Los científicos especializados en neurociencia llaman fluidez a un estado particular de automatización de una labor, en la que fluye la funcionalidad y que se trabaja principalmente en forma inconsciente o implícita.

Esto genera mayor abstracción de los estímulos externos, aumentando exclusivamente la sensibilidad a los estímulos relacionados al trabajo que se realiza en ese momento y con una especial abstracción del tiempo. Existen ejemplos sobre este tipo de trabajo: uno de ellos es en los deportes y el otro el arte, por ejemplo al bailar, tocar un instrumento o pintar.

La fluidez garantiza un trabajo con mejor performance y con mayor placer. Sucede especialmente cuando la persona realiza una labor ni demasiado fácil ni tampoco muy difícil, siendo importante contar con la capacidad y conocimiento para hacerlo. Por ejemplo, profesionales con experiencia ejercitan mejor su fluidez que los aprendices.

La fluidez implica además, cierto nivel de estrés pero sin llegar a un máximo; lo cual inhibiría esta función. Durante la misma se activan tanto los sistemas simpático (de lucha) como el parasimpático (de reposo y placer). Se trataría de un raro caso de combinación de dos sistemas fisiológicos opuestos. El de lucha y el de calma, con un leve incremento de ambos, sin llegar a funcionar demasiado elevados.

Se ha observado, por ejemplo, que durante los estados de fluidez se genera un aumento de la hormona cortisol. Sustancia asociada con el estrés. Pero al mismo tiempo si esta hormona se encuentra muy incrementada el estado procedural desaparece, clara demostración de que es necesario un poco de estrés, pero no mucho.

Durante el estado de fluidez se inhibe la importancia del exterior. El sujeto entra en un túnel de trabajo que requiere lo que el científico Arne Dietrich de la Universidad de Georgia, Atlanta, llama hipofrontalidad transistoria.

El lóbulo frontal de la corteza cerebral, es esencial para la atención y la flexibilidad cognitiva. En la fluidez procedural disminuye su control consciente, inhibiendo la captación de información exterior (inhibición lateral), disminuyendo la flexibilidad a los estímulos externos o internos, que no estén relacionados con la función que se esté desarrollado.

Sería un estado parecido a lo que el fenomenólogo Edmund Husserl llamó solipsismo, que implica hacer un paréntesis sobre todo estímulo externo al pensamiento puntual; como si todo lo externo no existiera. Lo que Husserl comunica como la segunda meditación cartesiana. Parecería entonces, que para encontrar este solipsismo necesitaríamos el estado de fluidez cerebral.

Este estado no puede ser permanente, pues se agotaría; sería como jugar un juego eterno. Pero además, es necesario suspenderlo, tomarse recreos y recibir nuevos datos, pues la información explícita o consciente es necesaria para poder incorporar nuevos aprendizajes que aporten la experiencia y conceptos nuevos. Se modifica así la toma de decisiones, principalmente la rápida, que es la que más depende de la fluidez. A su vez es necesario hacer un alto, por el elevado nivel de estrés sostenido.

Podría pensarse que la fluidez es un estado de exaltación de las funciones implícitas inconscientes; que actúan con una memoria automática llamada procedural. Esta función depende mucho más de sectores subcorticales del encéfalo (sistema extrapiramidal y cerebelo). En la fluidez estos sistemas se encuentran liberados del lóbulo frontal; que estando subactivo disminuye la atención sobre perturbaciones externas.

Un ejemplo muy frecuente es el manejo del automóvil. Momento en el cual automatizamos la actividad, pero sin dejar totalmente de lado la actividad consciente. Pues ante una contingencia grave, como por ejemplo que un auto cruce en rojo, volveríamos a la actividad consciente explícita (también llamada declarativa). Para utilizar una estrategia quizá más compleja, consciente y novedosa. Y probablemente más lenta.

Algunos científicos como Corina Peifer de la Universidad de Trier, Germany plantean que el mejor momento para la fluidez es la mañana., especialmente a la hora de levantarse y mejor después de un ejercicio leve. Esta postura si bien es cierta, está exclusivamente circunscrita al nivel de cortisol (que es mayor a la mañana). Probablemente en los estados de fluidez haya otros componentes individuales y culturales, además de los hormonales.

Los investigadores de los ritmos biológicos (cronobiología) dividen a las personas en búhos (quienes trabajan mejor de noche) y alondras (con mejor performance a la mañana). Probablemente se deba replantear a la mañana como mejor tiempo para la fluidez. Pues diferentes personas podrían tener distintas variantes. Y no pensar que al cortisol como única cuestión para influir nuestra función implícita.

Otras de las cuestiones a tomar en cuenta es que todo trabajo automatizado requiere de reposo, pues si no se agotará. Es decir se debe reposar periódicamente. Respirar profundamente si se siente aumento de ansiedad y estrés, para aumentar la función parasimpática. Serían medidas muy interesantes para plantear la mejoría del fluir. A veces se realizan instintivamente estas prácticas automatizadas. Como, por ejemplo, lo hacen los tenistas quienes practican reposos a través de la experiencia práctica.

Estos procesos mejoran cuando son autocontrolados y con libertad de acción individual. Es así, cuando la fluidez alcanza su máximo exponencial. Muchas veces pueden generarse este proceso en forma grupal, como un conjunto de músicos conocidos mientras improvisan o jugadores de un equipo. Es decir que podría pensarse en un fluir grupal, en el que probablemente intervengan las neuronas en espejo.

Existen algunas confusiones entre el fluir con otros estados. Uno de ellos es el divagar, es decir pensar en nada, dejar que el cerebro cree y nos dirija donde desee; base funcional de los procesos creativos. La otra confusión es con meditación trascendental, en la que se fija la consciencia en un solo punto, sin ser para nada una actividad automática.

Por último, el estado de trance; alcanzado en algunos rituales religiosos o en cierto consumo de sustancias; donde la sensorialidad se exalta, a diferencia de los procesos automáticos donde disminuye.

La fluidez es entonces un estado principalmente inconsciente; muy frecuente en nuestras vidas. Pero a la vez muy difícil de inducir. Estará en cada uno descubrirla en cada momento y tomar algunas premisas para aprovecharla.

*Neurólogo y psiquiatra. Doctor en Filosofía.
Prof. titular, UBA. Conicet