"No hay en la evolución cultural un punto antes del cual no se produzcan luchas"
Thorstein Veblen

Prácticamente no quedan dudas en la actualidad que el homo sapiens es africano. Los seguimientos de genes no sólo permiten observar cambios fisiológicos y estructurales sino que posibilitan evaluar la temporalidad y espacialidad evolutiva. Y así describir el origen y la posterior migración del hombre.

Se estudia a través de mutaciones o con el cambio en el genoma, que se expresan en el ADN del núcleo de las células. especialmente el ADN de una organela intracelular, como son las mitocondrias, que sólo pueden ser heredadas por el lado materno. Aportan al huevo sus genes y permanece sin influencia paterna a lo largo de las nuevas generaciones.

Todos los datos genéticos apuntan a África como el lugar de origen de nuestra especie

Actualmente se utiliza también la herencia del cromosoma Y (heredado por vía paterna), para observar cuestiones parecidas a los que se consigue con el ADN mitocondrial (línea materna).

Estos estudios describen una Eva africana originaria. Que habría aparecido hace 200.000 años en el África oriental, en la actual Etiopía. Sin embargo, recientemente se han encontrado restos de Sapiens más antiguos, de aproximadamente 300.000 años. También en África, pero cerca de Marruecos.

Sea cual fuera la fecha el comienzo del humano, todos los datos genéticos apuntan al África como el lugar de origen de nuestra especie.

La cual venía de una evolución de 3 millones de años; dese que apareció el primer bípedo gregario, que se piensa como un peldaño base de nuestra especie: la famosa Lucy (australopithecus afarensis). Con menos pelos que sus ancestros y con cambios en la cintura pélvica y el cerebro que le permitieron la bipedestación; pero todavía con muy baja estatura ( 1.10 cm de altura ) y un cerebro de aproximadamente 440 Centímetros Cúbicos (Cc) de tamaño versus los 1.200 Cc del humano actual.

Existe otro hecho sustancial, hace aproximadamente 1.8 millones de años derivó del grupo de Lucy una nueva especie, que se considera el comienzo del linaje Homo: el Homo Egaster. Con una configuración mucho más grande y parecida al humano, aunque más robustos y con duplicación de la capacidad encefálica (850 Cc) con mayor destrezas motoras y una mano adaptada a ello.

Su desarrollo cognitivo permite una técnica de tallado de piedras, primero rústicas y luego bicéfalas para generar hachas (llamada la técnica preachelense y achelense respectivamente). Con una clara diferenciación de las áreas corticales cognitivas activadas cuando se tallan piedras de ambos lados.

Algunos científicos plantean que el manejo de estas técnicas marca el comienzo del linaje Homo. Se encuentran por este tiempo pruebas de manejo del fuego; proceso revolucionario para la digestión y mejor absorción de alimentos.

El Homo Ergaster parece un linaje común de tres humanos: Humanos Sapiens, el Neandertal y los Denisovanos (un humano descubierto en 2010 y que se cruzó con el sapiens, con el que se habría encontrado en el sudeste el asiático). Es decir que en un momento hace 40.000 se piensa que habrían coexistido estos tres humanos. Pareciera entonces que el Homo Ergaster africano es el centro de una línea evolutiva en común.

Le siguen en la evolución el Homo Rodhesiensis, mucho más parecido al hombre actual y con un linaje que similar al Homo Heidelbergensi. Este último sale del África, migra al Asia (la conformación geográfica juntaba áfrica con la península Arábiga). Así se convierte el predecesor del Neandertal y de los Denisovanos. El primero Europeo y el otro Asiático respectivamente.

En cambio el Homo sapiens desciende del ancestro que se quedó en África (homo rodhesiensis). En este tiempo se produce una revolución tecnológica que implica al paso a la Edad de Piedra Media (MSA) hace los 250.000 años.

El cerebro humano adquiere su tamaño actual y se desarrolla a expensas del aumento de la zona frontal que se rectificó, aumentando su espacio. Creciendo también la corteza occipital (especial para la visión) y la parte superior del cráneo, que se fue abombando aumentando el Parietal (espacial y social), dando mayor capacidad empática y visuoespacial.

Existe una regla que dice que a mayor cerebro mayor conducta gregaria. Así se generó un ser con mayor capacidad social, migratoria, creativa y con manejo de tecnología.

En la Edad de Piedra Media se pasa del manejo de simples hachas a puntas de lanzas, mucho más trabajadas y geométricas, llamadas microlitos. Esto permitiría algo muy importante, que es la construcción de armas de arroje. Que posibilita cazar a distancia; desde animales terrestres a animales marítimos. Además atacar animales a distancia, con mayor efectividad y sin ser lastimados por la el animal herido.

Luego se alcanzó la última etapa evolutiva, hace 80.000 años: la cultura humana moderna. Que permitió trabajar con huesos, láminas e instrumentos. También intercambios de productos de diferentes regiones como principio de comercio, apropiación de territorios, el manejo de ornamentaciones como conchas marinas engarzadas y el manejo del ocre como pinturas rupestres geométricas, lo que marca gran capacidad simbólica.

Este tiempo coincide con el paso del hombre africano para Asia, aproximadamente hace 70.000 años. Aparentemente dos procesos culturales y sociales revolucionarios y coetáneos. Aunque forzados, como muchas de la migraciones del hombre, por el cambio climático árido que sufrió el África oriental en ese tiempo. Lo cual obligó a buscar nuevos destinos al homo sapiens.

Es en estas migraciones el Sapiens se encuentra con el Neandertal y los Denisovanos. El ADN de estos dos humanos diferentes al Sapiens se ha metido en el hombre actual, señal que nos cruzamos.

Así se fue construyendo hace aproximadamente 200.000 años en el África el cerebro de la especie más invasora, inteligente, tecnológica, social de todas las que habitan la tierra. Triplicándose el tamaño del cerebro desde el primer antecesor bípedo (Lucy).

Cambiando además la forma de la cara, disminuyendo los arcos superciliares, reduciendo las caderas para poder caminar, alargando el dedo mayor para poder arrojar armas, cambiando la forma de la laringe para poder hablar, perdiendo el pelo y transpirando para poder desplazarse en largos trayectos sin perder calor; entre otras cuestiones.

Es muy poco el tiempo que tenemos sobre la tierra. Deberíamos ser más humildes y respetuosos de nuestros ancestros con un linaje de más de tres millones de años. Algunos de sus descendientes, hoy extinguidos, parecen haber permanecido por mucho más tiempo sobre la tierra que nosotros. Nuestra existencia tiene solo la una décima parte de ese tiempo en este planeta.

*Neurólogo.
Doctor en medicina y doctor en Filosofía.
 Investigador del Conicet

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