIAC (Electronic Numerical Integrator and Computer) del ejército de EE.UU.

Es una tarea muy compleja e interdisciplinaria en la cual pueden trabajar múltiples profesiones, desde la ingeniería informática hasta la biología, medicina, psicología y la filosofía entre otras.

La inteligencia artificial toma como patrón al cerebro humano con sus funciones cognitivas y conductuales. Y trata de superarlo. Los primeros trabajos utilizaron como paradigma a vencer al juego ajedrez en 1937, en la investigación de Warren Weaver y Shanon en 1937. También el conocido estudio de Alan Turing, por la misma época, descifró un lenguaje creado por el humano, y una analogía entre una máquina y la mente.

La IA presenta un proceso de razonamiento artificial pero en la actualidad se busca que además puedan captar la empatía humana y representarla. La IA trata de desarrollar resolución de problemas, pero con creatividad y toma de decisión; cada vez con mayor información en menor cantidad de material y tiempo.

Utiliza, en un principio, material inorgánico como el silicio como el gran material apto para desarrollar redes neuronales artificiales. Sin embargo los biólogos moleculares han planteado que la mejor estructura de acumulación de información es el ADN, es decir un material biológico similar (ya se han sintetizado materiales similares). Así se han podido copiar en ADN de una bacteria, desde un libro a una película.

Este material que acumula memoria tiene el potencial necesario para grabar información para, luego, aplicar un soft. Así se generan diferentes posibilidades de IA, desde la robótica a grandes redes o nanotecnología inteligente, entre otras posibilidades.

Existen robots que colaboran con el hombre y otros que directamente los dirigen. O también sistemas mixtos donde se ha podido realizar la conexión cerebro computadora, como por ejemplo, implantes occipitales para poder ver, implantes motores o auditivos.

También se han fabricado mini drones, como abejas robots con el fin de polinizar o espiar. Pero además se ha logrado que estas abejas con IA trabajen en equipo; es decir con una especie interrelación de trabajo (¿cierta intersubjetividad?).

Aún más extraño son estructuras mixtas entre insectos reales con unos robots insertados y comunicados con los mismos. Dado que los drones agotan su energía muy rápidamente, se han desarrollado insectos con sistemas electrónicos incorporados constituyendo minidrones mixtos orgánicos-inorgánicos.

Existen proyectos aún más complejos y controversiales, como robots que toman decisiones autónomas y otros que además proponen la incorporación de empatía a la IA.

Se trabaja en sistemas que reconozcan los rasgos de empatía (por ejemplo: caras, voces entonaciones, actos, gestos). Se busca que también respondan de igual manera; aunque será más difícil conseguir cierto grado de emoción. Otra vez la ciencia ficción se asemeja y adelanta a la ficción (2001: Odisea en el espacio, Terminator).

Es necesario entender dos conceptos claves para poder emular al funcionamiento cerebral. Uno de ellos es el que estudia las complejas conexiones del cerebro, llamado conectoma que investiga la complejísima cantidad de conexiones que tienen las miles de millones de neuronas del cerebro (aproximadamente cien mil millones de neuronas).

El segundo es entender los neurotransmisores con receptores diferentes. Es decir llaves con variadas cerraduras que abren muchas puertas. Esto genera un sistema que ofrece millones de variables. Que impactan finalmente en la expresión genética. Que termina convirtiéndose en síntesis de proteínas como función e información, que quedará configuradas en el cerebro como aprendizaje.

El sistema nervioso está constituido por una de las pocas células excitables del humano que son las neuronas (otras son las células musculares). Estas células funcionan energéticamente, en forma independiente, lo que es mensurables; por ejemplo a través del electroencefalograma. Esta energía también forma parte del idioma con el cual se genera el lenguaje neuronal, base de la inteligencia. Es decir que el número y tamaño de las neuronas, sus conexiones, su química y la electricidad configuran la base estructural del funcionamiento inteligente.

Ese sistema orgánico puede ser emulado por sistemas orgánicos como es la computadora basada en redes de silicio. Actualmente se trabaja también en sistemas orgánicos y mixtos. En este último sistema se mezcla material orgánico con el inorgánico.

Se plantea actualmente la ayuda y colaboración de esta inteligencia con el humano, en una actitud cooperativa. Pero esta inteligencia artificial puede ser aplicada a las armas. Se podría generar así un desequilibrio tanto o más grave que el observado en la primera guerra mundial c cuando la revolución industrial fue repentinamente aplicada a una guerra.

Donde se experimentó con humanos esta revolución. Empezó a caballo y termino con aviones, submarinos, armas químicas y artillería pesada. Matando diez millones de personas y treinta millones de heridos graves o mutilados, como nunca antes en la historia de la humanidad.

La IA artificial genera dilema éticos y bioéticos, será muy difícil predecir el futuro. Cuando la IA empática, tome decisiones éticas independientes y maneje armas e inteligencia militar.

Esta inteligencia artificial además utiliza la red internet de donde obtiene información; hasta poder influir en la sociedad intensamente. Internet equivaldría por ejemplo a aproximadamente 11.000 de cerebros interconectados al unísono.

Un reciente informe del Foro Económico Mundial dice que la IA podría aumentar el empleo y los ingresos de las empresas. Que analizado livianamente puede ser confuso. Pues aclara que es sólo para las compañías que inviertan en ella. Lo que no comenta es qué pasará con las compañías que no lo hagan y que pasaría si todas lo hicieran al mismo tiempo. Pues ¿cómo un robot que reemplaza a miles de personas podría aumentar el empleo?

Por ahora la única manera de analizar en forma compleja las conexiones de un cerebro humano es con programa computacional.

El cerebro humano tiene tantas conexiones que sería equivalente a una medida extrema de información: equivalente a 1000 exaoctetos, mayor a lo que almacenan todos los servidores de google, como plantea el biólogo celular Jeff Lichtman de la Universidad de Harvard. Sería materialmente imposible analizar un cerebro humano contando las conexiones a través de investigadores, sin la ayuda de la informática.

Es decir que para terminar de estudiar la conciencia humana se debería utilizar paradojalmente un sistema artificial informático. Quizá cuestionando la premisa de Descartes” pienso luego existo”. Sería “uso una computadora, luego existo”.

El posible futuro de la IA será algo parecido a seres humanos conscientes pero con alto nivel de complejidad y mucha mayor potencialidad. La IA debe regularse, la pregunta es cómo se realizará en un mundo tan anárquico.

*Neurólogo. Doctor en medicina y doctor en Filosofía. Investigador del Conicet.

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