"El teatro es el lugar donde las lágrimas de virtuosos y malvados hombres se mezclaron por igual"

Denis Diderot

Se plantea al teatro como un arte vivencial, generando un impacto afectivo directo entre los espectadores con el elenco. La realización de una obra teatral conlleva procesos diferentes al cine. Existen, por ejemplo actores y espectadores, que se interrelacionan unos con otros. El proceso del teatro tiene, así, un contexto más directo entre personas. Siendo un arte clave en el desarrollo del Occidente, cuando en Grecia y luego Roma ocupó un lugar central, habiendo teatros en la mayoría de sus ciudades más importantes.

Existen varios estudios que tratan de explotar el proceso emocional y cognitivo que genera este pacto social, que implica a las personas juntarse y observar un proceso; que, sabido como no real, puede engañar a los sentidos y a la conciencia; pero tratando, sin embargo, de parecer lo más sincero posible.

Se plantea que este acto parezca verdadero, un buen actor debe emocionar como si fuera real lo observado. Es más, quizá sintiendo como si le hubiera sucedido el episodio teatral.

Diferentes grupos estudian la funcionalidad de nuestro cerebro en relación al teatro. Un estudio realizado por el grupo de Marie-Noelle Metz Lutz del Instituto Nacional de la Salud e Investigación de Francia, describió zonas corticales del cerebro que se activan al observar escenas teatrales, pudiendo visualizar cómo se activan las zonas premotoras cerebrales; donde se encuentran sectores de neuronas en espejo. Células especulares que se encienden al desarrollar una actividad y también al observar a otros desarrollarla. Es decir que son células claves para poder sentir lo que al otro emociona, pero desde otro lugar. Se comportarían así como células de la intersubjetividad.

En el teatro se activan millones de neuronas a través de la percepción de estímulos externos, de lo que hacen los otros, que serían las mismas que se activarían si uno mismo se moviera.

El grupo de Marie-Noelle Metz Lutz, ha descrito también una cuestión sobre el cerebro del espectador, una situación quizá más interesante aún. Observaron que al ver teatro, funciona menos el sector del cerebro que se utiliza para el autoconocimiento (corteza precuneus) es decir el self, algo que sucede también en el hipnotismo; o sea que disminuiría la capacidad de sentir por nosotros mismos, para entonces sentirnos parte del actor y poder sentir como él. Disminuiría el autoconocimiento inconsciente y quizá algo del consciente (metacognición).

Sería una expresión de la teoría de la mente, que permite ocupar el lugar del otro; cuanto mayor sea la identificación mayor será la empatía. Incluso se ha descrito que parte del sistema motor del observador se dispara mínimamente, al prenderse las neuronas en espejo del acto motor del otro. Esto sucedería más en el teatro que en el cine.

Indudablemente en el teatro existe un gran estímulo del ambiente. Existe la presencia del actor, poniendo el cuerpo en todas las dimensiones. Condiciona fuertemente la posibilidad de prender las neuronas especulares.

En verdad, son muchísimos estímulos al mismo tiempo los que se generan al ver actuar a otros. Sea en la vida real o en actuación teatral.

Es conocido que, por ejemplo, los bebés solo aprenden un segundo idioma si se encuentran con personas reales (se ha estudiado con cuidadoras con otro lenguaje) y no con filmaciones que hablen o enseñen otro idioma. Es decir que es necesario ver la cara del otro, con todas sus expresiones, para encender las neuronas que generen empatía y aprendizaje de un proceso tan complejo como el aprendizaje del lenguaje. Algo parecido sucedería en la comparación teatro/cine. Aunque el cine quizá cuente con otros recursos.

En ese sentido puede contar con primeros planos, visión de los ojos y mayores recursos tecnológicos. En el teatro existe otra situación diferencial que es un trabajo dual; pues el actor también se encuentra asistiendo en el mismo momento con su actuación en forma coetánea.

Así, otro de los puntos que se debe manejar es el sistema de creencias del espectador, que implica que el mismo sienta a la actuación lo más cercano a la realidad. Para eso es clave que el actor sienta realmente lo que está sucediendo. Pero al mismo tiempo conectándose consiente e inconscientemente con el grupo que lo observa, prendiendo también sus neuronas en espejo y percibiendo lo que pasa en el auditorio, pero pero sin dejarse distraer.

Es importante considerar que cuando se investigan las neuronas especulares en los monos, estos prenden sus neuronas de comer cuando se alimentan, por ejemplo, con uvas. También sucede lo mismo cuando ven comer las frutas al técnico. Pero, cuando el mismo técnico engaña al mono, imitando el proceso motor de comer; pero sin llevarse nada a la boca, las neuronas del mono no se prenden.

El cerebro tendría una función instintiva clave en la evolución que permite predecir el movimiento futuro de otra persona o animal. Al mismo tiempo no se encienden las mismas neuronas especulares si se toma un objeto que si se deja al mismo. Por lo cual podremos predecir nos sólo movimientos sino caras, actitudes y emociones. Algo que probablemente manejen muy especialmente los actores; aunque también los buenos psiquiatras y psicólogos, goleadores de futbol y tenistas, entre otros.

Actuaría en nosotros (y en animales superiores) un instinto primitivo de predictibilidad. Es decir, advertir algo antes que suceda. Pues debe acontecer un hecho cierto para que se disparen las neuronas en espejo de la empatía; porque si el cerebro descubre que el acto no es real, probablemente disminuya la empatía y el sentir del espectador.

Se activan ante el engaño las áreas de nuestro propio self; viendo a la escena como algo absolutamente externo, despertando menos emoción. Algo parecido a lo que sucede en toda relación subjetiva. Cuanto más pueda el actor manejar la compenetración con el personaje, más ayudará a nuestro cerebro a creerle y generar más empatía con el personaje; al tiempo que nos despersonaliza parcialmente mientras dure la obra.

*Especial para BAE Negocios