Existen diferentes opiniones sobre el grado de influencia que el tabaquismo genera en el libre albedrío de las personas. Se sabe por lo pronto, que el tabaco no afecta la capacidad cognitiva del humano, pues a nadie se le ocurriría apelar como inimputable o incapaz civil a alguna persona por ser fumadora.

Es más, en general, no nos asustaría un profesional que fume antes de actuar; por ejemplo un piloto de nuestro avión o un cirujano que nos vaya a operar. No sucedería lo mismo, si en cambio estuvieran tomando alcohol o alguna droga ilegal.

Es muy descripto que gran parte de los no fumadores fueron exfumadores, y que la mayoría dejó de fumar sin ningún tratamiento médico. Muchos lo han hecho por una decisión de salud a largo plazo, por influencia familiar y otras veces ante el diagnóstico de alguna enfermedad asociada al tabaquismo como un infarto de miocardio o un carcinoma. Ante alguna situación específica, han evaluado la realidad de su situación. Han depuesto el deseo inmediato, priorizando el peligro de largo plazo.

Dice el especialista en conducta humana Roy Baumeister, de la Universidad de Queensland de Australia, en una gran revisión del tema, que el fumador prioriza la decisión a corto plazo por sobre la de largo. El sujeto que deja de fumar haría lo inverso.

La discusión sobre la influencia del tabaquismo sobre el libre albedrío es central.

El tabaquismo es una adicción, genera aumento del deseo y produce una abstinencia que generalmente conlleva un cuadro ansiedad de diferentes grados, aumentando la motivación pero no trastocando el control de la conducta ni dando toxicidad cognitiva. Es decir, el sujeto no pierde la cognición que impida considerarlo una persona con capacidad civil y penal. Esto es muy importante evaluarlo, dado que el tabaquismo es uno de los problemas más graves de la salud pública, aumentando o generando más de 20 tipos de carcinomas y un fuerte incremento de enfermedad coronaria y pulmonar.

Pero si se quieren desarrollar campañas serias de prevención del tabaquismo, estas deben partir de diagnósticos de situación reales.

Baumeister comenta que el libre albedrío sería un proceso por el cual la persona toma decisiones ante diferentes posibilidades, sin factores que le provoquen coerción alguna.

Constituyen el libre albedrío: "el deseo" y la consecuente motivación, que pueden estar en más o en menos en diferentes situaciones. Pero no por ello el sujeto escapa del otro componente: "el control de sus actos", que conlleva a la libertad de decisión.

El deseo a consumir tabaco en el fumador está aumentando, pero no por ello carece de decisión a corto y largo plazo. Es importante en este punto, distinguir la toma de decisiones a largo plazo de las de corto plazo.

Esta últimas tendrán componentes cerebrales más primitivos, subcorticales y emocionales límbicos. Las a largo plazo tendrán componentes predominantes prefrontales que abstraen y concientizan la decisión.

Parecería que el tabaquista prioriza el deseo emocional de satisfacción a corto plazo, versus la problemática de salud a largo término, que el cigarrillo produce y que ningún adulto lúcido desconoce. Utiliza una vía operativa más económica, de menor esfuerzo; sometiéndose al deseo como primer opción. Priorizando la menor carga de energía, la más primitiva, la más simple que es la límbica subcortical cerebral. Esta función instintiva la compartimos con animales mamíferos.

Sin embargo el homo sapiens desarrolló su corteza cognitiva, que manejan en forma constante el control de los deseos y las represiones de los mismos, no permitiendo realizar actividades desinhibidas de los deseos inmediatos, sea en el ámbito alimentario, sexual, de combate o cual fuere; dentro de la normalidad.

Cuando una persona sufre una destrucción o atrofia de su lóbulo frontal, tiene esquizofrenia o sufre de una intoxicación aguda que afecte su funcionamiento, como sucede en el alcoholismo, el frontal funciona en forma anómala. Se cae así en la falta de control de los deseos. Esta última situación algunos neurocientíficos la llaman toxicidad cognitiva. Pudiendo alegarse incapacidad e inimputabilidad.

Esto no sucede en el tabaquismo. Pues los fumadores presentan capacidad normal. Dice Baumeister que sería extraño que una persona pierda la capacidad en un solo dominio de sus decisiones.

Pues el tabaquista no lo pierde en ninguno de las otras funciones sociales, sea el trabajo, la familia o sus relaciones sociales. Esto se diferencia de otras adicciones más graves en las que el contexto social se altera claramente.

La adicción a la nicotina implica un aumento del deseo de fumar, con un claro aumento de la motivación hacia el mismo, no sólo se considera nicotínica-química dependiente. Sino dependiente de todo el ritual de fumar, desde que se compra el cigarrillo hasta que se tira el mismo.

Es importante recordar el aumento de la necesidad adictiva en ciertas personas. Nace el interesante concepto vertido por el neurocientífico Eric Nestler, del Icahn School of Medicine at Mount Sinai de New York, que describe una memoria provocada en animales que agrandan sus conexiones del núcleo accumbens (Núcleo subcortical de la recompensa). Se crea así el concepto de memoria adictiva que puede variar intersubjetivamente y que puede memorizar un proceso de predisposición a la adicción. Además explicaría porque un adicto tiene tendencia a volver a consumir, luego de haber tomado contacto con la sustancia. Cuestión que también sucede en los animales. Habría una memoria previamente estimulada.

Pero existen diferencias entre individuos, variando la motivación y el deseo hacia las adicciones, de hecho ciertas personalidades son proclives al consumo, de ahí la comorbilidad del tabaquismo y el juego; cuestión que se observa claramente en los casinos.

Pero en ningún caso se afecta el control de los actos, que en caso del humano actúa con libre albedrío. Cuestión que en animal no existiría de esa manera, ni en personas que presenten debilitamiento de su función cortical, fundamentalmente prefrontal.

Resultan mucho más efectivas los campañas públicas para dejar de fumar en los que se otorga a los personas la posibilidad que manejen su libertad de decisión y del control de sus instintos. Esto se ha demostrado en una programa público australiano, donde se le indicó las problemáticas del tabaquismo, pero no se le sugirió ninguna incapacidad de libre albedrío. El que tuvo un alto éxito, según plantea el especialista Simon Chapman en un importante trabajo publicado en PLOS/medicine. Chapman plantea a estos planes como más efectivos. Podría considerarse que el mensaje de posibilidad de una toma de decisión adulta dignifica y valora a la persona, sin tratarla de discapacitado en una de las áreas de su vida.

Dándole fuerza a la libertad de decidir con una susceptibilidad de recompensa a largo plazo (salud antes del placer inmediato); la de mejorar su calidad de vida en el futuro. Muchas de las organizaciones sin fin de lucro de cesación tabáquica priorizan que los consumidores presentan criterios de control de sus acciones, abogando a las campañas con mejor resultado. Las que apelan que las personas tabaquistas pueden decidir a largo plazo para su bien, dramatizando enérgicamente lo malo que es fumar, pero respetando que pueden decidir.

Es clave la motivación individual para poder dejar de fumar. Probablemente llegado a este punto, la ayuda multidisciplinaria puede mejorar el abandono del consumo. Pero siempre y cuando la voluntad y su toma de decisiones apunten a ello.

No existe toxicidad cognitiva en el tabaquista, la persona produce una la lucha entre su emoción y su razón, entre el deseo y su control. Un equilibrio que existe en todas "las tomas decisiones", con mayor o menor energía entre ambos. Dando como resultado final un vector de esta contienda interna y subjetiva, que se establece normalmente en las personas que mantengan la capacidad para sus actos.

*Prof. titular Psiquiatría y Salud mental. Facultad de Medicina. UBA.