"Lo que tiene alma se distingue de lo que no la tiene por el hecho de vivir"
Aristóteles

Es muy difícil definir el concepto de alma, tanto filosófica como científicamente. Es claro que esta idea sigue con vigencia en los sistemas de creencias y en los teológicos. Se conoce que los sistemas de creencias pueden ser posicionados en ubicaciones neurológicas del sistema nervioso y existen, incluso, ramas de la misma que estudian la neuroteología y el efecto placebo, como sistemas que aplican la fe ante alguna instancia.

Se ha planteado que los sistemas religiosos presentan una fundamentación psicológica y cultural en la angustia y el temor a la muerte, como concepto de final. Así, el humano desde la prehistoria tomó conciencia de su finitud. Entonces creó y necesito el concepto de dioses, acompañando de la idea de alma.

Pues si el cuerpo se extinguía, como era evidente, debería crearse otra instancia que lo sustituya. Esto fue acompañado del entierro de los difuntos desde la prehistoria, con los cual se acompañaba el camino del alma hacia otra posible situación (otra vida, eternidad o lo que fuera).

Algunos primeros filósofos occidentales como Pitágoras iniciaron la idea reencarnación. Platón concibió al concepto de almas como una instancia que sobrevivía al hombre (aunque asociaba al alma con el intelecto). Su discípulo Aristóteles se diferenció, planteándola más relacionado al motor motivacional metafísico (primer motor inmóvil), pero separada en general, de la cognición o el intelecto.

Quizá uno de los éxitos del cristianismo como religión, para reemplazar al politeísmo romano, haya sido la idea de alma eterna. Otorgarle a los hombres la posibilidad de vivir luego de la muerte y ofrecerles los mecanismos para encontrar la solución: el perdón de sus pecados.

Lo que hoy puede concebirse desde la neurociencia, es que estos conceptos que implican las tomas de decisiones morales y éticas, se emparentan mucho con los conceptos actuales de conciencia, más que de alguna cuestión inmaterial.

Esta conciencia tendría un mecanismo activador que podría consistir en la reactividad de la misma (parecido al concepto aristotélico aunque quizá mucho menos metafísico) y los contenidos conscientes que serían equiparables a la memoria autobiográfica.

Existen muchos grupos científicos que estudian los procesos neurológicos que intervienen en los mecanismos conscientes.

Una de las premisas para considerar neurológicamente a un ser humano consciente es que mantenga el ritmo sueño-vigilia, pues aun durmiendo se puede recordar parcialmente lo que se sueña.

Aunque con un control parcial, es en parte estar reactivo y su pérdida consiste en padecer un coma. En ese estado se pierden los ritmos del dormir, del despertar y se ingresa en un hipometabolismo cerebral.

Durante la vigilia mantenemos el mayor manejo consciente. Actuando dos lugares centrales para su correcto funcionamiento. Existe un centro nervioso subcortical muy pequeño (y por años ignorado) del cerebro llamado claustro, que se entera de toda la funcionalidad de corteza, se lo considera actualmente como al director de orquesta de la conciencia. Otro segundo sector clave es la vía tálamo-frontal, donde se actualizaría el juicio de realidad consciente, que recibimos como información en cada momento.

Esta vía es un sistema fino del procesamiento de la información que participa por ejemplo: en saber quiénes somos, ofreciendo los criterios de realidad sobre nuestro yo (mnetacognición).

El afamado filósofo alemán Immanuel Kant predice en la razón pura, que no pueden buscarse cuestiones inmateriales para explicar la razón. Aunque posteriormente en otras obras se contradice. Sin embargo deja en claro que a la filosofía en del siglo XVIII, ya le costaba encontrar la justificación practica del alma como entidad.

Uno de los paradigmas actuales más fuerte, desde la filosofía de la mente y la neurociencia cognitiva, es la relación cuerpo-mente; gran cuestionamiento a la dicotomía cartesiana.

Actualmente muy pocos cuestionan a la mente, desde un punto de vista cognitivo y material. Es decir, cómo la funcionalidad intelectual se abole ante la destrucción del cerebro.

El arqueólogo cognitivo Emiliano Bruner, junto a otros grupos de neurocientificos ha postulado una estructura cerebral que constituiría el puente de esa relación. Correspondiendo a un sector de asociación y conexión entre la sensorialidad corporal y la visión.

Adjudicando a la parte superior del lóbulo parietal llamado precúneo (y al surco intraparietal) la características de este puente entre funciones vitales claves: la de la mano (destreza y captación sensorial muy fina), la vista (el humano es macro óptico) y la emoción, que son funciones claves en el desarrollo del homo sapiens. Esta área parietal superior imbricaría a la visión con la sensación corporal. Facilitaría así la interface entre los sectores que más se han desarrollado en el humano.

La fusión entre la destreza de la mano y la vista nos desarrollan en herramientas tecnológicas y culturales. Pero además generan al self, que otorga esta funcionalidad; que además aumenta la posibilidad gregaria e intersubjetiva.

A esta área parietal los arqueólogos cognitivos la han descrito con un gran aumento de tamaño en el ser humano. Comparado tanto con los primates existentes, como el chimpancé, como parangonándolo con homínidos que convivieron con nosotros, como el hombre de neandertal, conociendo una regla de la neurociencia cognitiva que postula que a mayor cerebro mayor sociabilización. Podría entonces además, estar relacionada con la mayor conducta asociativa del hombre.

El precúneo varía mucho entre diferentes personas. Es en este sector que la corporalidad se engrana así con nuestra sensorialidad. Lo que Bruner lo menciona como el lugar de representación del yo.

Otro las situaciones que describe esta parte del encéfalo es que el momento de mayor crecimiento del precúneo es durante los primeros meses de vida. Cuando el cerebro humano obtiene una explosión de su desarrollo; en la nueva vida extrauterina.

Esto otorga una sustantiva importancia a estos momentos de la vida: los primeros meses. Esenciales; no solo en el desarrollo de las conexiones neuronales y el crecimiento cerebral, sino también en la conformación del lenguaje semántico y fonético, otras de las funciones de alta importancia en el homo sapiens.

Estos momentos influyen en mucho en el del desarrollo la personalidad, las teorías de Sigmund Freud no se encuentra para nada reñidas con la neurociencia evolutiva; sino por lo contrario, probablemente confirmado.

El concepto de alma tiene un fundamento sustancialmente relacionado con el sistema de creencias. Cuestiones de fe que se aplican pueden observarse en la religión y en el placebo. Difíciles de discutir desde un lugar científico. Pues se basa en cuestionesmás afectivas que racionales, sin que por ello no deban considerarse de gran relevancia en los procesos humanos. Concepciones parecidas al primer motor inmóvil aristotélico o a los conceptos de alma, como lo plantearon los primeros cristianos gnósticos o los budistas. Son fenómenos todavía muy difícil de abarcar desde el método científico.

Según la ciencia, la conciencia difiere del alma. Pues es otra cuestión, implica autobiografía, corporización, criterios de realidad y motivación que parecerían nada tienen que ver con el concepto de alma aristotélica como energía primera.

Será difícil entonces, pensar y discutir sobre el alma y la conciencia sin conocer profundamente de neurociencia cognitiva.

*Neurólogo y psiquiatra. Doctor en Filosofía.
Prof. titular, UBA. Conicet

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