"Ser capaz de olvidar significa cordura"
Jack London

Existe un concepto entre los investigadores de la memoria: que esta actividad cognitiva es más una función del olvido que del recuerdo. Es así que muchos grupos de neurocientíficos se abocan al estudio de los mecanismos neurológicos del olvidar.

El olvido es enorme en comparación a lo grabado; es esencial para funcionar correctamente y generar procesos de aprendizaje, claves para la correcta toma de decisiones.

Toda la información es seleccionada, aunque probablemente sin borrar procesos neurológicos subconscientes, pues sería imposible recordar toda la información.

Se plantea, sin embargo, una discusión sobre el impacto que genera este proceso sobre la cognición.

Existen memorias que, aunque no se pueden evocar en forma consciente, generan cambios en el sistema nervioso. Como evidentemente sucede en los niños pequeños hasta aproximadamente los 3 años. Además de algunos tipos de memoria que sólo son evocados en cuestiones operativas o emocionales, modificando posteriormente la conducta.

Dicho esto, la memoria consciente -también llamada declarativa- es una función cognitiva que sufre procesos de olvidos constantes.

Jorge Luis Borges ha planteado, en un conocido relato, la paradoja del no olvido. En el cuento Funes el memorioso, el personaje padecía una problema realmente importante, que era la ausencia del olvido. Entonces, el pobre Funes no podía olvidar nada de lo recordado, padeciendo una situación realmente grave. Todo le era recordado, lo que además generaba la imposibilidad de clarificar el orden de prioridades de los recuerdos, sin poder diferenciar lo importante.

Existe un peaje emocional que se le otorga a cualquier evento a recordar, al dispararse la amígdala cerebral con contexto emotivo. Cuanto más carga, mayor recuerdo; sea una emoción negativa o positiva. Es así, como funcionalmente pasamos olvidando información intrascendente, como el nombre de una película que no nos gustó (memoria episódica) así como también su guión (memoria semántica).

Existen otros mecanismos fisiológicos de olvidos que ocurren en la niñez temprana hasta aproximadamente los 3 años de vida. Es una parte del ciclo vital en el que no recordamos qué ha sucedido. Aparentemente este tiempo ocurre un recambio neuronal a nivel del hipocampo cerebral. Luego se estabiliza y se recuerda lo sucedido en la infancia, primero en forma difusa y luego mucho más concreta. Llamativamente, a partir de que se comienza a recordar, serán estos los momentos más difíciles de olvidar.

Uno de los estudios sobre el olvido más interesante es el de Roland Benolt y Michael Anderson de la Universidad de Cambridge, que describió dos mecanismos importantes de los fenómenos del olvido.

Uno por represión, es decir un grupo de personas al que se le daba listado de palabras, pero se les pedía que no lo recuerden. En ese momento se estudiaba con resonancia magnética funcional del cerebro y se observó que se activaba la corteza prefrontal dorsolateral pero no el hipocampo de la persona, sector esencial para el recuerdo.

Otra manera fue el olvido por sustitución en el que se cambian una listas de palabras por otra. Fenómeno observado cuando recordamos diferentes números de teléfonos. El que mejor se evoca es el último, en este caso se activaba la corteza prefrontal caudal y la prefrontal ventrolateral medial, pero además se activaba el hipocampo; sector del grabado del recuerdo consciente. El exceso de información por unidad de tiempo implicaría también, un fenómeno de olvido.

El sueño ocupa también un lugar importante en los mecanismos del olvido. Durante la etapa de movimientos oculares rápidos (sueño REM), proceso muy activo del cerebro, se piensa que se borran los recuerdos que no tienen impacto emocional. Es decir, los menos importantes, guardando sólo la información que ha sido emocionada, positivamente, negativamente o a la que se le otorgó carga intencional, como al estudiar.

El grupo de Benjamin Storm y Sean Stone, de la Universidad de California, demostró otro mecanismo, que es guardar la información en un sistema y decirle a los probandos que se olviden de la información que se ha grabado.

Estas personas que entonces grabaron su información se despreocupan de lo ya grabado (usando el olvido), como si se la grabara en un pendrive, mejoraron la performance para nuevos recuerdos, lo cual demuestra la utilidad y la plausibilidad de los sistemas de grabación de la información. Es decir, el sistema nervioso no gasta energía por demás, ni capacidad de grabado al operar la memoria.

Los procesos del olvido pueden modificarse y registrar incrementos, como sucede en pacientes con episodios maníacos que presentan hipermnesia.

Aunque lo más frecuente es que se produzcan fenómenos patológicos que disminuyan la capacidad de recuerdos y aumenten los olvidos. Esto sucede en enfermedades como el Alzheimer, en la que se ausentan los recuerdos recientes, pero a expensas de la interrupción del camino de ingreso de la memoria declarativa consciente.

Pues al alterarse en esta patología el hipocampo, una especie de embudo de ingreso de la información mnésica al cerebro, la persona recuerda lo inmediato; pero no lo puede grabar y consolidar la información para después recordarla.

El hipocampo, puente de la memoria, es bastante pequeño pero clave en el ingreso de la nueva información. Puede ser afectado como órgano de choque en los traumatismos de cráneo, crisis emocionales, crisis epilépticas, accidentes vasculares, infecciones y trastornos alimentarios, entre otras causas, interrumpiendo el ingreso de la información (uno de los mejores ejemplos se observa en la película Memento).

El recuerdo, es lo que queda y se evoca, como consecuencia de la plasticidad neuronal y de las conexiones sinápticas neuronales que se hayan generado.

Esa información comienza con una actividad eléctrica de las sinapsis neuronal, generando nuevas proteínas, que son la base de la plasticidad neuronal.

Una investigación de David Glanzman, de la Universidad de California, observó que la cantidad y ubicación de sinapsis pueden modificarse, pero quedan grabadas en el cuerpo de la neurona, sus proteínas y sus ácidos nucleicos. Pudiendo regenerarse a través de enzimas y proteínas con la información y ante un nuevo estímulo recuperar los datos.

Existen también cuestiones farmacológicas que producen olvidos, las cuales pueden ser utilizadas terapéuticamente. Así para facilitar un olvido de un hecho traumático se plantean diferentes medicamentos. También las psicoterapias cognitivas y terapias que utilizan al movimiento ocular (quizá emulando al sueño REM) se han pensado para producir olvidos de malos recuerdos, con el fin de no rememorar tales eventos.

La información antigua, aun habiendo perdiendo conexiones, puede regenerarse. Pues finalmente la memoria está constituida de proteínas, y su falta, con la subsecuente disminución de sinapsis, producirá los mecanismos de olvidos, que pueden ser patológicos, pero que generalmente son parte del correcto funcionamiento psíquico.

*Neurólogo. Doctor en medicina y doctor en filosofía.
Investigador del Conicet