"La duda es el principio
de la sabiduría"

Aristóteles

El elector tiene varias cuestiones ambientales que lo estimulan positiva y negativamente. Estas cuestiones, generadas a partir de lo individual, social y cultural de los sistemas de creencias, llevan a diferentes tomas de decisiones. En lo temporal habrá tres tipos de decisiones. A largo plazo, con la persona convencida en sus creencias y que difícilmente cambiará su voto. A mediano plazo, la conformada por un pool de indecisos que podrían convertirse desde meses antes hasta en los últimos días previos a una elección. Por último, a corto plazo o inmediata, que decidirán en la cola del cuarto oscuro o incluso dentro este.

En cierto modo, las ideas, la subjetividad y la perspectiva a futuro de las personas se basan en lo que creen. Sean ideas políticas, un candidato, una religión o un tratamiento médico como sucede en el sistema de placebo. De ahí a que el estudio de este tema derivó en una disciplina específica: la neuropolítica. Se crean así sofismas, los manejos mediáticos como las fake news y también propagandas que afectan la verdad. Llevan implícitas e impactan ideas emocionales, que intervienen fuertemente en la toma de decisiones, donde sentimientos y empatías pueden influir más que en la racionalidad.

Estos tres tipos de electores se generan en mecanismos de diferentes partes del cerebro. Los de largo plazo en los sistemas de creencias (activa la amígdala cerebral y corteza prefrontal) o también del rechazo a las creencias de otros (activa la corteza de la ínsula). Los indecisos de mediano plazo lo serán con un mecanismo mixto de convencimiento e influencia entre la largo plazo e inmediato. Pero los indecisos de plazo inmediato utilizarán actividades mucho menos racionales: primitivas-instintivas o basadas en las funciones ejecutivas (atención y velocidad de funcionamiento), creencias repentinas (escucha reciente, un partido de fútbol) y en la emoción del mismo día de la votación. De ahí la importancia de la intervención sobre este grupo el mismo día de una elección.

Tres tipos de electores: los de largo plazo, mediano y los de corto plazo, que son menos racionales

Los sistemas de creencias que producen la expectativa de confianza, impactan sobre la función emocional, racional y corporal de las personas. Se generan sobre alguna idea, es decir, creer en algo o por lo contrario, la idea negativa. Por ejemplo, no creer que un medicamento. que un candidato será efectivo. Este sistema puede generarse sobre algo visible o también sobre cuestiones no observables. Funciona especialmente a través de la amígdala, que abre la emoción inconsciente y del lóbulo prefrontal, que permite concientizar las creencias.

Además, existe un sistema regulador de la conciencia, que permite controlar la información que llega al cerebro, tanto sensorial, como de pensamientos internos, otorgando criterios de realidad o no. Es decir, diciendo si en lo que creemos, más allá de la subjetividad, entra dentro del rango de lo aceptable para nuestra cultura y sociedad. Así, dentro de esos parámetros puede considerarse si el juicio de la persona se encuentra conservado.

En los sistemas de creencia existen tres procesos posibles: el del placebo, el de la religiosidad y el político. El placebo es creer (pensar y sentir) que una aplicación sobre el cuerpo puede ser efectivos o no (medicamento, cirugía, droga etc.).

Por otro lado, el sentimiento religioso implica la creencia sobre una existencia mística (podría ser otras cuestiones metafísicas como vida en otros mundos, el mal de ojo o la vida después de la muerte). Es decir, esta última implica creencias no comprobables con un método empírico, el cual sí es necesario en el caso del placebo, para discernir, por ejemplo, si un medicamento es efectivo. Algo parecido sucede cognitivamente con un candidato partidario.

Más allá de cualquier conclusión racional, la persona se aferra a través de su deseo de creer al efecto emocional, sea de una idea religiosa, política o de un placebo. La ausencia del objeto de creencia puede generar una situación de mucha ansiedad y angustia, ya sea no tomar un medicamento o no asistir a un oficio obligatorio para un religioso, generándose una especie de síndrome de abstinencia, con una respuesta cerebral (la ínsula cerebral es el componente sustancial de la abstinencia y el rechazo). La ansiedad abstinente se calma devolviendo al sujeto el objeto de creencia retirado, al calmar la falta de lo que desea y cree. Se produce así la tranquilidad de las zonas cerebrales, que generan la respuesta en la angustia de la ausencia.

Puede que algunos de los sistemas de creencias se los observe más fuertemente en personas con rasgos obsesivos. Y la necesidad de consumación de la misma obstaculice la continuidad de la vida normal. Así, las cábalas y ante la ausencia de la posibilidad de realizarlas, pueden perjudicar cualquier tipo de rendimiento asociado. Esto puede producirse dentro de límites normales o en enfermedades como el trastorno obsesivo compulsivo y mucho más en los delirios fundamentalistas. Los que por definición alteran la interacción social de las personas, generando un claro trastornos funcional y social.

Existen neurocientíficos que estudian desde el punto de vista neurobiológico las conductas de las creencias. Algunos especialistas se centran en el placebo. Por ejemplo, investigando la influencia de drogas (lícitas e ilícitas) y su impacto en el cerebro. Otro grupo de científicos estudian a la influencia neurobiológica de las ideas teológicas y políticas, habiendo creado dos subespecialidades llamadas neuroteología y neuropolítica. Estas tratan, en general, de no implicarse con los aspectos religiosos o políticos en sí, sino con el impacto cerebral y corporal que producen; sea cual fuere su origen.

Las encuestas preelectorales deberían diferenciar los grupos de indecisos, son los más complejos y muchas veces la mayoría. Además de ser decisivos electoralmente. Es difícil el manejo de los tres grupos electorales sin conocer los mecanismos intervinientes. Pues, por ejemplo, querer convencer a alguien con sus creencias arraigadas producirá generalmente un proceso inverso: mayor convencimiento de la idea que se quiera modificar.

Por otro lado habrá indecisos días antes de la elección indecisos (mediatos) o el mismo día de la elección (indecisos inmediato). Esto no es menor, pues del manejo correcto de la masa de indecisos puede depender quién gane una elección ajustada.

* Neurólogo cognitivo y doctor en Filosofía.
Prof. titular UBA. Conicet

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